


¿Qué no haría un imputado o un acusado para salvar su pellejo! Procesado ante un tribunal de justicia por crímenes contra la humanidad o crímenes de guerra, ¿qué no diría un oficial sirio de los antiguos servicios de seguridad si tuviera que responder por sus fechorías?
Las uñas arrancadas a los niños de Deraa
El primero en comparecer ante los «Juicios de Damasco» fue Atef Najib. Seguimos su actuación en las redes sociales: este acusado respondía a los cuestionamientos de la Corte Penal con un tono frío y distante, como si no estuviera implicado en la suerte de los adolescentes a los que había entregado a los peores tormentos.
Es verdad que había reconocido los hechos por lo que eran: una quincena de escolares que habían garabateado en los muros de su escuela consignas anti-Assad, fueron detenidos más de un mes para sufrir graves maltratos, incluyendo golpizas y arranque de uñas.
Dicho esto, Atef Najib negó rotundamente su implicación directa y personal en el trato inhumano infligido a estos jóvenes.
Para zafarse, argumentó la responsabilidad de otros organismos encargados de la represión.
En suma, la tortura que habían sufrido estos escolares no provenía de su propia iniciativa sino más bien de una «cadena de mando» más amplia. Como si quisiera decir: ¿qué podía hacer yo si así funcionaba jerárquica y colectivamente el sistema de seguridad sirio?
La transferencia de responsabilidad, mecanismo recurrente de defensa
Evadir la responsabilidad ante una «instancia superior o difusa» o ante el sistema vigente es una maniobra clásica para eximirse o diluir la propia culpa.
Pero, siendo honestos, los tribunales de justicia internacionales están preparados contra este procedimiento recurrente de defensa que rechaza la culpa hacia la jerarquía. No obstante, al invocar, con razón o sin ella, las instrucciones recibidas, Atef Najib ha llamado a las altas esferas del Estado detentadores del poder de decisión a asumir su responsabilidad.
En definitiva, la pregunta se plantearé con aún más urgencia cuando comparezca ante la justicia el general Khardal Ayoub, implicado como está en el ataque químico de la Ghouta oriental en 2013.
La doctrina Yamashita
En derecho penal internacional, la responsabilidad del mando (cadena de mando) es también conocida como la doctrina Yamashita, en honor del general japonés que fue procesado y ejecutado por crímenes cometidos por sus tropas durante la Segunda Guerra Mundial.
Porque un jefe militar tiene la obligación de vigilar a sus hombres y contenerlos. Y este es un concepto que no es reciente: fue establecido por las Convenciones de La Haya de 1899 y 1907 y constantemente actualizado y confirmado desde entonces.
Para exculparse, el depuesto presidente sirio Bachar el-Asad no podría alegar su ignorancia de un ataque con armas químicas lanzado por subalternos, sean generales o simples soldados, ni el hecho de que no hubiera impartido instrucciones específicas al respecto.
En aplicación de la doctrina antes mencionada, como comandante supremo, es responsable penalmente desde el momento «en que supo —o estaba en condiciones de saber— que habían cometido crímenes y no tomó las medidas necesarias para impedirlo o para castigarlos».
Edgar Morin y el arrepentimiento
Edgar Morin, sociólogo y militante antinazi, acaba de dejarnos. Judío sefardí, no había preconizado la venganza contra los «arquitectos de la solución final». Su actitud impregnada de humanismo se revela en un texto dedicado a la memoria del Holocausto donde dice: «Soy de los que esperan el arrepentimiento del malvado. Soy de los que nunca encerraron al hombre que cometió un crimen dentro del concepto de criminal que lo cubre por entero».
Pero otorgar el perdón no significa consentir el olvido u la ocultación.
Entonces, previamente, debe hacerse justicia. Y no sería equitativo que en Siria solo Atef Najib y Khardal Dayoub tuvieran que pagar en lugar de los fugitivos que se esconden en Moscú.
Una justicia transicional es ciertamente la condición de una reconciliación nacional. Pero no se haría justicia alguna mientras Bachar, Maher y los miembros del alto mando sirio no comparezcan ante los tribunales de derecho.
¡Y mientras no tomen conocimiento, de pie en el banquillo de los acusados, de la sentencia que los condena!