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Opinión

El Líbano primero…

Cuando la identidad nacional se convierte en el marco que une a todos

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Por Samir Abdelmalak
Publicado jun 27, 2026 - 09:15

Las grandes crisis revelan una verdad sencilla: ningún país puede sostenerse cuando las lealtades que están por encima de él siguen siendo más fuertes que el sentido de pertenencia a la nación. Los Estados que logran superar las adversidades son aquellos que hacen de la identidad nacional el marco que reúne a todos sus ciudadanos, sin importar sus afiliaciones políticas, religiosas o culturales. La patria no elimina la diversidad; le brinda el espacio que la protege.

Esa lección ha quedado claramente reflejada en las transformaciones recientes de Irán, donde el discurso nacional y patriótico ha cobrado un nuevo impulso al incorporar a sectores que, hasta hace poco, eran considerados ajenos al círculo de la lealtad política. Las autoridades comprendieron que los desafíos existenciales exigen ampliar el sentido de pertenencia, porque la fortaleza de un Estado no se mide únicamente por la cohesión del poder, sino también por su capacidad para integrar a la sociedad en toda su diversidad.

El Líbano, por su parte, sigue enfrentando el mismo dilema. ¿Cuál debe ser la prioridad: la comunidad religiosa, el partido, el eje regional o el Estado? La reciente firma de la declaración de intenciones entre el Líbano e Israel, bajo patrocinio estadounidense, así como las divisiones internas que ha suscitado, ha recordado que el verdadero problema no radica solamente en el contenido de cualquier acuerdo, sino en la ausencia de un marco nacional compartido donde puedan debatirse las decisiones de mayor trascendencia antes de convertirse en motivo de fractura interna.

Nadie está llamado a renunciar a sus convicciones ni a sus preocupaciones, como tampoco las decisiones deben imponerse por mayoría o por la fuerza. Lo que hace falta es que el lema «El Líbano primero» se convierta en un principio político y moral capaz de reunir a todos. Ello exige abrir un diálogo nacional franco sobre los asuntos que dividen al país, desde la estrategia de defensa hasta las relaciones exteriores, para que las decisiones se tomen dentro de las instituciones constitucionales y no en los escenarios de la disputa regional ni alrededor de las mesas de negociación en el extranjero.

La paz verdadera comienza en casa. La soberanía empieza con la unidad de decisión. La estabilidad no puede surgir de un acuerdo alcanzado en el exterior mientras los libaneses sigan divididos sobre la propia idea del Estado. Cuando el Líbano ocupa el primer lugar, las diferencias dejan de ser una amenaza para convertirse en una fuente de fortaleza, porque todos pueden seguir siendo distintos bajo el techo de una misma patria, de un mismo Estado y de un mismo futuro.

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