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Política

La caída del régimen iraní: gestionar las consecuencias
Por
Jad Akhawi
Publicado
ene 13, 2026 - 12:46

En Irán se desarrollan hoy dos escenas paralelas. Dos escenas que no se anulan entre sí, sino que agravan la situación crítica: calles agitadas por protestas esporádicas pero persistentes, y una autoridad que responde con una represión cada vez más brutal, ejecutada de manera conjunta por la Guardia Revolucionaria y el líder supremo. Este paralelismo no refleja equilibrio, sino miedo. Los regímenes seguros de su poder no necesitan este nivel de violencia sostenida, mientras que los regímenes en crisis saben que cualquier fisura en la seguridad puede conducir a su colapso. Sin embargo, la pregunta más grave no se limita a la capacidad del régimen iraní para resistir las presiones internas, sino a las repercusiones de cualquier inestabilidad o posible colapso en toda la región. Irán nunca ha sido un país aislado de sus crisis, sino el centro de una red transnacional de influencia, cuidadosamente construida durante más de cuatro décadas. Cualquier grieta en el centro tendrá inevitablemente efectos en la periferia. Desde el establecimiento de la República Islámica en 1979, el régimen se ha apoyado en una ecuación clara: una legitimidad ideológica que prevalece sobre la voluntad popular y un instrumento eficaz de represión que protege esa legitimidad por la fuerza. Hoy, el primer pilar se erosiona con la expansión de protestas sociales, económicas y políticas, mientras que el segundo se debilita, ya que la Guardia Revolucionaria se ve obligada a actuar como una fuerza policial interna y no como un instrumento de expansión regional. Esta paradoja no es un detalle menor, sino una falla estructural que golpea el corazón mismo del proyecto iraní. Cada hora que la Guardia Revolucionaria dedica a sofocar la disidencia interna es una hora perdida para ejercer influencia en el exterior. Cada escalada de las medidas de seguridad internas incrementa el costo del proyecto regional, en términos políticos, financieros y morales. En consecuencia, un aumento de la represión no significa necesariamente que el régimen se estabilice; puede indicar, más bien, que el país entra en un prolongado periodo de desgaste, en el que la crisis se administra, pero está lejos de resolverse. En este contexto, emergen dos escenarios principales sobre el desenlace de la crisis iraní. El primero es el de un régimen que logra contener las manifestaciones mediante una violencia excesiva, preservando al mismo tiempo la cohesión de las instituciones del Estado y de la Guardia Revolucionaria. En este caso, el régimen no colapsa de inmediato, pero se ve obligado a replegarse en el escenario regional, y la prioridad absoluta pasa a ser el mantenimiento del poder interno. El segundo escenario es el de una represión que alimenta el descontento, conduce a manifestaciones a gran escala y sumerge al país en una espiral incontrolable de escalada. Esto podría allanar el camino hacia un colapso político, rápido o gradual, pero con consecuencias profundas. En Yemen, este desarrollo afecta directamente al movimiento hutí. Este grupo, cuyo ascenso estuvo vinculado al apoyo iraní, verá disminuir la financiación, el armamento y la experiencia provenientes de Teherán. A medida que se intensifica la crisis en Irán, los recursos destinados a asuntos externos, en particular los de menor importancia estratégica, se reducirán. En consecuencia, los hutíes podrían verse obligados a aceptar un acuerdo político que les garantice un mínimo de influencia, o enfrentar el riesgo de una desintegración interna bajo la presión de la guerra, la economía y el tejido social local. En Irak, el impacto del repliegue iraní será más complejo. Las milicias vinculadas a Teherán, acostumbradas a operar bajo el paraguas de una poderosa coalición regional, se verán forzadas a redefinir su papel. Sin un apoyo incondicional, surgirán divisiones entre las facciones que buscan “iraquizar” la toma de decisiones y aquellas que apuestan por la escalada para preservar sus ganancias. En este contexto, la intensificación de la represión en Irán, inicialmente una fuente de fortaleza se convierte en una debilidad, al privar a estas fuerzas de su cobertura simbólica y política y abrir una brecha, aunque peligrosa, que permite al Estado iraquí recuperar parte de su soberanía. El Líbano, por su propia naturaleza, absorbe aún más rápido las repercusiones de las crisis regionales. Hezbolá, como la extensión más organizada del proyecto iraní, se verá directamente afectado por la reducción de la financiación y de la capacidad de apoyo de Teherán. Con la intensificación de la represión en Irán, el partido pierde parte de la legitimidad moral que durante años sirvió para justificar su papel ideológico transnacional. Esta realidad lo enfrenta a un doble dilema: mantener su arsenal en ausencia de protección regional, o reposicionarse políticamente dentro del Estado libanés. En este contexto, la cuestión del calendario político en el Líbano adquiere una importancia crucial. Celebrar elecciones en el punto álgido del repliegue incompleto de Irán podría dar a las fuerzas pro-Teherán la oportunidad de reagruparse. Muchos consideran que cualquier aplazamiento técnico, dado el declive de la financiación y del apoyo militar, especialmente tras la llamada “guerra de apoyo” y la devastación que provocó sin una perspectiva clara de reconstrucción, podría acelerar la erosión de la base popular del dúo chií y revelar la magnitud de la crisis social que enfrentan sus simpatizantes. Aquí, el debate deja de ser meramente constitucional y se vuelve profundamente político, vinculado a la evolución del equilibrio de poder en la región. A nivel regional, la convergencia entre protestas crecientes y una represión feroz en Irán señala el inicio de una fase de transición inestable. Los Estados del Golfo observan con cautela, conscientes de que la debilidad de Irán puede representar una oportunidad para reconfigurar la seguridad regional, pero también conlleva el riesgo del caos. Israel percibe el enfoque de Teherán en sus asuntos internos como una ventaja estratégica indiscutible, aunque teme un posible escenario de escalada. Turquía, por su parte, se prepara para llenar cualquier vacío potencial, en particular en Siria e Irak. La intensificación de las protestas en Irán, enfrentadas a una represión sin precedentes por parte de la Guardia Revolucionaria, no significa que el régimen haya ganado la batalla. Más bien, ha entrado en una fase prolongada de desgaste. En esta etapa, la pregunta ya no es simplemente cuándo caerá el régimen, sino cómo, a qué costo y a expensas de quién en la región. La caída del régimen iraní, si llega a producirse, no será un acontecimiento para celebrar, sino un momento peligroso que exigirá Estados sólidos y élites políticas astutas. Sin ellos, el colapso de este centro de poder podría degenerar en un caos generalizado... sin alternativa.

