
“¿Por qué dejaste de escribir?” Esa es una pregunta que varias personas me han hecho recientemente. Tomé mi teléfono y le pregunté a Michel: “¿Cómo se escribe cuando el alma está sumida en el letargo?” “Una letra después de otra”, me respondió. Entonces las letras comenzaron a dispersarse en mi imaginación. Las veía nacer y luego negarse a convertirse en palabras. Se acumulaban, sin encontrar nunca su lugar. ¿Saben cuántas palabras nacen de una letra tras otra? Pues aquí están, escribiéndose y leyéndose en este preciso instante. Usted y yo damos vida a las mismas palabras. Solo el tiempo nos separa. Nacen y mueren en un mismo aliento. Entre quien escribe y quien lee, quizá solo exista ese instante en el que ambos se encuentran en una misma palabra.




