


El presidente estadounidense Donald Trump declaraba hace unos días que el régimen iraní «nos está engañando (a Estados Unidos y al mundo occidental) desde hace 47 años». Podría añadirse, sin gran riesgo de equivocarse, que en el contexto actual, es esencialmente la opinión pública en varios países del Levante la que está siendo engañada, particularmente a la luz de la avalancha de información del sábado sobre la inminencia de un «memorándum de entendimiento» entre Washington y Teherán, del cual se desprende, según las filtraciones a los medios, que el presidente Trump parece haber cedido, en lo esencial, a las principales condiciones iraníes.
Este sábado 23 de mayo, ciertos medios y cadenas satélites no han dejado de difundir al público, a un ritmo frenético, informaciones e indiscreciones que son contradichas poco después.
El ejemplo más flagrante fue el de las indicaciones proporcionadas por el ministerio iraní de Asuntos Exteriores, cuyo portavoz señalaba a media tarde que «el fin de la guerra es una operación que requerirá tiempo» y que una «solución rápida es poco probable».
Reflejando una posición radical respecto a los temas de fondo, el portavoz se cuidó de afirmar que la cuestión del estrecho de Ormuz «no concierne a Estados Unidos» (¡sic!) y que el dossier nuclear no será abordado en caso de un acuerdo preliminar sobre el cese de las hostilidades.
Este mismo portavoz, sin temor a contradecirse, señalaba media hora después una «tendencia al acercamiento» con Washington, precisando que un protocolo de acuerdo está «en fase de finalización».
Y para seguir engañando a los medios y a la opinión pública, este mismo ministerio iraní de Asuntos Exteriores señalaba también, de manera simultánea, que «estamos muy lejos, pero al mismo tiempo estamos muy cerca (¡!), de un acuerdo con Estados Unidos».
La posición estadounidense
Por el lado estadounidense, el Secretario de Estado Marco Rubio evocaba «una posibilidad» de que el poder iraní «acepte un acuerdo» con Washington.
Una declaración algo sorprendente en la medida en que es más bien la Administración estadounidense la que debería «aceptar» hacer la concesión de concluir un acuerdo con Irán y no lo contrario. La actitud de los altos responsables estadounidenses en los últimos días deja entrever que Estados Unidos parece «suplicar» al régimen de los ayatolás que «acepte un acuerdo», dando así la percepción, engañosa, de que es Irán quien sale ganador e impone sus condiciones y las concesiones que deberían hacer los Estados Unidos.
En cualquier caso, el presidente Trump estimaba en 50-50 las posibilidades de un acuerdo o de una reanudación de las operaciones militares, afirmando que solo firmaría un acuerdo, que consideraba cercano, si obtenía satisfacción en todas las demandas presentadas a los iraníes y si el texto «tomara en cuenta los intereses de Israel».
Su declaración al respecto era sin embargo contradicha en cierta medida por las filtraciones a los medios sobre los grandes lineamientos del memorándum en gestación que, si realmente se confirman, significarían que satisfacen más bien las posiciones iraníes, en sus grandes líneas, marcando así un neto retroceso estadounidense en varios aspectos.
El acuerdo en cuestión prevé en efecto, según las informaciones filtradas a los medios, poner fin definitivamente a las hostilidades sin que el dossier nuclear sea abordado, sin que el uranio enriquecido sea transportado fuera de Irán y sin ningún compromiso de la Guardia Revolucionaria respecto al destino de los grupos proxy iraníes y el fin de la empresa de desestabilización de los países de la región, sin contar con que la cuestión vital de los prisioneros políticos —que se cuentan por miles— y de las ejecuciones en masa por ahorcamiento de adolescentes y jóvenes iraníes parece estar completamente ocultada.
Estas disposiciones, si se confirman, constituirían en gran medida una alineación casi total con la posición iraní y un serio revés para la administración estadounidense.
Las consultas de Trump
En sus diferentes intervenciones públicas el sábado por la tarde, el jefe de la Casa Blanca indicó que tomará el domingo 24 de mayo su decisión sobre si concluir el acuerdo o relanzar las operaciones militares, después de consultarse con sus colaboradores más cercanos así como con los líderes de los países del Golfo, Turquía y Egipto.
Más tarde en la noche, también debía tener una conversación con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.
Mientras las negociaciones se intensificaban para finalizar el texto del proyecto de acuerdo, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, debía ponerse en contacto telefónico con el secretario general de Hezbolá, jeque Naim Kasem, para reafirmar el «firme apoyo» de la República Islámica al partido pro-iraní, subrayando en este contexto que Irán insistió en que el cese de los combates en Líbano fuera una de las cláusulas del acuerdo negociado con Estados Unidos.
Esta posición iraní, que se sumó a la dinámica de las últimas negociaciones diplomáticas regionales, llevó al señor Netanyahu a convocar a los líderes de su coalición gubernamental a una reunión urgente que debía celebrarse pasada la medianoche del sábado.
Fue en este clima tenso cuando las fuentes oficiales estadounidenses indicaban durante la noche que el jefe de la Casa Blanca debería anunciar el domingo su decisión sobre el proyecto de acuerdo con el régimen de los ayatolás.