Tormenta en el Caribe: comprender el intervencionismo de Washington en el mar Caribe

Bienvenidos a Tormenta en el Caribe , una serie de Levant Time en cinco episodios cortos para comprender junto a ustedes las distintas razones del actual intervencionismo de Washington en el mar Caribe. Esta serie se completó 48 horas antes del ataque estadounidense a Venezuela.

Para los venezolanos en el exilio en Bogotá, la esperanza del retorno
Por
Maxime Pluvinet
Publicado
ene 9, 2026 - 14:25

Bogotá, Colombia, por Maxime Pluvinet En la capital colombiana, en los últimos días se han organizado concentraciones espontáneas que han reunido a venezolanos, en su mayoría refugiados políticos. Mayoritariamente simpatizantes de la oposición, celebran la caída del exlíder bolivariano Nicolás Maduro, capturado el 3 de enero por Estados Unidos. Reportaje. En Bogotá, la plaza de Lourdes se cubrió durante una hora con las tres franjas horizontales amarilla, azul y roja, adornadas con ocho estrellas que caracterizan la bandera de Venezuela. Unas decenas de miembros de la diáspora se reunieron el domingo para celebrar la caída del expresidente chavista Nicolás Maduro, capturado por Estados Unidos durante una operación relámpago en pleno Caracas. “Estamos satisfechos” Pese a las víctimas de los bombardeos estadounidenses, entre ellas 32 soldados cubanos, muchos respaldan la intervención de Donald Trump y la califican como la mejor opción a corto plazo. Para Jaylin, venezolana en Colombia desde 2018, “es un honor, una alegría poder contar con esta nueva administración Trump, que nos agrada”. Sonriente, deposita grandes expectativas en el apoyo de Washington, “aunque algunos dicen que se llevarán el petróleo… si de alguna manera eso nos beneficia, estamos satisfechos”. La alegría es compartida por Gaby Arellano, política de la oposición en el exilio. Para ella, como declaró en un comunicado María Corina Machado, una de las líderes de la oposición venezolana y recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz, “ha sonado la hora de la libertad”. Satisfecha con la caída de Nicolás Maduro, Arellano arremete contra el gobierno chavista retomando las acusaciones de la administración de Donald Trump: “El sistema en el poder al que nos enfrentamos es un sistema criminal, mafias con conexiones con Hezbollah, que no solo dañan a los venezolanos, que están vinculadas al narcotráfico mundial”. Para Gaby no hay dudas: 2026 será el año del retorno a la patria. “Si hay libertad para los presos políticos y garantías constitucionales, créanme que todos los exiliados políticos del mundo llegarán, en el tiempo que tarda un avión en aterrizar en Caracas”. “El pueblo somos todos” José Cova no comparte la misma certeza. Aunque celebra con alegría la caída de Maduro, no cree que el regreso del líder opositor Edmundo González Urrutia sea inmediato. Su retrato aparece por todas partes entre los manifestantes, junto al de María Corina Machado. “Nuestra voluntad es ver a Urrutia y a Machado regresar pronto para ejercer el mandato obtenido mediante el voto popular, en las elecciones de agosto de 2024… Sin embargo, por ahora hay un proceso de transición, no sabemos cuánto tiempo tomará… pero ocurrirá, y debe ocurrir por la paz y la justicia”. José es consciente de un punto clave: el chavismo mantiene apoyos dentro del país, en particular en las fuerzas armadas, la institución en la que Maduro y su predecesor Chávez apostaron su seguridad. “También hay una cuestión: cuando hablamos de pueblo, hablamos de todos. Y dentro del pueblo están las fuerzas armadas. Por el momento, el control del Ejército sigue en manos de representantes del gobierno actual. Personas señaladas por