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Análisis

Negociaciones con Israel: Beirut priva a Irán de la carta libanesa

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Los trabajos de desescombro continúan en el suburbio sur de Beirut después de los ataques israelíes del “Miércoles Negro”, cuyo balance ha ascendido a 357 muertos y 1223 heridos según las autoridades. (Fadel Itani/AFP)
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Por Michel Touma
Publicado abr 11, 2026 - 19:00

Mientras algunos habitantes de Beirut continuaban el viernes 10 de abril inspeccionando los sectores duramente golpeados el miércoles por la aviación israelí, en el marco de un ataque sorpresa contra cuadros de Hezbolá implantados en diversos barrios de la capital, los ataques aéreos continuaron en el Sur contra varias aldeas de la zona meridional del país. Uno de estos ataques causó 12 muertos (agentes de la Seguridad del Estado) en Nabatiyeh. Pero ante la ausencia de desarrollos importantes a nivel de las operaciones militares, son las negociaciones directas entre Líbano e Israel, previstas para principios de la próxima semana en Washington, las que centran actualmente la atención de los círculos diplomáticos y políticos locales.

De la información disponible el viernes se desprende que el martes se celebrará una reunión preliminar en la oficina del Secretario de Estado, Marco Rubio, entre la embajadora del Líbano en Washington, Nada Hamadé Moawad, y el embajador de Israel, Yechiel Leiter. Esta reunión a tres bandas permitirá con toda probabilidad definir el marco general o las grandes líneas del orden del día de las conversaciones libaneso-israelíes en los ámbitos militar, de seguridad, político y de relaciones bilaterales, con una perspectiva de paz entre ambos países. El Líbano debería formar en breve comisiones ad-hoc que se encargarán de llevar a cabo las conversaciones bilaterales con los negociadores israelíes en los diferentes ámbitos de interés común.

Conviene señalar en este marco que Hezbolá se ha declarado opuesto a toda negociación directa entre Líbano e Israel. El viernes por la tarde, varias decenas de partidarios del partido proiraní organizaron en Zokak el-Blatt, en Hamra y en el centro de la ciudad, especialmente en el sector del Gran Serail, concentraciones para denunciar la posición del gobierno con respecto a las conversaciones con Israel, olvidando evidentemente que Hezbolá había negociado, indirectamente, con Israel a mediados de los años 90 (lo que dio lugar a los Acuerdos de Abril), sin contar las conversaciones iniciadas en 2021-2022 por el partido proiraní con Israel, a través del emisario estadounidense Amos Hochstein (por lo demás, antiguo oficial del ejército israelí) con vistas a la delimitación de las fronteras marítimas entre Líbano e Israel.

Los partidarios de Hezbolá que salieron a la calle el viernes por la tarde son sin duda demasiado jóvenes para saber, además, que durante la guerra Irán-Irak en los años 80, el régimen de los mulás iraníes había recurrido a... Israel para abastecerse de armas y municiones para hacer frente al ejército de Saddam Hussein, lo que provocó en su momento el famoso escándalo del Irangate. También sería bueno recordar las negociaciones (directas) entabladas entre el Líbano e Israel en 1983, a raíz de la guerra de 1982 («Operación Paz en Galilea»). Los negociadores libaneses e israelíes se reunían entonces, cara a cara, alternativamente en Khaldé y en la ciudad israelí de Netanya.


Un desafío estratégico


Más allá de las pujas populistas iniciadas por Hezbolá, es importante señalar en el contexto actual que el desafío de las negociaciones directas con Israel tiene para el Líbano un carácter altamente estratégico.

Este desafío fue claramente definido el jueves, durante el Consejo de Ministros, por el presidente Joseph Aoun, quien subrayó sin rodeos que «solo Líbano negocia por sí mismo, y nadie puede negociar en nombre del Líbano». La alusión a la República Islámica es evidente, en la medida en que el poder iraní insiste en que Líbano sea incluido en el alto el fuego acordado entre Teherán y Washington. En claro, esto significaría que Irán se habría otorgado, en ese caso, el derecho de monopolizar la carta libanesa en sus conversaciones con la Administración Trump. Al embarcarse así en la vía de las negociaciones directas con Israel, el presidente Aoun y el gobierno Salam reafirman su determinación de desvincular totalmente el caso del Líbano de las maniobras iraníes, lo que equivaldría a arrancar la carta del Líbano de las manos de la República Islámica.

Esta desvinculación es vital para el poder libanés a fin de garantizar una resolución de los litigios con el Estado hebreo. A mediados de los años 90, se recuerda al respecto, se llevaban a cabo negociaciones directas en Washington entre el Líbano e Israel, pero no habían logrado los resultados esperados porque Beirut había condicionado su aprobación de un acuerdo con Tel Aviv al éxito de las conversaciones de Israel con el régimen sirio, el cual se había abstenido entonces de firmar con el gobierno israelí, lo que había torpedeado el acuerdo libano-israelí.

El gobierno de Salam busca así manifiestamente desvincular el caso del Líbano del expediente iraní para no reiterar el desafortunado precedente de la concomitancia desestabilizadora de las dos vertientes libanesa y siria en aquella época. Esta desvinculación es hoy aún más fundamental para el Líbano, ya que los Guardianes de la Revolución no parecen particularmente entusiastas en concluir un acuerdo con Estados Unidos, como indica su posición sobre el estrecho de Ormuz. «A partir de ahora, seremos nosotros quienes decidiremos qué buques de pasajeros podrán atravesar el estrecho», afirmaron el viernes los Pasdaran. Una pequeña frase que, si se concreta en los hechos, corre el riesgo de torpedear las conversaciones de Islamabad, que debían comenzar el sábado.

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