
En 2006, los mercados de crédito valoraban el riesgo inmobiliario de Estados Unidos como ampliamente diversificado. Así nació el mercado subprime. Las matemáticas parecían sólidas. La realidad fue brutal: el colapso financiero global de 2008. En 2025, una ilusión inquietantemente similar se ha instalado en los mercados — esta vez en torno a la inteligencia artificial. Hasta ahora, la IA ha sido sobre todo un fenómeno de inversión masiva en capital, concentrado en un número muy reducido de empresas como Nvidia y Oracle, los nuevos “proveedores de palas” de la economía digital. Estas compañías han construido chips y centros de datos para absorber cerca de 1,5 billones de dólares en inversiones acumuladas por un pequeño grupo de gigantes tecnológicos — Microsoft, Meta y Amazon — impulsando las valoraciones bursátiles a niveles difícilmente justificables.