el propio Nicolás Maduro, de quienes se rodeó pensando que así estaría protegido… y no fue el caso”. Mientras tanto, la administración Trump no parece apostar a corto plazo por la llegada de la oposición al poder, e incluso ha afirmado que María Corina Machado no cuenta con el respaldo popular en Venezuela. Además, Delcy Rodríguez, figura central del chavismo y vicepresidenta del régimen venezolano desde 2018, fue designada presidenta interina por las autoridades chavistas. Se trata, no obstante, de una designación bajo tutela. Donald Trump ha amenazado públicamente a su administración, al afirmar que Estados Unidos ejerce ahora presión y control directos sobre la situación política en Venezuela. Y no dejó de advertir a Delcy Rodríguez que, de no acatar las directrices de Washington, podría enfrentar un destino similar o peor que el de Maduro.

Inicio de distensión entre Colombia y los EE. UU.
Por
Maxime Pluvinet
Publicado
ene 8, 2026 - 23:35

Bogotá, Colombia, de Maxime Pluvinet Un desarrollo imprevisto ocurrido a mediados de esta semana podría repercutir de manera notable en el curso de los acontecimientos actuales en América Latina. Un inicio de distensión se vislumbra (tímidamente) en el horizonte entre Estados Unidos y Colombia, mientras que las relaciones entre ambos países han estado particularmente tensas durante varios meses. Acusado por Washington de facilitar la acción de los narcotraficantes en el continente americano, especialmente con destino a Estados Unidos, el presidente colombiano, Gustavo Petro, ha sido recientemente objeto de sanciones estadounidenses. Esta tensión bilateral ha aumentado varios grados a raíz de la operación «golpe de mano» llevada a cabo el pasado 3 de enero en Caracas por fuerzas estadounidenses. Esta intervención había resultado en la detención por una unidad de comando estadounidense del presidente venezolano Nicolás Maduro, quien había sido extraditado a EE. UU. Tras este contundente ataque, el presidente Donald Trump había señalado al jefe de Estado colombiano, sugiriendo que podría ser uno de los próximos objetivos en la lucha contra el narcotráfico. Pero un desarrollo inesperado ocurrió en este ámbito en las últimas cuarenta y ocho horas: mientras el presidente Petro se disponía a pronunciar un discurso incendiario y a atacar con vehemencia a la Administración Trump, tuvo lugar una conversación telefónica entre el jefe de la Casa Blanca y el presidente colombiano. Según fuentes fidedignas en Bogotá, esta conversación telefónica se desarrolló en un ambiente relajado y sereno. Por ello, el discurso de Petro fue mucho menos virulento de lo que esperaban los observadores. En los círculos diplomáticos de Bogotá se indica que este giro marca el inicio de un deshielo entre Estados Unidos y Colombia. Un proceso de discusiones francas y negociaciones habría comenzado «con la bendición de Arabia Saudita y algunos países europeos», creen saber los círculos diplomáticos en cuestión. En particular, se celebró una reunión en el Ministerio de Asuntos Exteriores colombiano con un representante de la Administración Trump. «Se trata de un primer paso en el camino de un largo proceso de diálogo bilateral que debe abordar varios temas de primera importancia, incluyendo el levantamiento de las sanciones contra el presidente Petro, quien debería poder viajar a Washington para llevar a cabo negociaciones con el presidente Trump», afirma una fuente diplomática de alto rango en Bogotá. Esta dinámica, si se confirma y se lleva a término, introducirá, sin duda alguna, un nuevo y significativo factor en la delicada partida de ajedrez geopolítico que se está jugando actualmente en el continente americano.

