
Esta es la tercera entrega de la introducción a esta serie de artículos, que propone un amplio recorrido, tanto temático como cronológico, por las múltiples relaciones entre la música y el espacio de la polis a lo largo de la historia. Si la rebelión de Beethoven contra Napoleón constituye, en cierto modo, un acto fundacional en la tensión entre la música y el compromiso político, no por ello redefine esa relación más antigua y ambigua entre la melodía y el poder, capaz de convertir a la música en el vehículo con el que una ideología moviliza a las masas. La Europa del siglo XIX ilustra con especial claridad cómo la música puede construir naciones y, al mismo tiempo, convertirse en un instrumento al servicio de ellas. Giuseppe Verdi constituye, en este sentido, un ejemplo revelador de la capacidad de la música para movilizar a los pueblos al dar un cuerpo sonoro a los traumas colectivos. En 1842 compuso la ópera Nabucco , que representa la destrucción del Primer Templo de Jerusalén por Nabucodonosor II y el cautiverio de los sobrevivientes en Babilonia.








