
Hay una idea que hoy está a punto de convertirse en una verdad incuestionable en la vida política libanesa. Cada vez que se habla de restablecer el Estado, del futuro de Hezbolá o de reconstruir el equilibrio nacional, el debate inevitablemente vuelve a la misma pregunta: ¿cómo construir un movimiento chií independiente? Es difícil refutar esta pregunta. Parece lógica, incluso evidente. Es natural que cualquier proyecto nacional necesite una presencia chiita independiente y que pueda poner fin al monopolio de una sola fuerza de la representación de toda una comunidad. Pero las ideas más peligrosas no son las que parecen falsas, sino las que resultan tan obvias que dejamos de cuestionarlas.

