


Dos regiones de gran relevancia estratégica concentraron la atención durante las operaciones militares nocturnas del lunes 30 al martes 31 de marzo, en el marco del conflicto en Medio Oriente iniciado el 28 de febrero: Isfahán, en Irán, y la Bekaa Occidental, en el Líbano.
Durante la noche del lunes, la fuerza aérea de Estados Unidos realizó bombardeos intensos contra Isfahán, dirigidos contra importantes depósitos de armas y municiones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Fuentes estadounidenses informaron el martes por la mañana que se emplearon bombas antibúnker de gran capacidad, cada una con un peso superior a una tonelada, para destruir arsenales ubicados en instalaciones subterráneas profundas. Imágenes difundidas ese mismo día, tras una noche de devastación en la región de Isfahán, muestran explosiones de gran magnitud y columnas de fuego densas que se elevan sobre los objetivos alcanzados por la aviación estadounidense.
Estos ataques intensivos en la zona de Isfahán resultan especialmente significativos debido a la presencia de instalaciones energéticas, nucleares, industriales y militares operadas por los Pasdarán. La escalada de los bombardeos estadounidenses en un punto estratégico como Isfahán parece responder a la intención clara de la administración de Donald Trump de infligir pérdidas sustanciales al régimen de los ayatolás, presionándolo para que acepte, en el plano militar, las condiciones establecidas en el plan de 15 puntos propuesto por Washington para poner fin a la guerra.
En este contexto, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, retomó el martes las declaraciones del presidente Donald Trump sobre la existencia de un “nuevo poder” en Teherán, al que instó a actuar con “prudencia”. Al igual que el mandatario, advirtió que los ataques contra el régimen se intensificarán si Irán se niega a respaldar el acuerdo planteado por la administración estadounidense. Analistas interpretan estas declaraciones como una confirmación de que los bombardeos intensos sobre Isfahán durante la noche del lunes buscaban ofrecer a los dirigentes iraníes una advertencia clara sobre las consecuencias de rechazar el plan estadounidense.
En paralelo, crecen las especulaciones sobre una posible operación de comandos estadounidenses destinada a incautar y retirar del territorio iraní los 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60 por ciento que actualmente estarían en manos de los Pasdarán. Asimismo, se evalúa la posibilidad de una ofensiva terrestre para tomar el control de la estratégica isla de Kharg.
A medida que evolucionan las operaciones militares, cerca de 2500 marines estadounidenses llegaron a la región a inicios de esta semana. Se prevé que en breve se sumen varios miles de paracaidistas y efectivos adicionales, en preparación para eventuales misiones específicas dentro del territorio iraní.
Por su parte, la fuerza aérea israelí ha intensificado sus ataques contra infraestructura militar e industrial. Una fuente de las Fuerzas de Defensa de Israel señaló el martes que, solo en las últimas 24 horas, se han alcanzado cerca de 250 objetivos, incluidas plataformas de lanzamiento de misiles.
Bekaa Occidental
El segundo foco de tensión en las operaciones en curso es la Bekaa Occidental. Durante la noche del lunes, la aviación israelí llevó a cabo una serie de bombardeos intensivos sobre varias localidades de la zona, en particular Yohmor, Sehmor y pueblos cercanos. Los ataques tenían como objetivo aislar la Bekaa Occidental del sur del Líbano, dejando intransitables las principales vías que conectan ambas regiones.
Las regiones de Bekaa y Baalbek han captado especial atención por parte de analistas debido al riesgo de una escalada, ya que, según informes, Hezbolá utiliza esta zona para lanzar misiles hacia Israel.
Retirada del ejército libanés
El desarrollo más relevante sobre el terreno el martes fue la decisión del ejército libanés de retirarse de la zona de Bint Jbeil, en particular de las localidades fronterizas cristianas de Debel y Rmeich. Este repliegue podría indicar el inicio de un enfrentamiento centrado en la ciudad de Bint Jbeil.
En el plano diplomático, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró el martes por la noche, a solicitud de Francia, una sesión de emergencia para abordar la situación generada por los recientes ataques contra la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano, que dejaron tres cascos azules muertos. Más allá de las declaraciones formales, la sesión destacó por la intervención del representante permanente del Líbano ante la ONU, quien condenó enérgicamente a Hezbolá por arrastrar al país a una guerra en contra de la voluntad del gobierno.
En una medida relacionada, el Ministerio de Asuntos Exteriores envió una comunicación a la misión libanesa ante la ONU instruyéndola a informar a los organismos internacionales que el gabinete ha decidido considerar ilegal cualquier presencia militar o de seguridad de Hezbolá en el territorio libanés.