
Entre 1984 de George Orwell y El extranjero de Albert Camus existe un hilo común en la descripción de los mecanismos de control, o más bien del marco general de dominación, que guarda una singular relación con lo que ha ocurrido en Líbano durante los últimos años, desde que el poder se consolidó en manos de Hezbolá y bajo su dirección. Existe una extraña convergencia entre los universos de Orwell y Camus, aunque a primera vista parezcan completamente distintos: el mundo de la opresión externa en Orwell y el mundo del absurdo y el desapego existencial en Camus. En Orwell, el individuo está sometido a una vigilancia externa absoluta. El Gran Hermano no solo supervisa los comportamientos, sino que intenta apropiarse de la propia conciencia. El objetivo no se limita a la obediencia, sino que busca borrar cualquier posibilidad de disidencia interior. La libertad está amenazada desde el exterior y el individuo, Winston, intenta recuperar su propia esencia mediante la rebelión.







