


En apariencia, la situación en el Líbano, y también (en menor medida) en la región, está en modo «pausa»… Sin embargo, no hay que dejarse engañar por las apariencias, porque en la práctica las piezas del rompecabezas se van colocando y encajando de forma progresiva y discreta por parte de los actores que son visiblemente los dueños del juego.
Basta con establecer las correlaciones entre las maniobras y las acciones —los «moves», dirían los anglófonos— de los tomadores de decisiones que trabajan para moldear el nuevo paisaje geopolítico de la región, para comprender la verdadera dimensión de la partida que se está jugando actualmente en el Levante, y mucho más allá.
Si hubiera que esbozar una línea directriz de los desarrollos en curso, podría percibirse un aislamiento creciente y en aumento del régimen iraní a escala internacional.
La agencia Reuters informó el viernes 3 de julio que los líderes de la OTAN, reunidos en Ankara, tienen previsto proclamar que Irán no deberá adquirir jamás armas nucleares.
Pero aún más grave para Teherán, la OTAN pedirá expresamente a la República Islámica que «respete plenamente la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz».
La Unión Europea adoptó ya esta semana una posición contundente en el mismo sentido, rechazando cualquier intento iraní de imponer un derecho de paso, bajo pretexto de «servicios prestados», a los buques que transitan por esta vía marítima internacional.
Este último punto constituye, en la etapa actual, el principal caballo de batalla de los Guardianes de la Revolución Islámica y de los centros de poder iraníes.
Con un tono amenazante y una arrogancia insultante hacia la Administración Trump, el presidente del Parlamento y jefe del equipo de negociadores iraníes, Mohammed Bagher Ghalibaf, declaró el viernes sin rodeos: «No permitiremos a los Estados Unidos (!) intervenir en el estrecho de Ormuz y continuaremos estableciendo las normas de navegación en el estrecho».
La actitud iraní en este asunto provoca cada vez más la ira de la Administración estadounidense, lo que llevó a un funcionario americano a señalar hace 48 horas que «la paciencia del presidente Donald Trump con respecto a Irán comienza a agotarse».
Otros altos funcionarios estadounidenses indicaron además al sitio Axios que los negociadores americanos transmitieron a los delegados iraníes presentes en las conversaciones celebradas esta semana en Doha que la obstinación de Irán en querer imponer un derecho de paso en el estrecho de Ormuz corre el riesgo de hacer naufragar el acuerdo marco entre Washington y Teherán.
Esta postura firme adoptada por la Administración Trump al respecto cuenta con el apoyo total de la UE, lo que contribuye a profundizar aún más el aislamiento de la República Islámica.
Estos tropiezos en el proceso de negociaciones con Teherán fueron presumiblemente abordados durante la conversación telefónica que el presidente Trump mantuvo el viernes con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien podría ser recibido en breve en la Casa Blanca.
La carta maestra del Líbano
La segunda carta maestra a la que el régimen iraní intenta desesperadamente aferrarse, hundiéndose en una negación total ante las nuevas realidades, es la del Líbano.
El señor Ghalibaf insistió en retomar este frente con determinación y volver a poner sobre la mesa el «apartado libanés» del memorando de entendimiento firmado con Washington a mediados de junio, así como el acuerdo alcanzado recientemente en Suiza con el vicepresidente estadounidense JD Vance —que prevé un papel directo de Irán en el proceso de solución en el Sur y, por tanto, un refuerzo de su influencia sobre el tablero libanés—.
En una declaración realizada el viernes, el señor Ghalibaf invitó, sin el menor escrúpulo, «a todas las partes libanesas a trabajar para aplicar el apartado que concierne al Líbano en el memorando de entendimiento (firmado con Washington), ya que eso evitaría las discordias»(!)
Cabe recordar, no obstante, que este intento iraní de revitalizar su tutela sobre el Líbano fracasó estrepitosamente tras el acuerdo marco firmado a mediados de junio por el Líbano e Israel en Washington, bajo los auspicios del Secretario de Estado Marco Rubio.
Esta hoja de ruta contempla un mecanismo gradual, bajo estrecha supervisión estadounidense, cuyo objetivo final es la retirada de las fuerzas israelíes del sur del Líbano y el despliegue del ejército libanés, de forma paralela al desmantelamiento de la infraestructura miliciana de Hezbolá.
La dimensión soberanista de este acuerdo marco, que desvincula completamente el proceso libanés de solución de las conversaciones estadounidense-iraníes de Islamabad, fue subrayada una vez más el viernes por el presidente Joseph Aoun y el canciller libanés, Joe Raggi.
Al recibir a una delegación universitaria y a representantes del Colegio de Médicos y de la Orden Maronita Libanesa, el jefe de Estado reafirmó que el documento firmado entre el Líbano e Israel permite al Estado libanés retomar el control del expediente del Sur, de modo que el Líbano sea el único dueño de sus decisiones en esta materia y negocie por sí mismo —y no un tercer país— cualquier proyecto de solución.
En una pulla lanzada de manera apenas velada contra Hezbolá, el presidente Aoun señaló que quienes se oponen al acuerdo marco firmado con Israel reaccionan así «porque se han acostumbrado a vivir bajo tutela»…
En la misma línea, el ministro libanés de Asuntos Exteriores, Joe Raggi, reafirmó la determinación del gobierno de asumir en solitario, lejos de cualquier diktat extranjero, la responsabilidad de poner fin a la guerra.
Ante la posición firme adoptada por el poder libanés, la República Islámica ve cómo la carta libanesa se le escapa de las manos e intenta, por ello, torpedear el acuerdo marco con Israel orquestando una oposición a dicho documento e intentando teledirigir disturbios en la calle para provocar la caída del gobierno de Nawaf Salam, con el objetivo de lograr la anulación del acuerdo marco, lo que allaría el camino a una reactivación de la implicación iraní en el juego político interno libanés.
Pero también en este punto, el presidente Aoun se mostró muy firme el viernes, subrayando que recurrir a la calle y a la discordia interna para derribar al gobierno constituye una «línea roja que no puede ser cruzada».
El proyecto de fuerza multinacional
Estos intentos de los Guardianes de la Revolución Islámica de reactivar su tutela sobre el Líbano chocan con otro factor de peso: el proyecto de creación de una Fuerza Multinacional llamada a relevar a la FINUL, cuyo mandato expira a finales de año. Los dirigentes francés e italiano ya han iniciado sus gestiones al respecto y cuentan con el apoyo total de Estados Unidos. Un alto responsable francés rindió además homenaje el viernes al «papel positivo desempeñado por EE. UU. en el Líbano».
Y para consolidar aún más esta dinámica de salida de la crisis que se desarrolla, por tanto, sin la República Islámica, la Unión Europea se ha encargado de destacar su apoyo total al acuerdo marco libano-israelí y a las opciones del poder libanés en esta materia, subrayando la necesidad de aplicar los términos del documento firmado en Washington.
El régimen iraní ve así cómo se le arrebatan todas sus principales cartas, una tras otra.
Ante tal situación, el ala radical del poder saca las garras, como ilustran los ataques frontales que lanza casi a diario contra el ala llamada «moderada», y más concretamente contra el presidente en ejercicio y el presidente del Parlamento.
Y a la luz de tales reveses, ciertos círculos políticos en Irán hablan de un proyecto destinado a dar nueva vida a los Pasdaran, pero bajo una forma más «aceptable» o más «tolerable».
Sin embargo, solo algunas facciones ingenuas o descaradamente oportunistas pueden seguir cayendo en el engaño de tales gesticulaciones políticas provenientes del ala radical de la República Islámica.