


Los Estados del Golfo han emergido y se han enriquecido, ciertamente, gracias a la explotación de sus recursos, pero han realizado, en etapas rápidamente superadas, una verdadera conversión cibernética que se asemeja a una revolución en el sentido más estricto.
La era del soft power en la que se han embarcado se ha alcanzado gracias a reorientaciones, observaciones, transformaciones y adaptaciones que les han permitido convertirse en una potencia regional. Posteriormente, han ampliado sus capacidades y desarrollado su ámbito de acción multiservicios, lo que les ha conferido un estatus a nivel mundial.
Pero estos Estados no querían quedarse ahí. El dinamismo que les ha permitido alcanzar los objetivos buscados no se ha detenido en esta etapa. La voluntad y la energía que han marcado todas estas transformaciones existenciales los han llevado a subirse al tren que configura un nuevo mundo, el de las redes, los datos, su tratamiento y su gestión: el mundo de los flujos, de la conectividad, también el del espacio. Se convierten en actores importantes en el nuevo esquema de la globalización; están en la fase del « smart power ».
Estados Unidos es percibido como el protector en los planos militar y estratégico. Por lo demás: hablar con todo el mundo e intervenir allí donde se perciben sus intereses. Actuar en los ámbitos en los que aumentarán su riqueza, mantendrán su estatus, de manera a desarrollar y afianzar sus posiciones. Esta es la razón por la cual Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos han querido ser aceptados en el grupo BRICS+; Kuwait y Baréin han presentado su candidatura.
¿Son poderosos los países del Golfo de los que se trata? ¿Lo son todos juntos? ¿Independientemente el uno del otro? Otra forma de plantear la pregunta: ¿tienen los medios para ser una potencia? Queda claro que su poder es relativo y selectivo.
Refiriéndose a la definición sucinta, pero fundada, de Raymond Aron, los Estados del Golfo están lejos de ser poderosos. Pero todos juntos y cada uno desempeñando parcial e individualmente su papel, se afirman como un centro neurálgico ineludible en muchos problemas regionales y mundiales. Su sabiduría en muchos expedientes difíciles de resolver, su saber hacer como mediadores, sus posiciones políticas y estratégicas afirmadas y a menudo muy claras los sitúan por encima de ciertos países donde sería inútil, ilusorio, entablar negociaciones.
Economía, Finanzas, Diplomacia, Escucha, Posiciones intrarregionales y extrarregionales, Entrada en los BRICS+, Armamento moderno y de calidad dedicado a su propia defensa, Desarrollo industrial-marítimo y portuario, Comercio, Turismo, Eventos mundiales deportivos, culturales, artísticos: la lista de sus ventajas es larga. Constituye la prueba de la multiplicidad de sus activos, confiriéndoles una estatura internacional.
Su poder no es el que cabría esperar de grandes países, pero está en marcha. El paso del hard power al soft power fue una evolución. El paso al smart power es una revolución al final de la cual nadie puede decir aún hasta dónde llegará y quiénes serán los vencedores. Tengamos en cuenta a estos Estados del Golfo. Su poder es su importancia en todos estos sectores de excelencia. Su voluntad es estar presentes allí donde el mundo ya cuenta con ellos, allí donde estiman que debe ser su lugar.
NB: La importancia de este tema ha llevado a los organizadores de la 4ª edición de los Encuentros Estratégicos del Mediterráneo (RSMed 2025), coloquio organizado en Tolón (Francia) cada año desde 2022 por la Fundación Mediterránea de Estudios Estratégicos (FMES), a dedicarle una mesa redonda en la programación de las jornadas del 8 y 9 de octubre de 2025.
Leer sobre el mismo tema:
Los Estados del Golfo, del petróleo al poder (1/3)
Los Estados del Golfo, de lo regional a lo internacional (2/3)