


La muerte del hombre fuerte del régimen iraní, Ali Larijani, el martes 17 de marzo, junto con la de varios altos responsables y mandos de los Guardianes de la Revolución y de los Basij, no ha reducido la implicación de Teherán en el conflicto. Por el contrario, el país lanzó por primera vez misiles balísticos fuera de Oriente Medio, en dirección a Diego García, a 4.000 kilómetros de distancia, y atacó Dimona el sábado por la noche. En el Líbano, los combates se concentran con intensidad en el frente sur.
La tercera semana de la confrontación entre los poderosos ejércitos de Estados Unidos e Israel, por un lado, y el régimen iraní, por el otro, ha estado marcada por nuevos giros, al igual que las anteriores. El estado actual del régimen iraní es más frágil que nunca, aunque su capacidad de ataque sigue siendo considerable.
El régimen perdió esta semana, concretamente el 17 de marzo, a su principal figura tras el asesinato del líder supremo Ali Khamenei el pasado 28 de febrero: su influyente jefe de seguridad, Ali Larijani, una de las figuras políticas más experimentadas del país y considerado el hombre fuerte del sistema.
Larijani murió en un bombardeo israelí contra un apartamento en Teherán, donde acababa de llegar junto a su hijo y otros cuadros del régimen. Se trató de un asesinato selectivo, seguido por la eliminación de otros mandos de los Guardianes de la Revolución y de los Basij, la policía represiva bajo supervisión de los Pasdaran.
La muerte de Larijani, quien había asumido el control tras la desaparición del líder supremo, abre interrogantes sobre la cadena de mando del régimen. Esto se agrava por la ausencia pública del sucesor de Ali Khamenei, su hijo Mojtaba Khamenei, cuyo paradero sigue sin confirmarse.
Herido en el mismo ataque que mató a su padre, a varios miembros de su familia y a unos cuarenta altos cargos del régimen, el nuevo líder supremo estaría con vida, según un informe de inteligencia estadounidense difundido esta semana por medios internacionales. El nuevo líder publicó un segundo mensaje el viernes, en el que eleva el tono y asegura que “el enemigo ha sido derrotado”.
En el plano militar, Irán sigue mostrando capacidades relevantes pese a los daños sufridos en su territorio, con ataques inéditos a finales de semana que podrían marcar un punto de inflexión en la guerra.
Dos misiles balísticos de alcance intermedio fueron lanzados hacia la base estadounidense-británica de Diego García, en el océano Índico, a más de 4.000 kilómetros de Irán, desde donde despegan aviones en misiones contra territorio iraní. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, afirmó que este lanzamiento demuestra la capacidad iraní para amenazar capitales europeas.
Otra señal de escalada esta semana involucra instalaciones nucleares. Tras bombardeos israelo-estadounidenses contra el sitio de Natanz en Irán, fue la ciudad de Dimona, en el sur de Israel, la que alberga una instalación nuclear, la que se convirtió en objetivo de misiles iraníes.
El ataque dejó más de 170 heridos en Dimona y Arad, pero no provocó niveles anormales de radiación, según la Agencia Internacional de Energía Atómica. La pregunta es si estos ataques anticipan una nueva fase del conflicto.
Durante la semana, el estrecho de Ormuz y su cierre al tráfico petrolero continuaron en el centro de las preocupaciones. El presidente estadounidense, Donald Trump, amenazó al final de la semana con destruir las instalaciones energéticas iraníes si el paso no se reabría en un plazo de 48 horas, lo que desencadenó nuevas advertencias de Teherán contra intereses estadounidenses en la región.
Un informe de Axios reveló dos días antes un posible plan de ocupación estadounidense de la isla de Kharg, clave para las exportaciones iraníes de hidrocarburos, con el objetivo de presionar para reabrir el estrecho.
A lo largo de la semana, Trump alternó entre señales de distensión y amenazas de escalada. En una declaración el viernes, aseguró querer reducir la intensidad del conflicto al considerar que sus objetivos se habían alcanzado “con semanas de antelación”, aunque también mantuvo una postura firme al rechazar cualquier negociación con Irán. Mientras tanto, Estados Unidos planea desplegar 2.000 soldados adicionales en Oriente Medio, según fuentes citadas por Reuters.
