


La semana que acaba de concluir, la cuarta desde el inicio del conflicto entre Israel y Estados Unidos, por un lado, e Irán, por otro, ha contribuido a aumentar la incertidumbre sobre una posible salida de la crisis. El estado real del régimen iraní sigue siendo una incógnita, especialmente tras una enigmática declaración del presidente estadounidense Donald Trump a finales de semana, en la que afirmó que “un cambio de régimen ya habría tenido lugar”. Mientras el paradero del líder supremo, Mojtaba Jamenei, sigue siendo desconocido.
El mandatario estadounidense ha contribuido, con sus múltiples declaraciones, a opacar aún más el panorama, aunque mantiene un discurso de confianza. Tanto él como su equipo se aseguran reiteradamente de que el fin del conflicto podría alcanzarse en cuestión de semanas.
Las negociaciones ocuparon un lugar central durante la semana. Esta comenzó con una tregua de cinco días concedida por Trump a Irán, tras un fin de semana marcado por amenazas contra sus infraestructuras energéticas. Antes de que venciera el plazo inicial del viernes, ya se había anunciado una prórroga hasta el 6 de abril.
En paralelo, medios de comunicación confiables divulgaron una lista de 15 exigencias estadounidenses dirigidas a Irán. Estas incluían principalmente el fin de los programas nucleares y de misiles balísticos, así como el cese del apoyo a los aliados regionales de Teherán, como Hezbolá en Líbano, las milicias de Hashd al Shaabi en Irak y los hutíes en Yemen.
Irán respondió con una lista de seis puntos, entre los que destacan la exigencia de un alto el fuego previo a cualquier negociación y la obtención de garantías sobre el fin de la guerra.
A pesar de los reiterados desmentidos iraníes sobre la existencia de negociaciones en curso, medios reportan esfuerzos de mediación liderados por Pakistán, así como por otros actores como Egipto, lo que podría explicar la nueva prórroga anunciada por Estados Unidos.
Sin embargo, la intensidad del conflicto no ha disminuido. Los ataques israelíes y estadounidenses han continuado con fuerza contra infraestructuras del régimen iraní. Hacia finales de la semana, aviones israelíes bombardearon instalaciones nucleares. Al mismo tiempo, cobra mayor fuerza la posibilidad de una intervención terrestre estadounidense. Medios reportan incluso planes relacionados con la toma de islas iraníes.
Expertos ucranianos
Un nuevo actor se ha sumado a los esfuerzos contra Irán. El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky envió expertos especializados en la interceptación de drones a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos.
Por su parte, Irán no muestra señales visibles de debilitamiento en sus ataques contra países del Golfo ni contra Israel. Además, los Guardianes de la Revolución, que parecen ganar cada vez más protagonismo dentro del régimen, adoptaron esta semana medidas orientadas al cierre total del estrecho de Ormuz, con el objetivo de impactar la economía global mediante el aumento de los precios del petróleo.
En síntesis, la guerra parece estar expandiéndose, no solo en la intensidad de los ataques, sino también en el plano geográfico. El territorio iraquí es cada vez más blanco de bombardeos, mientras que las milicias proiraníes incrementan su actividad. La embajada de Estados Unidos en Bagdad ha sido atacada en varias ocasiones, incluida una nueva ofensiva este fin de semana.
No obstante, el desarrollo más crítico de la semana ha sido la entrada en escena de un aliado de Irán que hasta ahora se había mantenido al margen: los hutíes de Yemen. La noche del viernes anunciaron que, si los ataques contra Irán continuaban, abrirían un nuevo frente. Incluso amenazaron con cerrar el estrecho de Bab el Mandeb y paralizar la navegación en el mar Rojo, como ya ocurrió durante el conflicto en Gaza y Líbano en 2024.
De hecho, en la madrugada del sábado, los primeros misiles lanzados desde Yemen se dirigieron hacia el sur de Israel. La intervención de esta milicia proiraní en este momento refuerza la estrategia de los Guardianes de la Revolución de mantener la presión económica, en paralelo al cerco que se estrecha sobre el territorio iraní.
Impacto económico y tensiones en el G7
El uso de la carta hutí coincide con un agravamiento de las consecuencias económicas derivadas del cierre del estrecho de Ormuz. El precio del barril de petróleo ha superado los 100 dólares, y sus efectos ya se sienten en poblaciones y sectores económicos de todo el mundo.
Este tema ocupó un lugar central en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G7 celebrada esta semana en Francia. El comunicado final subrayó la necesidad de detener los ataques contra civiles y de trabajar para reabrir el estrecho de Ormuz. En paralelo, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, en su primera visita al exterior desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, fue interrogado por sus homólogos sobre el rumbo de la guerra. Él mismo había señalado que instaría a sus aliados a sumarse a los esfuerzos para reabrir la vía marítima.
