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Política

¿Qué repercusiones para el Líbano en caso de conflicto Irán-EE. UU.?

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Dos misiles balísticos de fabricación iraní, el Zolfaghar y el Zolfaghar Bassir, son presentados durante una concentración conmemorativa del 47º aniversario de la victoria de la revolución islámica en Teherán, el 11 de febrero de 2026. (Morteza Nikoubazl/NurPhoto vía AFP)
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Por Jad Akhawi
Publicado feb 22, 2026 - 19:31

Con cada aumento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, la misma pregunta se cierne sobre Beirut: ¿estamos ante una guerra aplazada o una confrontación inevitable? ¿Será Líbano el campo de batalla o simplemente un espectador preocupado, testigo de los acontecimientos?

La realidad es que la región vive desde hace años en un estado de «ni guerra ni paz». Escaladas calculadas, ataques localizados, declaraciones incendiarias y movimientos de medios militares en el mar y en el aire suscitan respuestas a través de negociaciones indirectas y mediaciones regionales e internacionales. Se trata de una delicada estrategia de gestión de las relaciones, que consiste en avanzar un paso y retroceder dos, pero la situación aún no ha degenerado en una guerra abierta.

¿Por qué Washington no quiere la guerra ahora?

Estados Unidos entiende que cualquier confrontación a gran escala con Irán no será una simple operación quirúrgica. Irán no es un país aislado y sin medios de presión. Irán cuenta con una red de influencia regional, capacidades de misiles y drones, y ejerce una influencia considerable en numerosos frentes. Una guerra directa implicaría:

• Ataques a instalaciones estratégicas en Irán.

• Represalias con misiles contra las bases e intereses estadounidenses.

• El estallido simultáneo de varios frentes.

Además, las prioridades globales de Estados Unidos son múltiples: una lucha de influencia con China, una guerra en Ucrania y crisis energéticas y económicas. Una nueva guerra en Oriente Medio significaría un mayor debilitamiento de sus recursos, con consecuencias inciertas.

¿Por qué Teherán no quiere la guerra?

Irán tampoco está dispuesto a cometer un suicidio estratégico. Su economía está debilitada por las sanciones y su situación interna es precaria. Una confrontación directa podría dañar gravemente su infraestructura militar y nuclear y potencialmente desencadenar disturbios internos. Por eso, Teherán favorece una política de «represalias indirectas», utilizando a sus aliados regionales como palanca sin involucrarse en un conflicto directo.

Así, se mantiene un frágil equilibrio: una escalada controlada con límites cuidadosamente calculados.

¿Cuál es el lugar del Líbano en esta ecuación?


Líbano está en el centro de estos cálculos. La presencia de Hezbolá como fuerza militar y política activa lo integra en la red de disuasión iraní en la región. En consecuencia, cualquier evolución de la confrontación estadounidense-iraní tendrá un impacto directo en el Líbano.

La pregunta no es si Líbano se verá afectado, sino en qué medida.

Escenario 1: Continuación de la guerra en la sombra

En este escenario, los ataques localizados y las tensiones mediáticas persisten sin degenerar en un conflicto abierto. Hezbolá mantiene entonces su política de «compromiso calculado»:

• Mantener el frente dentro de ciertos límites.

• Evitar una guerra a gran escala con Israel.

• Utilizar su influencia sin involucrar plenamente al Líbano.

Este escenario es el menos costoso a nivel interno, pero mantiene al país en un estado de ansiedad constante y retrasa cualquier verdadera estabilidad económica o política. Las inversiones siguen siendo vacilantes, el turismo es estacional y los bancos están paralizados, atrapados entre la expectativa de un avance y la amenaza de un colapso.

Escenario 2: Una confrontación a gran escala

Si se toma la decisión de entrar en guerra, toda la región entrará en una nueva era. Habrá ataques de represalia, lanzamientos de misiles transfronterizos y potencialmente ataques contra infraestructuras vitales. En este caso, Hezbolá se enfrentará a un dilema corneliano:

1. Una intervención masiva en apoyo a Irán: esto significaría la apertura de un frente importante con Israel y el riesgo de destrucciones generalizadas en Líbano.