Los riesgos de inestabilidad del régimen iraní y sus repercusiones en Hezbolá y el Líbano

La cuestión del futuro del régimen iraní se plantea hoy no como una cuestión teórica, sino como la consecuencia de la acumulación de crisis internas y presiones externas sin precedentes desde la instauración de la República Islámica en 1979. Sin embargo, la importancia de esta cuestión reside no solo en el destino de Teherán, sino también en las repercusiones de cualquier cambio dentro del centro de decisión iraní en sus estructuras regionales, especialmente Hezbolá en Líbano, considerado el modelo más logrado de «arma funcional» más allá de las fronteras iraníes. Primero: La naturaleza de la relación entre Irán y Hezbolá El impacto de cualquier trastorno del régimen iraní en Hezbolá no puede analizarse sin una descripción precisa de la naturaleza de la relación entre ambos. Esta relación: • No es una alianza política de circunstancia. • No se limita a un apoyo financiero o militar. • Se basa en un vínculo ideológico, organizacional y estratégico. Hezbolá surgió en el contexto de la exportación de la revolución y se desarrolló según la doctrina de la «Tutela del jurista islámico» (Wilayat al-Faqih), que confiere a su autoridad suprema un carácter supranacional. Por lo tanto, cualquier modificación dentro de este centro de autoridad repercute no solo en el nivel de los recursos, sino también en la legitimidad del papel, la función y el poder de decisión. Segundo: El régimen iraní entre resiliencia de seguridad y erosión estructural El régimen iraní demuestra una clara capacidad para controlar a la población gracias a: • La cohesión de los Guardianes de la Revolución. • El control de los sectores clave de la economía rentista. • La gestión de la represión a un costo calculado. Sin embargo, esta cohesión oculta una erosión estructural que se manifiesta en: • Un declive de la legitimidad popular. • La ruptura del contrato social. • La transformación de la ideología, de una fuerza movilizadora a una carga. • Una división silenciosa dentro de las élites entre la lógica del Estado y la de la revolución perpetua. Este modelo, estructuralmente, se asemeja a los sistemas ideológicos históricos que no colapsaron en el apogeo de las protestas, sino más bien en el momento en que perdieron la capacidad de gestionar sus contradicciones internas. Tercero: Comparación histórica – Lecciones a aplicar 1. La Unión Soviética La Unión Soviética no colapsó como resultado de una revolución popular directa, sino más bien debido a: • Un agotamiento económico prolongado. • La incapacidad de reformar la ideología desde dentro. • La pérdida de control sobre la periferia antes del colapso del centro. Los partidos subsidiarios en Europa del Este no colapsaron inmediatamente, pero de repente perdieron su función cuando el centro desapareció. Este modelo puede aplicarse parcialmente a Hezbolá si la capacidad de Irán para financiarlo y proporcionarle protección estratégica disminuye. 2. El régimen del Sha A pesar de un contexto diferente, la caída del Sha demuestra que: • Las instituciones poderosas son insuficientes si dudan en el momento decisivo. • La legitimidad, una vez perdida, no puede ser restablecida por la fuerza. • Las fuerzas externas no pueden salvar un régimen que ha perdido su cohesión interna. Irónicamente, el régimen que derrocó al Sha se enfrenta hoy a una dinámica similar, con la diferencia de que dispone de una red de grupos armados regionales. 3. Los regímenes árabes después de 2011 La experiencia árabe ha demostrado que: • Los regímenes no siempre caen, pero pierden su capacidad para mantener un control total. • Los grupos armados afiliados a ellos se vuelven más agresivos a medida que el poder central se debilita. • Los Estados frágiles pagan un doble precio por esta debilidad. Cuarto: Escenarios posibles del impacto de la transformación iraní en Hezbolá 1. Continuidad y declive gradual En este escenario, el régimen se mantiene en el poder, pero su capacidad para: • Proporcionar una financiación sustancial. • Gestionar confrontaciones abiertas. • Proteger a sus aliados de las presiones internacionales se reduce. Esto incitaría a Hezbolá a: • Reducir los riesgos del compromiso. • Centrarse en cuestiones internas. • Redefinir sus prioridades. 2. Tensiones compensatorias Un régimen en crisis podría recurrir a: • Una escalada regional. • El uso de sus aliados como medio de disuasión. Este escenario es el más peligroso para Líbano, ya que transforma la escena libanesa en un espacio de compensación de la debilidad del gobierno central. 3. Transformación estratégica Si se produce un cambio fundamental en la estructura del régimen iraní, Hezbolá se enfrentará a una elección histórica: • O bien transformarse en un partido libanés de pleno derecho, con todas las redefiniciones necesarias de su armamento y su papel. • O bien quedar confinado en un entorno específico, acelerando su aislamiento interno. Quinto punto: Líbano, un sistema frágil ante las transformaciones externas Líbano no es un mero espectador de esta trayectoria, sino una parte integral de la misma. La debilidad del Estado libanés: • Hace que cualquier trastorno regional sea más devastador. • Impide la absorción de los choques. • Transforma las divisiones internas en instrumentos de conflicto externo. Por el contrario, cualquier declive de la hegemonía iraní abre teóricamente una oportunidad para restablecer el equilibrio, pero esta oportunidad sigue condicionada por la existencia de: • Un proyecto nacional global. • La capacidad de gestionar la transición sin recurrir a la venganza. • La voluntad de los chiíes de romper el monopolio de la representación. Por lo tanto, aunque el colapso inminente del régimen de los mulás no puede predecirse con certeza, se puede afirmar que este régimen ha entrado en un período prolongado de inestabilidad estructural. En tales fases, los pilares del régimen no se derrumban inmediatamente, sino que pierden progresivamente: • La claridad de su funcionamiento. • La solidez de su apoyo. • La capacidad de imponer las estructuras de poder anteriores. Dada su fragilidad, Líbano será el primero en verse afectado, no por el colapso final en sí mismo, sino por el proceso de erosión. El verdadero desafío no consiste en predecir el fin del régimen iraní, sino en evaluar la capacidad de Líbano para afrontar un Oriente Medio donde Teherán ya no pueda ejercer su influencia como antes.

