
Entre el ruido de los mercados y la recomposición de alianzas

El mundo parece vivir hoy entre la fiebre de la Copa del Mundo y las publicaciones del presidente estadounidense Donald Trump en las redes sociales, con todo lo que éstas generan en términos de repercusiones inmediatas sobre las violentas fluctuaciones de los precios del petróleo y el oro, y sobre las considerables ganancias que obtienen las especulaciones vinculadas a ellos.
Sin embargo, este “ruido” mediático oculta tras de sí transformaciones más profundas y más determinantes, que se expresan en un rediseño de la red de alianzas regionales e internacionales, impulsado por las aceleradas consecuencias del enfrentamiento en curso entre Estados Unidos e Israel por un lado, e Irán y sus ramificaciones por el otro.
Los socios árabes de Estados Unidos en Medio Oriente han comenzado así a revaluar su posicionamiento estratégico y sus alianzas tradicionales, aunque los contornos de estas reconfiguraciones aún no se han definido del todo. Los Emiratos Árabes Unidos adoptan una postura más firme frente a Irán, mientras continúan fortaleciendo sus vínculos con Israel e India; Arabia Saudita, por su parte, ha activado una cooperación defensiva más estrecha con Pakistán, intensificando al mismo tiempo su coordinación política y de seguridad con Turquía y Egipto.
Ante estos cambios, la expresión “Nuevo Medio Oriente”, que se popularizó ampliamente en los últimos años, ya no parece capaz de dar cuenta con precisión de la realidad emergente, ni de abarcar las nuevas alianzas estratégicas que están reformando la arquitectura de seguridad y los equilibrios de la región. La concepción tradicional de este “Nuevo Medio Oriente” ha quedado así rebasada por los hechos que se imponen.
Mientras estas transformaciones estratégicas aguardan una definición más clara, los mercados mundiales siguen agitándose al ritmo de las especulaciones y las declaraciones políticas, capaces hoy de mover capitales y fortunas en cuestión de minutos. Y mientras tanto, los países pobres y en desarrollo continúan pagando el precio más alto de estas turbulencias.
Cada aumento en los precios de la energía o los alimentos, cada convulsión de los mercados mundiales, repercute directamente en la vida de los ciudadanos de estos países, que se encuentran a merced de decisiones y acontecimientos sobre los cuales no tienen ninguna influencia.
De ahí surge la necesidad de reconsiderar los modelos de desarrollo adoptados, y de trabajar con seriedad para alcanzar el mayor grado posible de autosuficiencia en materia de alimentación, energía y producción, apoyándose en el fortalecimiento de la unidad nacional y en la suma de esfuerzos de todos los hijos del país, ya sea que vivan en su patria o estén establecidos en los distintos rincones del mundo.
La experiencia ha demostrado que los Estados que lograron construir los cimientos de su propia fortaleza fueron los más capaces de resistir las crisis mundiales, y los más aptos para defender sus intereses nacionales con genuina independencia.
Y al final, es la sabiduría popular la que expresa esta verdad con mayor acierto: “Cada quien su propia medicina.” Las naciones que se apoyan en sus propias capacidades e invierten en el talento de su gente son las mejor posicionadas para proteger su futuro y preservar la independencia de su toma de decisiones económicas y políticas.