En el segundo capítulo de esta serie de textos sobre la gran Historia y la historia de mi hijo, Raphaël, “El tiempo de la repetición, el tiempo de la aceleración”, se abordaba el regreso del discurso sobre la superioridad civilizatoria, heredado del siglo XVI, y su adopción por los promotores de una nueva civilización en la que tecnologías como la inteligencia artificial tendrán más importancia que los seres humanos. Pero, en su conclusión, vagamente optimista, el texto volvía sobre la película Magellan , de Lav Diaz, y sobre la decisión del director de representar la figura de la resistencia victoriosa de los filipinos frente a los conquistadores, es decir, Lapu-Lapu, como si se tratara de un espectro más que de un personaje que realmente hubiera existido.








