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Strategia

Guerra en Irán: estado de la situación

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Por Khalil Helou
Publicado mar 29, 2026 - 17:06

¿Hacia dónde se dirige la guerra entre Estados Unidos e Israel, por un lado, y la República Islámica de Irán, por otro? Es una pregunta que se plantea a diario desde el inicio de las operaciones militares y a la que numerosos analistas y políticos, a modo de augures, ya han respondido apresuradamente, con aparente certeza. Sin embargo, para ofrecer respuestas precisas sería necesario disponer de un conjunto de datos concreto, difícil de obtener. Cabe señalar que, con frecuencia, se confunden los deseos con la realidad y algunos analistas terminan por describir su propio pensamiento en lugar de analizar hechos verificables.

Los servicios de inteligencia militar ya sean estadounidenses, israelíes, iraníes o incluso rusos y chinos, son los únicos capaces de definir la situación de cada parte en el terreno, aunque en el pasado también han cometido errores de juicio importantes. Los datos necesarios para evaluar con precisión el estado de cada actor en conflicto son innumerables, entre ellos: sus pérdidas exactas; sus reservas de municiones para cada tipo de armamento; sus planes de batalla y su capacidad de adaptación; el desarrollo de sus operaciones militares; el desempeño de sus unidades desplegadas; la disponibilidad de fuerzas de reserva; el estado de ánimo de sus dirigentes a nivel militar y político; su situación económica y financiera por sectores; su dependencia de las líneas de suministro, o por el contrario, su autonomía en recursos humanos, agrícolas, energéticos, industriales, financieros y militares; su resiliencia; su situación sociopolítica y las presiones internas; su voluntad de continuar el combate; su nivel de desgaste y su capacidad para llevar a cabo maniobras militares y políticas.

Datos dinámicos

La recopilación de toda esta información siempre será incompleta y requerirá un uso sofisticado de herramientas como la inteligencia artificial para extraer conclusiones creíbles. Aun así, la prudencia es indispensable al formular juicios y recomendaciones a los responsables de la toma de decisiones, como Trump, Netanyahu o Mohammad Bagher Ghalibaf. Cada uno está rodeado de expertos, pero también ejerce su liderazgo dentro de márgenes que no siempre pueden anticiparse.

Además, estos datos son dinámicos y pueden cambiar de una hora a otra. Esto dificulta construir un panorama completo y realizar proyecciones precisas. Las lagunas de información pueden ser colmadas por la imaginación del analista, la cual, a su vez, depende de su experiencia, nivel de especialización, inclinación ideológica y afiliación política. En consecuencia, sus estimaciones pueden presentar deficiencias. Solo quienes cuentan con suficiente experiencia y formación pueden emitir análisis creíbles, generalmente marcados por la prudencia y la modestia, sin sobrestimar ni subestimar las capacidades de las partes en conflicto.

El recurso a las lecciones de la historia también puede resultar útil. La batalla de Dien Bien Phu, en marzo de 1954, es un ejemplo, aunque se desarrolló en un contexto completamente distinto. Las fuerzas comunistas vietnamitas lograron derrotar a la base militar francesa, lo que constituyó una humillante derrota para Francia. Es sabido que Dien Bien Phu podría haberse salvado y las fuerzas de Ho Chi Minh derrotadas, si Estados Unidos hubiera intervenido con su aviación durante uno o dos días. Sin embargo, el presidente Eisenhower consideró que una acción de ese tipo habría provocado la intervención de China, como ocurrió en Corea cuatro años antes. Además, era consciente de que los comunistas controlaban ideológicamente a la población vietnamita y dominaban las zonas rurales, lo que habría prolongado la guerra a pesar de cualquier intervención.

Preguntas fundamentales

A partir de este ejemplo, pueden señalarse varios elementos en relación con el caso actual: la superioridad militar de Estados Unidos e Israel es incuestionable; ni Rusia ni China intervendrán directamente en apoyo de Irán; Estados Unidos está organizando una coalición internacional para garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz y reducir la presión sobre la economía mundial, pese al malestar europeo; además, el régimen de Teherán no controla plenamente a toda su población, y menos aún las zonas rurales del norte y del sur del país. En contrapartida, la impopularidad de la guerra en Estados Unidos podría afectar la segunda parte del mandato de Trump.

El régimen iraní muestra una aparente resiliencia, aunque enfrenta altos niveles de impopularidad. Informes de prensa señalan que el sentimiento de identidad nacional entre los iraníes mantiene cierto grado de cohesión incluso bajo bombardeos. Todos estos elementos obligan a la cautela en cualquier evaluación. Persisten, además, numerosas interrogantes sin respuesta clara, salvo quizás en los servicios de inteligencia militar: ¿qué queda de las capacidades militares asimétricas de Irán? ¿Hasta qué punto pueden seguir siendo efectivas, aunque sea de forma limitada? ¿Rusia y China están prestando apoyo? En caso afirmativo, ¿cuál es el volumen, la calidad y la eficacia de esa ayuda para prolongar el conflicto? ¿El paso del tiempo juega en contra de Irán, de Estados Unidos o de ambos? ¿Cuál es el verdadero estado de ánimo de los Guardianes de la Revolución, del liderazgo religioso y del mando militar estadounidense? ¿Cuál es el nivel de voluntad de combate en ambos bandos? ¿Qué peso tienen las presiones internas sobre los responsables de la toma de decisiones en cada uno de los bandos?

Las incertidumbres son numerosas. No obstante, puede afirmarse lo siguiente: en el escenario mínimo, es probable que el régimen iraní pierda los recursos que le han permitido su expansión regional, lo que reduciría significativamente su capacidad de influencia durante un largo periodo. En el escenario más favorable, Teherán modificaría su comportamiento, entregaría su uranio a la Agencia Internacional de Energía Atómica, cesaría el apoyo a sus aliados regionales y aceptaría limitar sus drones y misiles balísticos y de crucero.

La caída del régimen no parece previsible en el contexto actual. Entre estos dos extremos existen múltiples escenarios posibles, entre ellos una fragmentación interna de Irán en entidades étnicas en un contexto de inestabilidad o incluso de guerra civil, con posibles repercusiones en los países vecinos.

Se podría profundizar en este análisis dada la falta de datos completos y precisos. Sin embargo, tanto el mundo árabe como nosotros probablemente enfrentaremos, en algún momento, tiempos mejores.

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