
El abandono del Sistema de Combate Aéreo del Futuro (SCAF), anunciado esta semana por Francia y Alemania tras años de tensiones, representa mucho más que el fracaso de un programa industrial. Revela las profundas contradicciones que hoy marcan la construcción de una defensa europea autónoma, justo cuando el continente busca emanciparse de su dependencia estratégica respecto de Estados Unidos. En el centro de este naufragio hay una pregunta que nunca encontró una respuesta consensuada: ¿Europa es capaz de producir, mediante un esfuerzo común, los instrumentos de su soberanía militar, o sigue siendo una yuxtaposición de intereses nacionales en competencia?





