
Mientras se escriben estas líneas, el Líbano está de nuevo en guerra. Desde el 2 de marzo de 2026, los intercambios de fuego entre Israel y Hezbolá se han reanudado a gran escala, prolongando un ciclo de violencia que comenzó en octubre de 2023 y que nunca terminó realmente pese al alto el fuego de noviembre de 2024. Esta guerra ha costado la vida a más de 4000 personas, ha desplazado a más de un millón de libaneses – más de una quinta parte de la población – y ha destruido ciudades, pueblos y hogares enteros, algunos con varios siglos de antigüedad e irremplazables. El Fondo Monetario Internacional prevé ahora una contracción del PIB libanés de entre el 12% y el 16% en 2026, debida principalmente al colapso del turismo y a la parálisis de la actividad económica en las zonas fronterizas.









