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Opinión

La actitud aberrante de los ministros de Salud y Trabajo

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Por Jawad Pakradouni
Publicado abr 12, 2026 - 15:57

En el último Consejo de Ministros, el jueves pasado, bastó con que Nawaf Salam evocara la desmilitarización de la capital para que los ministros de Sanidad y Trabajo (representando a Hezbolá) reaccionaran y se opusieran.

Ironía y aberración.

La ironía quiere que las carteras ministeriales concedidas a Hezbolá sean precisamente las directamente afectadas por las dramáticas consecuencias de una guerra: los ataques provocan el inmovilismo del mercado y la multiplicación de heridos y muertos.

La aberración es que los ministros de un gobierno se nieguen a que el Estado tenga plena soberanía, como mínimo, en su capital, y prefieran el reinado del caos y los grupos paramilitares al de las instituciones públicas.

No hay nada sorprendente en esta actitud, desde el momento en que estos ministros pertenecen a un movimiento político-miliciano que niega la idea misma de nación libanesa.

El ejemplo más llamativo es el de este «maestro» que explica a unos pequeños niños que huyeron del Sur, en la misma acera de Beirut, los símbolos de la bandera de Hezbolá, mientras sus casas siguen ardiendo.


La ausencia de civismo, la división cultural, la adhesión a una doctrina religiosa… todos estos elementos empujan hoy a una parte de los libaneses a alinearse con los preceptos de un país extranjero, en este caso la República Islámica de Irán.

Lo peor es que esta actitud de querer desestructurar las instituciones de derecho y erradicar la noción de Estado soberano no es exclusiva de una comunidad religiosa: si bien es cierto que una mayoría de chiíes sigue afiliada a Hezbolá, también hay suníes, cristianos y drusos que piensan de manera similar, por cobardía o por interés, o incluso por convicción. Y es precisamente ahí donde duele.

Y debido a la incapacidad de la más alta jerarquía del Estado para implementar realmente las decisiones prometidas y promulgadas, ya sea por complacencia (o incluso temor) hacia el presidente, por complicidad con el presidente del Parlamento, o por falta de medios en el caso del Primer Ministro, el cisma entre los libaneses se acentúa.

Así, la triste constatación cae: nuestro país no es un mensaje de convivencia sino, en el mejor de los casos, un mosaico, donde todas las piezas se insultan y se vigilan, sostenidas por un barniz agrietado. Por lo tanto, evocar hoy una paz posible con Israel es una utopía, porque más allá de las fracturas internas, hay que nombrar claramente las fuerzas que las mantienen. Hezbolá y sus aliados políticos, al aferrarse a una lógica de milicia y de alineamiento regional, imponen al Líbano una agenda que excede el interés nacional e impide cualquier consolidación de un Estado soberano.

Al mantener una dualidad en el nivel de poder, entre instituciones oficiales y una fuerza paralela, así como al mantener una esquizofrenia en el ejercicio del poder, debido a la competencia entre sus cúpulas, hacen ilusoria cualquier estabilidad duradera y, por extensión, cualquier paz creíble.

Ningún acuerdo con el exterior puede sostenerse cuando, en el interior, algunos actores siguen privilegiando la confrontación, no como un derecho a la oposición, sino una confrontación armada que es el fundamento mismo de su existencia política….

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