
Al frente de Hungría, con una autoridad prácticamente incontestada desde 2010, el primer ministro Viktor Orbán ha sido finalmente derrotado en las urnas, desalojado del poder por el cansancio ciudadano ante la corrupción y lo que muchos perciben como ataques al Estado de derecho. A sus 62 años, se había consolidado en la escena internacional mediante choques recurrentes con Bruselas y sus vínculos abiertos con el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente ruso Vladimir Putin. Orbán también generó polémica por su indulgencia hacia el ecosistema de extrema derecha y una red más amplia de liderazgos autoritarios en Europa y el mundo.








