


El acto diplomático del 26 de junio, en Washington, refleja en sí mismo, de manera indiscutible y cualquiera que sea la evolución de los acontecimientos, un gran coraje político por parte del Líbano.
El contenido del acuerdo marco firmado por el Líbano e Israel al término de cinco rondas y dos meses de negociaciones directas llevadas a cabo en Washington, bajo la supervisión del secretario de Estado Marco Rubio, reviste un carácter histórico, en toda la extensión del término.
Los términos de este documento constituyen, en efecto, un verdadero “punto de inflexión” en la evolución de la profunda crisis existencial que no deja de socavar los fundamentos mismos del país, de su sistema político, de su estabilidad y de su prosperidad desde hace décadas.

Hezbolá quiso manifestar su desaprobación tras la firma del acuerdo marco, pero su reacción se limitó a algunas protestas y a un breve bloqueo de la antigua carretera del aeropuerto. (AFP)
Es vital, desde el inicio, actuar con discernimiento.
El acuerdo del 26 de junio no tiene como función resolver rápidamente, en el transcurso de algunos días o algunas semanas, la pesada disputa a la que se enfrentan los libaneses y, más específicamente, los habitantes del sur.
Su importancia reside en su alcance geopolítico, en el sentido de que define con mucha claridad una hoja de ruta, un proceso que será, ciertamente, largo, difícil y sinuoso, pero que tiene la gran ventaja de colocar, finalmente, al Líbano en el camino correcto: el del restablecimiento de la soberanía del Estado, el del fin de los hechos consumados de los mini Estados milicianos de facto que sabotean desde finales de los años sesenta la autoridad del poder central.
La dimensión geopolítica del documento del 26 de junio se encuentra en su objetivo final: por una parte, la aplicación del principio del monopolio de la violencia legítima, es decir, el monopolio de las armas en manos de la autoridad legal; y, por otra parte, al final (y aquí está lo esencial), la consecución de una paz duradera con Israel y el establecimiento de relaciones de buena vecindad entre los dos países.
Los postulados de Joseph Aoun
El presidente Joseph Aoun resumió bien la situación a este respecto al plantear cuatro postulados para definir claramente la orientación adoptada por el régimen: no más ocupación; no más injerencias extranjeras; no más tutela; la decisión debe corresponder ahora exclusivamente al Estado y a los libaneses.
Se trata, hay que reconocerlo, de lugares comunes, y no es en absoluto el primer documento oficial de este tipo que define tales opciones. Ciertamente…
Pero la diferencia esta vez es que el camino trazado interviene bajo la sombra de un equilibrio de fuerzas, local, regional e internacional, ampliamente favorable…
Por primera vez desde los años ochenta, el país se beneficia así de la acción combinada y simultánea de un presidente de la República, un primer ministro y un gobierno (en su conjunto) que han definido, desde el principio, orientaciones soberanistas que no dejan lugar a ambigüedades.
El último gesto, muy simbólico, consistente en sustituir en la carretera del aeropuerto los carteles con la inscripción “Gracias a Irán” por otros con los colores libaneses y el lema “Líbano primero”, no es insignificante.
Este gesto simbólico ilustra de manera esquemática y resumida la alternativa ante la cual se encontraba hoy el Líbano: aceptar el hecho consumado de una implicación directa de Irán, sobre el terreno, en los esfuerzos de solución en el sur del Líbano, como había sido acordado durante las conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Suiza, bajo la dirección del vicepresidente estadounidense JD Vance; o mantenerse firme en la voluntad del poder de retomar el control y comprometerse con el proceso de Washington, que permitía al Líbano decidir por sí solo, lejos de toda tutela, las orientaciones que debía tomar para alcanzar la retirada israelí, el desarme de Hezbolá y el restablecimiento de la soberanía.
El poder optó claramente por la segunda vía, que en la práctica mantiene a Irán al margen del proceso de solución, a diferencia de la opción acordada durante las conversaciones en Suiza, que colocaba, bajo la supervisión del señor Vance, a los Guardianes de la Revolución en el centro de la dinámica en curso.
