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Strategia

¿Qué alternativas hay en la guerra con Irán?

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Un buque del CGRI en operación en el estrecho de Ormuz, el 21 de abril de 2026, zona estratégica del comercio petrolero mundial. (Meysam Mirzadeh / Tasnim News / AFP)
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Por Khalil Helou
Publicado abr 29, 2026 - 14:16

Muchos analistas occidentales coinciden en que Estados Unidos no ha logrado alcanzar sus objetivos en la guerra con Irán. Estas observaciones se alimentan, entre otros factores, del aumento de los precios del petróleo, cuyo impacto se refleja en la economía mundial y, particularmente, en el costo de bienes de consumo cotidiano en Estados Unidos. Es un tema al que la prensa estadounidense vuelve con frecuencia. Para esos mismos analistas, Irán estaría en mejor posición dentro de las negociaciones. ¿Qué tan cierto es eso?

Volver sobre los verdaderos motivos de la guerra

George Friedman, analista geopolítico, afirma no estar convencido de que Benjamin Netanyahu haya podido arrastrar a Donald Trump a la guerra. No solo porque, según el experto, Trump es muy difícil de persuadir, sino porque el programa nuclear iraní resulta mucho más preocupante para Estados Unidos que para Israel.

Además, la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense de 2025 (NSS 2025) muestra que las prioridades de Washington están dentro del país y en el continente americano. Trump busca reducir el papel de Estados Unidos en Medio Oriente para dejar su gestión en manos de sus aliados entre los firmantes de los Acuerdos de Abraham, pero Irán sigue siendo un obstáculo de gran tamaño debido a su arsenal amenazante y a sus injerencias en los países de la región.

Estrategia estadounidense: debilitar a Irán

El objetivo de Washington es, por tanto, debilitar a Irán y a sus milicias aliadas. Con la caída del régimen baazista en Siria, el debilitamiento de Hezbolá y Hamás, y los bombardeos angloestadounidenses contra los hutíes entre marzo y mayo de 2025, el régimen de los mulás perdió buena parte de su potencial hegemónico.

Los ataques de junio de 2025 contra Irán destruyeron posteriormente sus defensas antiaéreas, dañaron seriamente su programa nuclear y causaron afectaciones importantes a su capacidad de producir misiles. Sin embargo, una vez detenidos esos bombardeos y durante ocho meses, los iraníes redoblaron esfuerzos y lograron reparar parte de los daños.

La guerra actual, no obstante, privó a la República Islámica de una gran parte de su arsenal y redujo su capacidad de apoyo a sus aliados regionales. Con la economía iraní en ruinas, los verdaderos problemas del régimen de los mulás comenzarían si las negociaciones actuales entre Washington y Teherán concluyen sin un levantamiento de sanciones.

La lista de sectores descontentos dentro del país es extensa: minorías marginadas como kurdos, azeríes, baluches y turcomanos; la clase comerciante; estudiantes; mujeres; pragmáticos; e incluso quizá el Artesh, el ejército iraní, dado que el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) sigue siendo favorecido en su perjuicio.

Sin embargo, el factor tiempo para que Irán cambie de comportamiento o de régimen sigue siendo una incógnita. Los ataques aéreos no han hecho ceder a Teherán, que conserva medios asimétricos suficientes para bloquear la navegación a través del estrecho de Ormuz, perturbar la economía mundial y lanzar ataques contra países de la región.

Además, Hamás y Hezbolá tienen el potencial y la voluntad de reconstituirse con el paso del tiempo. El proceso de paz para Gaza sigue siendo frágil y el del Líbano apenas comienza a germinar. En suma, el cumplimiento de los objetivos estadounidenses en Medio Oriente ha avanzado, pero sigue incompleto. Sin embargo, para Washington hay asuntos más urgentes.

El programa nuclear iraní: una amenaza real

Tras los ataques de junio de 2025, el programa nuclear iraní quedó considerablemente dañado. Sin embargo, Teherán conservaba la posibilidad de reactivarlo, ya que seguía disponiendo de 430 kilos de uranio enriquecido al 60%, fácilmente elevable al 90%.

Las centrifugadoras necesarias para ello seguían intactas en sus plantas de fabricación, no estaban desplegadas en los sitios nucleares bombardeados y las universidades iraníes continuaban transmitiendo el conocimiento técnico necesario. En resumen, en pocos años Irán habría sido capaz de recuperar sus capacidades y adquirir un arma nuclear.

Con la guerra actual, los daños infligidos a ese programa son ciertamente mayores, pero por ahora no existe una evaluación creíble disponible.

Estados Unidos quiere impedir a toda costa que Irán reactive su programa nuclear, no por temor a que la República Islámica disponga de misiles con ojivas atómicas, algo que no inquieta especialmente a Washington, sino por los vínculos de los mulás con Al Qaeda, autora de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y cuyos dirigentes fueron acogidos en Irán.

Altos responsables de seguridad en Estados Unidos temen precisamente un segundo 11 de septiembre nuclear: un escenario en el que una bomba atómica iraní de pequeño tamaño sería entregada a Al Qaeda, ocultada en un cargamento de mercancías y enviada, por ejemplo, al puerto de Nueva York, donde su explosión causaría cientos de miles de muertos.

Ese escenario no es imaginario, ya que Al Qaeda ya atacó en Estados Unidos y en otros países. Del mismo modo, los propios “brazos largos” de Irán, responsables ya de atentados en Argentina, en los países del Golfo y en Bulgaria, serían capaces de hacer algo similar.

¿Cómo terminaría esta guerra?

El régimen iraní sigue en pie y su comportamiento no ha cambiado. Su potencial nuclear y sus capacidades de misiles y drones, aunque considerablemente reducidos, siguen siendo una realidad. El estrecho de Ormuz continúa bloqueado por el CGRI, la marina estadounidense impone un bloqueo naval, las sanciones contra la República Islámica se intensifican, incluso por parte de los europeos, la economía iraní está devastada, las negociaciones de Islamabad avanzan lentamente y la guerra no ha terminado.

La República Islámica no puede aspirar a una victoria pírrica, salvo ante simpatizantes crédulos y adoctrinados. Paralelamente, una victoria de Estados Unidos basada únicamente en bombardeos aéreos parece poco probable.

Una operación terrestre estadounidense sigue siendo posible, pero Trump no se inclina por lanzarla, ya que sería costosa. La presión aumenta sobre el presidente estadounidense debido al impacto que la guerra tiene sobre la economía mundial. El tiempo no juega a su favor.

Irán está ciertamente estrangulado y el tiempo juega mucho menos a su favor, pero eso no le impide apostar por ese factor para manipular la opinión pública estadounidense contra Trump, como hicieron los comunistas durante la guerra de Vietnam con los presidentes Johnson y Nixon.

La diferencia es que las pérdidas humanas estadounidenses en esta guerra han sido hasta ahora insignificantes en comparación con las de Vietnam, Irak y Afganistán. En cambio, los éxitos militares del Pentágono son ampliamente superiores a los obtenidos en esas otras guerras.

Si Irán continúa apostando por el factor tiempo, no puede descartarse una operación relámpago terrestre estadounidense, masiva y breve, contra objetivos precisos en Irán, aunque quizá costosa.

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