La guerra contra el régimen iraní también ha generado tensiones en el bloque occidental. La negativa de Europa a implicarse directamente ha provocado malestar en el presidente estadounidense. Insinuó a finales de semana que su país podría reconsiderar su compromiso con los aliados de la OTAN una vez finalizado el conflicto.
Incursión israelí en el sur del Líbano desde el Golán
En paralelo, la situación en el Líbano se deteriora día a día. Los avances israelíes en el sur del país se hacen más evidentes, con informaciones confirmadas sobre incursiones de varios kilómetros en territorio libanés y la ocupación inicial de puntos estratégicos.
El hecho más relevante del domingo por la mañana fue la infiltración de tropas israelíes desde el Golán, específicamente desde el monte Hermón, territorio ocupado por Israel en 2024. Esta maniobra parece destinada a cercar aún más a los combatientes de Hezbolá en el sur del Líbano, en continuidad con operaciones en zonas como Khiam, Bint Jbeil y Naqoura.
Mientras tanto, el conflicto se vuelve cada vez más sangriento en el Líbano, donde el número de civiles muertos ha superado los 1,100 esta semana. Hezbolá no ha informado sus bajas, pero el ejército israelí habla de cientos de combatientes muertos, al menos 800, además de milicianos capturados y trasladados a Israel. También se han reportado bajas en sus propias filas.
Un episodio aún no esclarecido ocurrió esta semana en el cielo de Kesrouan, al norte de Beirut, una zona hasta ahora relativamente al margen del conflicto. El martes se registraron fuertes explosiones sobre Jounieh, con fragmentos que cayeron sobre viviendas sin causar víctimas. Lo único confirmado es que se trataba de un misil iraní, aunque se desconoce su origen exacto y su objetivo. La hipótesis más probable es que fue interceptado sobre la zona por un sistema de defensa, posiblemente lanzado desde el mar. Entre los posibles blancos se mencionan la embajada de Estados Unidos en Awkar o el aeropuerto de Hamat, donde hay presencia estadounidense.
“Congreso por la salvación del Líbano” en Meerab
El hecho político más relevante de la semana en el Líbano fue la decisión del Estado libanés, el martes 24 de marzo, de retirar la acreditación al embajador iraní Mohammad Reza Shibani y expulsarlo del país, al tiempo que llamó a consultas al jefe de la misión diplomática libanesa en Teherán.
Shibani había sido nombrado a mediados de febrero y aún no había presentado sus cartas credenciales. La decisión, anunciada por el Ministerio de Relaciones Exteriores tras consultas con el presidente y el primer ministro, responde a las injerencias iraníes en asuntos internos del Líbano, que han contribuido al estallido de esta nueva guerra iniciada el 2 de marzo por la milicia proiraní, cuya actividad militar fue declarada ilegal ese mismo día por el gobierno.
Como era previsible, la medida provocó la reacción del bloque chiita, Amal y Hezbolá, cuyos ministros se ausentaron de la última reunión del gabinete el jueves. Desde este domingo 29 de marzo, el embajador es considerado persona non grata en Líbano y podría incluso ser detenido por las autoridades. Queda por ver si Irán y sus aliados optarán por escalar la confrontación insistiendo en su permanencia.
Por parte de Irán no ha habido una reacción oficial clara, aunque sí algunas señales. El viernes, el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, se comunicó con el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, para expresar su solidaridad frente a la ofensiva israelí. No se conocen detalles de la conversación. Ese mismo día, los Guardianes de la Revolución publicaron en Telegram un inusual aviso fúnebre de seis supuestos “diplomáticos” iraníes muertos en un ataque israelí, cuatro de ellos en un hotel de Beirut, aunque en las imágenes aparecían con uniformes militares.
Otro desarrollo político importante fue la realización de un amplio encuentro en la sede de las Fuerzas Libanesas, en Meerab. Participaron figuras cristianas de las Fuerzas Libanesas y del partido Kataeb, independientes, así como líderes suníes y chiíes críticos de Hezbolá.
El comunicado final exige la creación de un tribunal especial para juzgar a los responsables de haber llevado al país a la guerra sin el consentimiento del Estado ni de la mayoría de la población. También plantea la exigencia de compensaciones a Irán por los daños causados.
En ese contexto, el líder de las Fuerzas Libanesas declaró al medio Houna Loubnane que ningún recurso del tesoro público será utilizado para cubrir los costos de esta guerra, ni en atención a desplazados ni en la reconstrucción, al considerar que quienes provocaron el conflicto deben asumir sus consecuencias, y no el Estado, que fue puesto ante hechos consumados.