
“Ser o no ser”. En este célebre monólogo, Shakespeare simboliza la vida con su carga de dolores, injusticias y sufrimientos que hemos padecido durante décadas, pero también encarna la muerte y el suicidio como una salida. Si un grupúsculo fanático ha decidido tomar ese camino en nombre de una causa oscurantista, la mayoría de los libaneses lo rechaza abiertamente. El fin anunciado de una tiranía Las señales no engañan. La historia lo demuestra una y otra vez. Cuando una dictadura como la de los mulás y los Guardianes de la Revolución se encuentra contra la pared, cuando el peligro acecha y las quimeras y megalomanías de las que se alimentó durante años para sobrevivir se estrellan contra la dura realidad, cuando ese castillo de naipes que levantó durante décadas a cualquier precio se derrumba, despreciando toda consideración moral y ética hacia una población que cree mantener bajo su yugo, cuando la desesperación se impone y todos los indicadores se tiñen de rojo, entonces el fanatismo ciego, la histeria furiosa y la locura kamikaze sustituyen a la razón.




