
En el último Consejo de Ministros, el jueves pasado, bastó con que Nawaf Salam evocara la desmilitarización de la capital para que los ministros de Sanidad y Trabajo (representando a Hezbolá) reaccionaran y se opusieran. Ironía y aberración. La ironía quiere que las carteras ministeriales concedidas a Hezbolá sean precisamente las directamente afectadas por las dramáticas consecuencias de una guerra: los ataques provocan el inmovilismo del mercado y la multiplicación de heridos y muertos. La aberración es que los ministros de un gobierno se nieguen a que el Estado tenga plena soberanía, como mínimo , en su capital, y prefieran el reinado del caos y los grupos paramilitares al de las instituciones públicas.