Por su parte, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, insistió en que Teherán no está dispuesto a negociar un simple alto el fuego, sino el fin definitivo de la guerra.
La reestructuración de Hezbolá por parte de Irán
En paralelo, no se registró ninguna tregua en el frente del sur del Líbano, abierto por Hezbolá contra Israel, escenario de múltiples ataques coordinados entre la milicia y fuerzas iraníes.
Tras una noche de intensos bombardeos entre martes y miércoles, en la que el centro de Beirut fue atacado sin previo aviso, lo que apunta a asesinatos selectivos israelíes, y varios ataques esporádicos contra los suburbios del sur ya evacuados, el foco de la confrontación parece haberse desplazado hacia el sur del país, en la frontera.
Localidades como Khiam y Tibé, en Marjayoun, así como Naqoura, en la región de Tiro, han estado en el centro de la cobertura mediática durante toda la semana.
Hezbolá ha comunicado de forma intensiva sus ataques contra “soldados enemigos”, tanto en territorio libanés como en territorio israelí, aunque mantiene silencio sobre sus propias bajas, mientras que el ejército israelí asegura haber abatido a más de 500 combatientes del grupo.
Por otro lado, el avance israelí en territorio libanés sigue siendo incierto. Oficialmente, Israel aprobó nuevos planes militares para el Líbano a finales de la semana.
Un informe citado por Reuters el 21 de marzo señala que los Guardianes de la Revolución han reestructurado Hezbolá desde el alto el fuego del 27 de noviembre de 2024, lo que pone en duda los esfuerzos de desarme de la milicia.
Según este documento, tras la debacle del grupo en el conflicto anterior y el asesinato de su líder histórico en septiembre de 2024, Irán habría enviado en secreto cerca de un centenar de mandos militares al Líbano para reorganizar la estructura del movimiento.
El Hezbolá actual sería, por tanto, significativamente distinto al de años anteriores: sus combatientes operarían en unidades más pequeñas y autónomas, con menor dependencia de la comunicación entre ellas.
Desmantelamiento de redes en Kuwait y Emiratos Árabes Unidos
En el plano político, Hezbolá permanece aislado dentro del Líbano, al igual que Irán en el ámbito regional. Una reunión de ministros de Exteriores de países árabes e islámicos en Riad concluyó el jueves con un comunicado firme en defensa del derecho a la legítima defensa de los Estados del Golfo, atacados por Irán desde el inicio del conflicto.
El Líbano, a través de su canciller Joe Raggi, reiteró la importancia de su propuesta de negociaciones directas con Israel. Esta iniciativa, impulsada por el presidente Joseph Aoun desde el 2 de marzo, sigue bloqueada por el rechazo tanto de Israel como de partidos chiitas libaneses, pese a los esfuerzos diplomáticos de Francia.
París, que envió a su ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, a Beirut y Tel Aviv, no ha logrado avances hasta ahora.
El primer ministro libanés, Nawaf Salam, reiteró esta posición en una entrevista con CNN, en la que pidió al presidente estadounidense que interviniera para impulsar negociaciones directas y poner fin a una guerra que ya ha dejado más de 1.000 civiles muertos en el país.
La semana también estuvo marcada por el desmantelamiento de redes de Hezbolá en Kuwait y en Emiratos Árabes Unidos, que, según estos países, planeaban ejecutar “operaciones terroristas” en su territorio.
Aunque Hezbolá negó cualquier implicación, las autoridades libanesas condenaron estas acciones. El presidente Joseph Aoun reafirmó el apoyo oficial del Líbano a los Estados del Golfo.
Sin embargo, las declaraciones oficiales libanesas suenan cada vez más vacías, en un contexto en el que la iniciativa militar sigue en manos de una milicia cuya presencia fue declarada ilegal por el gobierno desde el 2 de marzo, sin que ello haya tenido efectos visibles.
El endurecimiento del discurso de Hezbolá, incluido el del vicepresidente de su consejo político, Mahmoud Comati, quien amenazó con represalias contra los “traidores” tras la guerra, refleja una radicalización de su postura y un aumento de las divisiones internas en el Líbano.
Todo esto ocurre mientras más de un millón de desplazados del sur del país son acogidos en distintas regiones libanesas.