


El poder consiste en imponer la propia voluntad: hacer, hacer que otros hagan, impedir hacer, obligar a otros a hacer (Raymond Aron).
Los Estados del Golfo surgieron y se enriquecieron gracias a la explotación de sus recursos naturales, petróleo y gas, especialmente a partir de lo que más tarde se conocería como el primer shock petrolero de 1973. Aquel episodio fue determinante para lo que comúnmente se denomina Occidente, es decir, América del Norte y Europa, aun cuando en los años setenta una parte considerable de Europa no formaba parte de la Unión Europea y permanecía, de hecho, bajo el yugo soviético y, en igual medida, del comunismo durante casi otros veinte años.
¿Puede decirse que, desde el inicio del siglo XXI, los Estados del Golfo se han emancipado, al menos en parte, de esa dependencia que, si bien continúa proporcionándoles una renta financiera considerable, han sabido utilizar y transformar de manera radical para alcanzar un estatus distinto al de los Estados meramente rentistas? Más aún, ¿no sería pertinente afirmar que han atravesado, en etapas de rápida progresión, una auténtica conversión cibernética, comparable a una revolución en el sentido más estricto del término?
Los Estados del Golfo a los que nos referimos son, a modo de recordatorio, Arabia Saudita, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Catar. No todos se encuentran en el mismo punto de esta evolución y transformación, pero el proceso está en marcha en cada uno de ellos, a ritmos distintos y según el camino elegido para implementar y desarrollar sus propias particularidades y objetivos. No se trata, por tanto, de un abandono, al menos no todavía, del petróleo y el gas, ni de una ruptura con lo que aún los sostiene, sino de una emancipación que les permite llevar adelante lo que con justicia puede calificarse como una revolución.
Partiendo de la riqueza que ofrecen los recursos energéticos, aspiran a convertirse en potencias. ¿En qué consiste ese poder, qué procesos se emplean para alcanzarlo y cuáles son sus objetivos?
Desarrollo concurrente
Algunos datos relativos a estos Estados son similares, aunque no idénticos. Geográficamente próximos, bordean el Golfo Pérsico, solo Arabia Saudita y Omán cuentan con otras salidas marítimas, y se han desarrollado de manera concurrente: planificación urbana de alta calidad sin temor al gigantismo; modernización en todos los ámbitos, finanzas, economía, comercio y turismo, sin rehuir los desafíos climáticos; desarrollo marítimo; polos portuarios y logísticos; y una identidad también orientada al lujo y la excelencia. Algunos de estos países son hoy puntos esenciales de convergencia y grandes nodos aéreos intercontinentales.
Adoptaron una estrategia destinada a demostrar su existencia y conciencia, incluso antes del reconocimiento oficial, exhibiendo organización y capacidad de acción en ámbitos tan diversos como eventos deportivos, culturales y artísticos, encuentros y grandes manifestaciones. Irak, como Estado del Golfo, debería haber sido incluido legítimamente entre ellos. Su destino, lamentablemente sellado en 2003, aún no le ha permitido sumar fuerzas con los demás. Frente a Irán, que también aspira a erigirse como potencia en Medio Oriente, estos Estados, en su conjunto, se han afirmado como una auténtica potencia regional. Un poder distinto, sin duda, pero poder al fin.
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Nota: La importancia del tema llevó a los organizadores de la cuarta edición de los Encuentros Estratégicos del Mediterráneo (RSMed 2025), conferencia organizada en Toulon, Francia, desde 2022 por la Fundación Mediterránea de Estudios Estratégicos (FMES), a dedicarle una mesa redonda en el programa de los días 8 y 9 de octubre de 2025.