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Finanzas

La peligrosa arquitectura de la burbuja de inversión en inteligencia artificial

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Por Jacques Mechelany
Publicado dic 12, 2025 - 17:32

En 2006, los mercados de crédito valoraban el riesgo inmobiliario de Estados Unidos como ampliamente diversificado. Así nació el mercado subprime. Las matemáticas parecían sólidas. La realidad fue brutal: el colapso financiero global de 2008.

En 2025, una ilusión inquietantemente similar se ha instalado en los mercados — esta vez en torno a la inteligencia artificial.

Hasta ahora, la IA ha sido sobre todo un fenómeno de inversión masiva en capital, concentrado en un número muy reducido de empresas como Nvidia y Oracle, los nuevos “proveedores de palas” de la economía digital. Estas compañías han construido chips y centros de datos para absorber cerca de 1,5 billones de dólares en inversiones acumuladas por un pequeño grupo de gigantes tecnológicos — Microsoft, Meta y Amazon — impulsando las valoraciones bursátiles a niveles difícilmente justificables.

Pero detrás de este auge se esconde una estructura mucho más frágil.

El sector de la IA ha desarrollado una arquitectura de financiación circular, en la que el mismo capital circula repetidamente entre un reducido grupo de actores dominantes. Cada empresa registra ingresos procedentes de las otras. Cada una justifica su expansión de valor gracias al gasto de sus socios. Y, sin embargo, los mercados financieros tratan estos riesgos como si fueran independientes.

No lo son.

En el centro de este sistema se encuentra un contrato sin precedentes: un acuerdo de 300.000 millones de dólares a cinco años entre OpenAI y Oracle.

Este contrato se ha convertido, casi sin atención mediática, en el verdadero pilar de la tesis global de inversión en inteligencia artificial. Si se mantiene, el auge del gasto en IA continúa. Si se rompe, el impacto se extenderá muy por encima de las dos empresas involucradas.

El mecanismo es claro. OpenAI levanta capital a valoraciones cada vez más elevadas y destina esos fondos a comprar chips de Nvidia y capacidad de infraestructura a Oracle. Oracle, a su vez, utiliza el compromiso de OpenAI para endeudarse agresivamente y financiar una expansión masiva de centros de datos, gran parte de la cual regresa directamente a Nvidia.

La extraordinaria revalorización bursátil de Nvidia — que llevó brevemente a la empresa a rozar una capitalización de 5 billones de dólares en octubre — termina alimentando de nuevo a OpenAI mediante inversiones directas y el fortalecimiento de su ecosistema.

Los mismos dólares aparecen una y otra vez como ingresos en distintos balances corporativos. Se registra crecimiento. Las valoraciones suben. Se capta más capital. El ciclo se acelera.

Esto no es demanda orgánica. Es financiación circular.

Lo que aparenta ser una adopción explosiva de la IA se parece cada vez más a empresas que se pagan entre sí con capital de los inversores, basándose en una monetización futura que aún no se ha materializado a escala empresarial.

Las cifras de la relación Oracle–OpenAI son elocuentes. OpenAI se encamina a perder cerca de 16.000 millones de dólares en 2025 y prevé pérdidas acumuladas superiores a 100.000 millones de dólares antes del final de la década. Para cumplir su compromiso con Oracle, debería multiplicar sus ingresos de aproximadamente 20.000 millones a 100.000 millones de dólares en solo tres años, algo sin precedentes en la historia del software.

Oracle, por su parte, debe financiar hasta 180.000 millones de dólares en infraestructura específica de IA para atender, en la práctica, a un único gran cliente: OpenAI. Su flujo de caja libre ya es negativo y su endeudamiento continúa aumentando.

Se trata de una dependencia bilateral extrema. Si OpenAI no puede pagar, Oracle se queda con activos altamente especializados y sin demanda alternativa. Si Oracle no puede financiar la expansión, OpenAI enfrenta una crisis de capacidad computacional en el peor momento posible. Ninguna de las dos puede retirarse. Ninguna puede sobrevivir al colapso de la otra.

En ingeniería, esto se denomina punto único de falla. En los mercados financieros, suele descubrirse demasiado tarde.

Todo episodio sistémico cuenta con un nodo de correlación financiera. En 2008 fue AIG. En el ecosistema actual de la inteligencia artificial, ese rol recae cada vez más sobre SoftBank.

El conglomerado japonés mantiene exposiciones masivas y superpuestas a OpenAI, al proyecto de infraestructura Stargate y al conjunto del ecosistema de la IA, todo ello con una capacidad limitada para obtener nueva financiación. Su balance está apostando a un solo escenario: que la adopción y monetización de la IA se aceleren de forma rápida y sin fricciones en un plazo muy corto.

Si OpenAI tropieza, el valor del capital de SoftBank se desploma. Si Stargate no rinde según lo previsto, el capital invertido en infraestructura se deteriora. Si ambos eventos ocurren simultáneamente, la venta forzada de activos se vuelve inevitable, con efectos de contagio sobre todo el universo bursátil vinculado a la IA.

Toda la tesis de inversión en IA descansa, en última instancia, sobre una única premisa: que la adopción y monetización de la inteligencia artificial se disparen entre 2027 y 2028.

Sin embargo, las señales actuales son mixtas. La competencia se intensifica, el crecimiento de ChatGPT muestra signos de madurez y nuevos actores — incluidos modelos chinos de código abierto — ganan terreno. En cuanto a la monetización, los datos son poco alentadores: el 95% de las empresas que utilizan IA generativa no reportan retornos medibles sobre la inversión. Numerosos proyectos ya están siendo reducidos o abandonados discretamente.

Como ocurrió con internet, la revolución de la IA es real y su impacto a largo plazo será profundo. Pero las revoluciones tecnológicas rara vez avanzan en línea recta — y casi nunca recompensan a todos los participantes por igual. Oracle, de hecho, fue una de las grandes estrellas de la burbuja tecnológica de 1999, antes de perder cerca del 80% de su valor bursátil en el colapso del año 2000.

Lo que observamos hoy es una estructura financiera autorreferencial, donde el capital gira en círculos mientras los mercados accionarios extrapolan escenarios de perfección a través de valoraciones extremas.

Por ahora, las bolsas siguen mostrando optimismo. Los mercados de crédito no. En los últimos días, los spreads de los credit default swaps de Oracle han alcanzado niveles que no se veían desde la crisis financiera global.

La historia muestra que los mercados de crédito suelen anticipar la realidad antes que los mercados accionarios.

Con las acciones de Oracle cayendo un 11% en una sola sesión, pese a resultados operativos sólidos, y SoftBank perdiendo casi un 8% en la misma jornada, los inversores comienzan a preguntarse si la narrativa de la inteligencia artificial es tan sólida como parecía.

Esto no es 2008.

Pero, una vez más, las matemáticas riman

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