Tormenta en el Caribe: comprender el intervencionismo de Washington en el mar Caribe

Bienvenidos a Tormenta en el Caribe , una serie de Levant Time en cinco episodios cortos para comprender junto a ustedes las distintas razones del actual intervencionismo de Washington en el mar Caribe. Esta serie se completó 48 horas antes del ataque estadounidense a Venezuela.

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Bienvenidos a Tormenta en el Caribe , una serie de Levant Time en cinco episodios cortos para comprender junto a ustedes las distintas razones del actual intervencionismo de Washington en el mar Caribe. Esta serie se completó 48 horas antes del ataque estadounidense a Venezuela. Marco Rubio, Secretario de Estado de Estados Unidos, Quito, Ecuador, 5 de septiembre de 2025: «Nicolás Maduro es un narcotraficante acusado en Estados Unidos y prófugo de la justicia estadounidense». Esta acusación, repetida insistentemente por Washington desde hace varios años, es actualmente la principal justificación de Donald Trump para las operaciones llevadas a cabo en el mar Caribe. El presidente venezolano Nicolás Maduro está, además, bajo sanciones de Washington, acusado en particular de estar al frente de una organización recientemente clasificada como terrorista por Estados Unidos: el Cartel de los Soles. Un nombre que podría evocar la misma realidad que otras organizaciones en el imaginario colectivo, como el Cartel de Medellín dirigido por Pablo Escobar en las décadas de 1980 y 1990 en Colombia, o el Cartel de Sinaloa y el Cartel Jalisco Nueva Generación en México. Sin embargo, el carácter estructurado y jerárquico del Cartel de los Soles nunca ha sido probado. Se trata sobre todo de una expresión periodística surgida a comienzos de la década de 1990 para designar el sistema de corrupción y clientelismo endémico en Venezuela, que se reforzó bajo la República Bolivariana a partir de 1999. Cabe recordar que Venezuela está gobernada desde 1999 por un gobierno surgido del movimiento chavista fundado por Hugo Chávez, que se reivindica socialista y que nacionalizó algunos sectores clave, como el petrolero. Desde la llegada al poder de Nicolás Maduro en 2013, el régimen ha mantenido esta línea ideológica mientras enfrenta una grave crisis económica, política y social, agravada por las sanciones internacionales y las tensiones internas. Pero volvamos a las acusaciones de narcotráfico contra Venezuela, calificada de narco-Estado por Estados Unidos: Desde septiembre de 2025, Estados Unidos ha llevado a cabo una campaña militar en el Caribe y el Pacífico contra embarcaciones calificadas como «narco-lanchas», con al menos 30 barcos atacados y más de 100 personas muertas, incluyendo al menos un caso de doble ataque para matar a los sobrevivientes. Washington afirma que se trata de embarcaciones vinculadas al tráfico de drogas, pero no se ha presentado ninguna prueba pública que confirme estas acusaciones: ni coordenadas de geolocalización ni listas con los nombres de las personas fallecidas. Expertos en derecho internacional y algunos representantes estadounidenses denuncian estas operaciones como posibles ejecuciones extrajudiciales, señalando la falta de transparencia y la posible violación del derecho internacional, mientras que algunos gobiernos aliados han expresado su preocupación ante la ausencia de pruebas concretas. La designación de Venezuela como narco-Estado es en sí misma problemática: los datos internacionales matizan fuertemente este relato. Según el Informe Mundial sobre las Drogas