2. Una intervención limitada y calculada: ataques simbólicos para salvar las apariencias y evitar un colapso total.

3. Una neutralización relativa del frente libanés por una decisión estratégica iraní, si la preservación del poder se considera más importante que su uso.

La primera opción conlleva riesgos existenciales para Líbano. Su economía, ya en ruinas, no puede soportar una nueva guerra y sus infraestructuras apenas logran recuperarse de las crisis acumuladas. La reconstrucción no será fácil, y la sociedad, exhausta, podría experimentar una nueva ola de emigración.

¿Qué hay de la comunidad chií en Líbano?

Cualquier guerra alterará la situación dentro de la propia comunidad chií. Algunos perciben el enfrentamiento como un elemento de un conflicto regional más amplio, mientras que otros temen que Líbano sufra solo las consecuencias. Si la guerra es corta y limitada, podría reforzar el discurso de «disuasión y resistencia». En cambio, si se prolonga y genera destrucciones masivas, corre el riesgo de abrir un debate interno sobre la pertinencia de asociar a Líbano con los desafíos regionales.

Pero es demasiado pronto para estar seguros. Los círculos políticos reaccionan a los resultados, no a las previsiones.

El factor israelí

Cualquier confrontación es inseparable de los cálculos de Israel. Atacar la infraestructura militar de Hezbolá constituye un objetivo estratégico, pero Israel también es consciente de que una guerra contra Líbano estaría lejos de ser un paseo. La experiencia de 2006 permanece viva en la memoria militar. Por eso, Israel prefiere ataques localizados y un desgaste progresivo a una guerra total e incierta.

¿Es posible un nuevo acuerdo?

La posibilidad de un entendimiento entre Estados Unidos e Irán persiste. Un acuerdo limitado sobre la cuestión nuclear o un alivio de las sanciones a cambio de ciertas restricciones podrían apaciguar las tensiones. En ese caso, la distensión se reflejaría en la escena regional, incluido Líbano. Las tensiones disminuirían y la atención se centraría en las cuestiones internas.

Sin embargo, cualquier acuerdo seguirá siendo frágil si no aborda las causas profundas del conflicto: la influencia regional, la seguridad de Israel y el programa balístico iraní.

Líbano: el eslabón débil

El problema fundamental es que Líbano no controla plenamente las decisiones relativas a la guerra y la paz. Sufre las consecuencias de decisiones tomadas fuera de sus fronteras. En un contexto de colapso económico y de vacíos constitucionales recurrentes, el país es aún más vulnerable a los trastornos regionales.

Si estalla la guerra, no se tratará solo de un evento militar, sino también de un terremoto político y social. Esto podría plantear cuestiones importantes sobre la posición de Líbano en los conflictos, los límites de su papel y el futuro de las armas de Hezbolá en el contexto internacional.

Entre fatalidad y probabilidad

En la actualidad, la guerra no parece inevitable. Pero tampoco es imposible. Nos enfrentamos a un peligroso pulso, marcado por demostraciones de fuerza e intercambios de mensajes, pero cada uno es consciente del precio de una explosión mayor.


Líbano, como siempre, se encuentra al borde del precipicio. Es incapaz de neutralizarse completamente y no está preparado para un nuevo conflicto. Por lo tanto, la esperanza reside en la racionalidad internacional y en la convicción de que incendiar la región no traerá ninguna victoria decisiva a ninguna parte, sino que sumergirá a todos en una larga espiral de caos.

La verdadera pregunta no es solo: ¿estallará la guerra?

Más bien: ¿tiene Líbano un plan para protegerse si así fuera?

Por ahora, la respuesta es tan dolorosa como evidente: los preparativos se hacen en el exterior. Mientras que, en el interior, se vive con la esperanza de que la puerta no se abra.

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