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Homenaje

A mi hermano Nassir el-Assaad

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Por Hadi El-Assaad
Publicado may 27, 2026 - 17:14

Ya han pasado catorce años.

Catorce años desde la partida de Nassir al-Assaad, y sin embargo, el recuerdo de mi hermano permanece intacto en el corazón de todos aquellos que lo conocieron, lo quisieron, lo estimaron o simplemente se cruzaron con él en el camino hacia un Líbano que soñaba libre, soberano y digno.

Nassir pertenecía a esa generación de hombres que no buscaban los reflectores ni los honores. Creía profundamente en las causas justas sin intentar jamás obtener un beneficio personal de ellas. Artesano discreto pero decidido de la Revolución del Cedro de 2005, junto a Samir, Fares, Elias y Samir, pero también Walid, Gebran y otros, comprendió desde temprano que el Líbano no podía sobrevivir sin libertad, sin pluralismo y sin un Estado.

Era de esos hombres que actúan más de lo que hablan. De los que construyen en silencio. De los que rechazan las concesiones, pero siempre conservan el respeto hacia los demás y la modestia de los grandes hombres.

Su compromiso no era circunstancial ni oportunista. Nacía de una convicción profunda: que Líbano merece algo mejor que las divisiones, las tutelas, las armas ilegítimas y las dependencias extranjeras. Creía en un Líbano abierto y moderno, arraigado en su historia y fiel a su vocación de convivencia y libertad.

Pero más allá del hombre comprometido, Nassir quedará sobre todo en nuestra memoria como un hombre de inmensa humildad. A pesar de sus responsabilidades, a pesar de su verdadera influencia en muchos círculos políticos e intelectuales, conservaba una sencillez poco común, una cercanía sincera con todos y una elegancia moral que imponía respeto.

Para mí, no era solamente un hombre de convicciones o una figura comprometida de su tiempo. Era, ante todo, un hermano. Un hermano profundamente amado, compañero de camino, confidente, una presencia tranquilizadora y fiel.

Su ausencia ha dejado, desde hace ya catorce años, un vacío que el tiempo nunca ha logrado llenar del todo. Hay vínculos fraternales que trascienden las palabras: están hechos de recuerdos, miradas, silencios y momentos simples que siguen habitando toda una vida. Lo extraño tanto en los grandes momentos como en los detalles cotidianos. Extraño su sabiduría, su reserva, su humor sereno y esa manera única que tenía de calmar las cosas sin imponerse jamás.

Era joven cuando nos dejó. Demasiado joven. Y como ocurre a menudo con los hombres de convicción, el tiempo parece haber dado aún más valor a su trayectoria y a su legado.

Hoy, mientras Líbano atraviesa uno de los períodos más difíciles de su historia contemporánea, el recuerdo de Nassir nos recuerda que todavía existen hombres capaces de poner el interés nacional por encima de los intereses personales, hombres capaces de creer en Líbano incluso cuando todo parece empujar al desaliento.

El homenaje más hermoso que podemos rendirle no es solamente el de las palabras o los recuerdos. Es seguir defendiendo los valores a los que dedicó su vida: la soberanía, la dignidad del Estado, la libertad, el diálogo y la esperanza.

Con motivo del decimocuarto aniversario de su partida, pensamos en él con emoción, orgullo y fidelidad.

Porque algunos hombres nunca desaparecen del todo. Se convierten en parte de la memoria de las naciones.

A Nassir, con afecto, gratitud y respeto.

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