de la ONU, Venezuela no figura como un productor significativo de cocaína a escala mundial, a diferencia de Colombia, que concentra la mayor parte de la producción y el tráfico global. La acusación de «narco-Estado» se basa principalmente en alegaciones sobre el uso del territorio venezolano como ruta de tránsito, pero este corredor representaría menos del 5 % de los flujos totales de cocaína hacia Estados Unidos, según las mismas fuentes de la ONU. Analistas independientes subrayan que la mayoría de los cargamentos destinados a Estados Unidos pasan primero por Colombia y luego por México, y que la ruta del Pacífico es, en realidad, la más utilizada, algo que los informes internacionales confirman desde hace años.

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Tormenta en el Caribe: comprender el intervencionismo de Washington en el mar Caribe

Bienvenidos a Tormenta en el Caribe , una serie de Levant Time en cinco episodios cortos para comprender junto a ustedes las distintas razones del actual intervencionismo de Washington en el mar Caribe. Esta serie se completó 48 horas antes del ataque estadounidense a Venezuela. EPISODIO 1 — Operación “Southern Spear” Desde hace algunos meses, el mar Caribe ha vuelto a convertirse en una zona de alta tensión geopolítica. El pasado 14 de agosto, Estados Unidos ordenó un despliegue militar masivo hacia el sur del Caribe, movilizando unidades de la U.S. Navy, de los Marines y de la aviación, en lo que algunos analistas describen como la mayor concentración de fuerzas estadounidenses en América Latina en décadas. Desde el 13 de noviembre, el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, lanzó oficialmente la operación en curso, denominada Operación “Southern Lance” («Lanza del Sur»). A finales de diciembre, hasta 15 000 efectivos se encuentran desplegados en el marco de esta operación. Entre otros medios, se incluye un grupo aeronaval en torno al portaaviones USS Gerald R. Ford , el más grande del mundo, así como un submarino nuclear. Un detalle adicional: el USS Ford había sido desplegado previamente en el Mediterráneo oriental, debido a los distintos conflictos en el Levante desde 2023. Oficialmente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirma que esta movilización responde a una prioridad: combatir a los cárteles de la droga y a las organizaciones calificadas como «narco-terroristas» que operan en el hemisferio occidental. Sin embargo, desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro denuncia un intento de cambio de régimen, algo que Washington niega. Así, aunque la lucha contra el narcotráfico sigue siendo la justificación oficial, la concentración de fuerzas navales, aéreas y terrestres cerca de las costas venezolanas plantea interrogantes sobre los verdaderos objetivos estratégicos, en un contexto de creciente presión contra el gobierno de Nicolás Maduro, al que Estados Unidos califica de régimen ilegítimo. Un último dato importante: la ofensiva declarada contra el narcotráfico por Donald Trump afirma atacar las rutas de la cocaína. No obstante, si bien el consumo de cocaína aumenta en los países del llamado Norte global, en Estados Unidos es sobre todo la crisis de los opioides —en particular del extremadamente potente fentanilo— la que está en el origen de una crisis sanitaria sin precedentes. Esta ha causado decenas de miles de muertes solo el año pasado. El fentanilo, una droga sintética, no se produce en el Caribe: proviene principalmente de China.

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