
El tiempo de la repetición, el tiempo de la aceleración


En el primer capítulo de esta serie de textos sobre la gran Historia y la de mi hijo Raphaël — "El tiempo del Sur, el tiempo del Norte" — se trataba de la diferencia entre los países del Sur, donde la Historia sigue su marcha, y los del Norte que, según Fukuyama, vivirían en "el fin de la Historia."
Pero en su conclusión, el texto retomaba una intuición de la poeta Etel Adnan según la cual el Líbano — donde el pasado resurge permanentemente en el presente — está convirtiéndose en "el prototipo" del mundo de mañana.
Por supuesto, esta relación con el tiempo puede parecer contraintuitiva para los defensores de la tradición historiográfica según la cual la Historia tiene una orientación. Tradición que encuentra su origen en la historia bíblica de David, tal como es relatada en los Libros de Samuel, y que desde entonces ha sido retomada por las numerosas filosofías de la Historia que proliferaron en el siglo XIX.
Pero quien se interesa por la historiografía sabe que, paralelamente a esta visión, existe otra tradición en la que el tiempo histórico es descrito como cíclico. Así ocurría con el precursor de la filosofía de la Historia, Ibn Jaldún, en su Libro de los Ejemplos publicado en el siglo XIV, y, en el siglo XX, con el gran filósofo de la Escuela de Frankfurt, Walter Benjamin, quien defendía una visión de la Historia en la que fragmentos del pasado pueden irrumpir en el presente.
Y quien sigue la actualidad sabe que hoy, a escala mundial, asistimos al retorno de numerosos fragmentos del pasado.
1 – ¿Qué época histórica estamos reviviendo?
Uno de los retornos más frecuentemente evocados, sobre todo en Occidente, es por supuesto el de los años treinta del siglo pasado, cuando Europa estaba contaminada por el fascismo.
Con los brazos alzados de ciertos políticos estadounidenses, la demonización de la extrema izquierda y un innegable auge del antisemitismo acompañado de discursos de odio hacia los musulmanes, se comprende fácilmente por qué esta analogía reaparece con tanta frecuencia en el debate público.
Aunque suscribo esta lectura, por mi parte tengo la impresión de que asistimos sobre todo al retorno de una época más lejana en el tiempo — una época que se remonta al siglo XVI, cuando, tras el descubrimiento de las Américas, Europa comenzaba a producir un discurso sobre su propia superioridad civilizacional.
Uno de los episodios fundadores de este giro fue la Controversia de Valladolid, donde, en 1551, teólogos y juristas debatieron la naturaleza de los pueblos amerindios para determinar si eran los legítimos poseedores de sus tierras o si, según los criterios de Aristóteles, podían ser identificados como "esclavos naturales."
Aunque este debate concluyó "oficialmente" con un reconocimiento de la humanidad de los amerindios, este discurso no hizo sino fortalecerse con posterioridad, culminando en el siglo XIX con las teorías sobre la raza y los discursos sobre la misión civilizadora, a fin de justificar una lógica de imperio y la expansión de los territorios coloniales.
2 – El retorno del discurso sobre la superioridad civilizacional
Si es precisamente este lenguaje el que me parece estar reapareciendo hoy, es ante todo porque Netanyahu lo utiliza para vender sus numerosas masacres en Oriente Medio como un "choque de civilizaciones" y presentar a su país como el que defiende los valores del Occidente judeocristiano.
Pero cuando se ven los numerosos sacrilegios cometidos por el ejército israelí contra símbolos religiosos cristianos, como ocurre en el Líbano, es legítimo relativizar la teoría del choque de civilizaciones. Por ello, más que la teoría de Samuel Huntington, me parece más justo hablar de un retorno del discurso civilizacional.
Discurso que también apareció recientemente en boca de Marco Rubio durante una conferencia en la que se refirió al período de Cristóbal Colón y los conquistadores como a una época simbólica de la grandeza de Occidente.
Pronunciada ante un auditorio de dirigentes europeos, el propósito de esa conferencia era invitarlos a aliarse con los Estados Unidos para reconectar con ese pasado que, como se sabe, estaba hecho sobre todo de expansión territorial, sometimiento de pueblos y borramiento de civilizaciones.