Esto explica la reacción vehemente del secretario general de Hezbolá, el jeque Naïm Kassem, quien, en un discurso pronunciado el sábado, estigmatizó (evidentemente) el acuerdo firmado con Israel, subrayando, como un indicio significativo, que su partido (y por tanto su patrocinador) apoyaba el acuerdo marco entre Irán y Estados Unidos… Se olvida rápidamente del “Gran Satán” y del lema “Muerte a América”…
Una coyuntura favorable
En el plano regional e internacional, el proceso puesto en marcha en Washington llega, sin lugar a dudas, en un momento en que el campo iraní desestabilizador, denominado “obstruccionista”, sale profundamente debilitado por los acontecimientos de estos últimos tres años.
Tomando distancia y con una visión global del actual contexto geopolítico, es necesario señalar que el régimen de los mulás, verdadera piedra angular y motor de la política de subversión antioccidental, ha perdido numerosas ventajas estratégicas desde 2023: la eliminación del alto mando político y militar de Hezbolá; la caída del régimen de Assad; la eliminación del liderazgo político y de seguridad de la República Islámica; las enormes pérdidas militares, económicas y logísticas sufridas por Teherán tras las dos guerras de junio de 2025 y de marzo-abril de 2026, que además agravaron una profunda crisis socioeconómica y financiera sin precedentes; el debilitamiento generalizado de los aliados iraníes en el Líbano, Irak, Gaza y Yemen…
El conjunto de estos parámetros crea, sin duda, una coyuntura favorable para la concreción del acuerdo marco del 26 de junio, especialmente porque la opción estratégica adoptada en este sentido por el poder libanés recibió el claro apoyo de los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo, como se desprende del comunicado conjunto publicado el jueves pasado por la conferencia ministerial del CCG y el secretario de Estado Marco Rubio.
Este documento, difundido en vísperas de la firma del acuerdo marco, respalda claramente las orientaciones del Líbano respecto al restablecimiento de la soberanía del Estado, el monopolio de las armas y el desmantelamiento del aparato militar y de seguridad de Hezbolá…
A este apoyo del CCG se sumó este sábado el respaldo claro de la Unión Europea a las orientaciones del Estado libanés. Y como broche de oro, el presidente Trump se puso en contacto, tarde el sábado por la noche, con el presidente Aoun, a quien felicitó calurosamente por la firma del acuerdo del 26 de junio, precisando que realizarán una evaluación conjunta del proceso en curso durante una próxima reunión que celebrarán próximamente en la Casa Blanca.
La capacidad de daño de Irán
Esta coyuntura favorable no significa en absoluto que la partida esté ganada de antemano ni que no deban esperarse obstáculos.
La verdadera prueba a la que se enfrentará el Estado libanés en los próximos días dependerá de saber hasta qué punto los Guardianes de la Revolución iraníes todavía pueden, o quieren, dar rienda suelta a toda su capacidad de interferencia, que continúa manifestándose, como lo demuestran sus agresiones de las últimas 48 horas contra barcos en el estrecho de Ormuz, lo que provocó durante la noche nuevos ataques estadounidenses en Irán.
Al mismo tiempo, ¿hasta qué punto Hezbolá puede también, o quiere, hacer todo lo posible para sabotear el proceso iniciado el 26 de junio?
Dos acontecimientos podrían moderar la postura agresiva adoptada por el partido proiraní en este asunto: la actitud del ejército, que publicó el sábado por la noche un comunicado de tono firme, afirmando que no permitirá que el llamado a manifestaciones lanzado al comienzo de la noche del sábado por Hezbolá se traduzca en calles bloqueadas en la capital o en agresiones contra propiedades públicas y privadas; al mismo tiempo, el líder del movimiento Amal, Nabih Berry, llamaba a la calma y destacaba la necesidad de evitar cualquier desbordamiento de carácter de seguridad, al tiempo que condenaba la firma del acuerdo con Israel y las negociaciones directas con el Estado hebreo.
Estos dos factores explicarían que el llamado de Hezbolá a realizar grandes manifestaciones el sábado por la noche en Beirut y en las regiones “para lograr la caída del gobierno” no haya recibido inmediatamente el amplio eco esperado.
Queda, sin embargo, que la capacidad de daño del campo iraní todavía podría manifestarse a gran escala, pese al amplio apoyo árabe (de los Estados del Golfo), de la Unión Europea y de Estados Unidos del que goza el proceso del 26 de junio.
La venganza es un plato que se come frío… La reacción de los Guardianes de la Revolución al acuerdo de Washington constituirá, sin duda, en un futuro muy cercano, un indicador significativo de su verdadera capacidad para llevar a los hechos un dicho semejante.