Por supuesto, como libanés, no puedo sino alarmarme al escuchar a un ministro de la primera potencia mundial referirse con orgullo a esa época histórica. Pero lo que es aún más alarmante es que el recurso a este discurso "arcaico" también es utilizado por los pioneros de las tecnologías del futuro.
3 – El aceleracionismo
Es el caso, por ejemplo, de Alex Karp, el controvertido director de Palantir, quien, en su manifiesto por "el futuro de Occidente," publicado recientemente en X, hace referencia explícita a los discursos sobre la superioridad civilizacional: "Some cultures have produced vital advances; others remain dysfunctional and regressive."
Y cuando se sabe que Palantir vende programas de vigilancia a la CIA y a Israel y que no oculta su admiración por la política de Netanyahu, hay razones para inquietarse por los habitantes de Oriente Medio, y creo que también a escala mundial.
En todo caso, es una extraña ironía que Alex Karp se haya empeñado en defender una tesis de filosofía en Frankfurt para asociar su nombre a esa tradición filosófica. Una extraña ironía porque, si otrora esa escuela fue el hogar de un pensamiento luminoso, como el de la "aura" de Walter Benjamin, se encuentra hoy asociada a un empresario cercano a una corriente de pensamiento, el "Dark Enlightenment," que quiere acelerar la llegada de una nueva civilización liberada de las lentitudes democráticas y gobernada por la eficiencia de las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial.
Todo ello da la impresión de que es como si el debate iniciado en el siglo XVI regresara, pero con una jerarquía civilizacional basada en el dominio de los algoritmos y la inteligencia artificial, y que la pregunta otrora planteada en la Controversia de Valladolid, sobre la humanidad de los amerindios, fuera a mutar en la de cuál será la utilidad de los humanos en semejante civilización.
¿Qué hacer ante la probable llegada de esta civilización? No lo sé, pero el azar quiso que en el momento de la publicación del manifiesto de Alex Karp, yo descubriera en el cine una película cuya acción transcurre en el siglo XVI: Magellan, del cineasta filipino Lav Diaz.
4 – “Magellan” y los fantasmas
Una película espléndida pictóricamente que, como su nombre indica, recorre el itinerario de ese navegante portugués que, en el siglo XVI, realizó la primera vuelta al mundo y que, al llegar a las islas Filipinas, se topó con la resistencia de jefes "indígenas" que, por fidelidad a su cultura ancestral, rechazaron la cristianización forzada.
A pesar de algunos errores factuales, lo que resulta sorprendente en esta película es no sólo su resonancia con la actualidad, sino también su manera de retratar a todos los personajes como antihéroes. Sin glorificación de nadie. Sólo cuerpos agotados, vulnerables y viscosos.
Dicho de otro modo, estamos lejos del biopic de Hollywood destinado a glorificar a un personaje histórico, y aún más lejos de la descripción muy entusiasta que hizo Marco Rubio de esa época en su discurso.
Y donde este enfoque antiheroico da en el blanco es que no condena a nadie en particular, sino que hace ver cómo un sistema, en este caso el del colonialismo, esclaviza a todos sin distinción entre colonizados y colonos, y los arroja a todos hacia la violencia.
Y bien se adivina cómo, en el futuro, incluso quienes hoy nos venden la civilización del "tecno-colonialismo" con grandes sonrisas quedarán ellos mismos esclavizados por la tecnología que ensalzan.
Pero para no terminar con una nota oscura, evocaré el final de la película, que relata la batalla de Mactán donde Magallanes fue muerto por guerreros dirigidos por Lapu-Lapu. Esta victoria convirtió a Lapu-Lapu en una figura legendaria en Filipinas, donde hoy una ciudad lleva su nombre.
Pero al elegir representar a Lapu-Lapu como una figura espectral, Lav Diaz acredita la tesis según la cual este personaje nunca habría existido. Manera, quizás, de que Lav Diaz diga que las victorias de las supuestas civilizaciones superiores nunca serán definitivas, pues quedarán eternamente acechadas por el espectro de quienes intentaron someter.
Y es de esta importancia de los espectros de lo que tratará el próximo capítulo.