Logotipo de Levant Time
Volver al artículo
Política

Siria: del riesgo de partición a la prueba del nuevo Estado

Imagen destacada de la noticia
En Deir Ezzor, decenas de vehículos militares se dirigen hacia el este del Éufrates, río que antiguamente separaba las zonas controladas por Damasco al oeste de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), de mayoría kurda, al este. (Omar Haj Kadour/AFP)
Retrato del autor
Por Jad Akhawi
Publicado ene 22, 2026 - 19:42

En Siria, la pregunta ya no es si el régimen de Bashar al Assad podía sostenerse. Ese capítulo está cerrado. El verdadero interrogante está en otro lugar: ¿puede Siria, tras el colapso del viejo régimen, reconstruir un Estado unificado y viable, o persiste el riesgo de desintegración y partición, aunque adopte nuevas formas?

La caída del régimen de Assad a fines de 2024, seguida por el ascenso de Ahmad al Chareh durante el período de transición, marcó un punto de inflexión en el escenario sirio. Aunque esta sacudida no puso fin por sí misma a la crisis, sí redefinió de manera profunda sus contornos políticos. El debate dejó de centrarse en el destino de un régimen para enfocarse en el futuro mismo del Estado.

Primero: ¿qué cambió realmente tras Assad?

El colapso del viejo régimen no implicó solo un relevo en el liderazgo, sino la caída de todo un sistema construido sobre:

  • un partido único,

  • aparatos de seguridad omnipresentes,

  • una centralización extrema,

  • y sólidas alianzas externas, en particular con Irán y Rusia.

La etapa de transición, encabezada por Ahmad al Chareh, ha estado marcada por un mensaje radicalmente distinto: el objetivo ya no es restaurar un régimen, sino reconstruir el Estado. En consecuencia, se derogó la antigua Constitución, se disolvió el partido Baaz, se desmantelaron los antiguos aparatos de seguridad y se puso en marcha la reconstrucción de las instituciones estatales sobre nuevas bases, todavía frágiles.

Más significativo aún es que el nuevo liderazgo dejó claro desde el inicio que la unidad de Siria no es negociable. Incluso rechazó cualquier debate sobre la partición o la creación de una federación basada en comunidades. No se trató de un eslogan, sino de una decisión política concreta.

Segundo: ¿se eliminó el riesgo de partición?

La respuesta precisa es que el peligro se redujo, pero no desapareció.

En el punto más alto de la guerra, especialmente entre 2012 y 2016, la partición era una posibilidad muy real. La idea de una “Siria útil”, los mapas de miniestados y las divisiones tajantes entre zonas de influencia convirtieron el desmembramiento del país en un proyecto seriamente considerado a nivel internacional.

Hoy el panorama es distinto por varias razones:

  1. La existencia de una nueva autoridad central con legitimidad transitoria.
    Ahmad al Chareh no hereda el viejo régimen. Busca construir una nueva legitimidad, respaldada por un acercamiento cauteloso de Estados Unidos y de países árabes, así como por un reconocimiento internacional condicionado.

  2. La ausencia de un consenso internacional a favor de la partición.
    Actualmente, ni Estados Unidos, ni Rusia, ni las potencias regionales ven ventajas en dividir Siria. Los costos serían elevados y los riesgos superan con creces cualquier beneficio potencial.

  3. El fracaso de la idea de miniestados comunitarios.
    Ante la negativa de Turquía y el repliegue estadounidense, resulta inviable establecer un miniestado alauita, una entidad sunita unificada, un proyecto druso secesionista o incluso un Estado kurdo.

Como resultado, la partición de Siria ya no se percibe como una solución viable, sino como un escenario de colapso en caso de que fracase el nuevo Estado.

Tercero: el giro estadounidense y el abandono de los kurdos

Uno de los cambios más significativos en la Siria posterior a Assad ha sido el claro viraje de la política estadounidense. Washington, que durante años apoyó a los kurdos como fuerza de facto en el noreste del país, redefinió ahora sus prioridades.

El mensaje estadounidense fue explícito:

  • no habrá apoyo a un proyecto kurdo separatista;

  • no se ofrecerá protección permanente a una administración autónoma independiente;

  • la prioridad es la estabilidad de un Estado sirio unificado.

Este cambio empujó al liderazgo kurdo hacia una opción antes poco considerada: negociar con el nuevo poder central. Se alcanzaron acuerdos para integrar gradualmente a las Fuerzas Democráticas Sirias en las instituciones del Estado y para administrar recursos y pasos fronterizos, a cambio de garantías sobre derechos culturales y de ciudadanía.

Esto no significa que la cuestión kurda esté resuelta, pero sí que pasó de una lógica de separación a otra de integración frágil e incierta.

Cuarto: del desmembramiento al retorno de la centralización, ¿a qué costo?

Siria transita ahora de una etapa de desintegración efectiva a un intento de restaurar un Estado central. Esta nueva centralización es distinta, o debería serlo, de la que imperó bajo el antiguo régimen.

El principal desafío de Ahmad al Chareh no es solo militar, sino político y social:

  • ¿cómo construir un Estado fuerte sin recaer en el despotismo?

  • ¿cómo gestionar la diversidad sin que el centro implosione?

  • ¿cómo afirmar la autoridad estatal sin reproducir la represión?

Por ahora, las señales son mixtas:

  • hubo avances en la recuperación del control territorial,

  • pero la economía sigue siendo frágil,

  • las minorías están inquietas,

  • y fuerzas que antes gozaban de amplia autonomía se mantienen recelosas.

En otras palabras, el peligro ya no es la fragmentación de Siria en miniestados, sino el fracaso del nuevo Estado central para administrar su diversidad.

Quinto: ¿Siria está realmente fuera de peligro?

Siria evitó un escenario de partición rápida y caótica, pero aún no ingresó en una fase de estabilidad duradera.

La situación puede resumirse así:

  • el país escapó al colapso total;

  • evitó los planes de partición comunitaria;

  • y logró que el desmembramiento no se convierta en una realidad permanente.

Sin embargo, todavía no superó:

  • el colapso económico;

  • la fragilidad de la paz civil;

  • el riesgo de un retorno de la violencia bajo nuevas formas;

  • y la prueba de la legitimidad popular del nuevo gobierno.

El Estado sirio existe hoy, pero sigue a prueba.

Sexto: el escenario más probable

En el corto y mediano plazo, el escenario más verosímil es el de:

  • un Estado unificado;

  • una clara centralización política y de seguridad;

  • una descentralización administrativa limitada;

  • la integración gradual de fuerzas locales;

  • y un respaldo internacional condicionado a reformas y estabilidad.

Este modelo no se parece a la Siria previa a 2011 ni a los escenarios de partición. Se asemeja más a un Estado que emerge de una guerra prolongada y busca redefinirse.

El éxito de este escenario depende de un factor crucial: si la nueva autoridad de transición se convertirá en un Estado integrador o en otra forma de poder fuerte, carente de un verdadero contrato social.

La caída del régimen de Assad cerró un capítulo, pero abrió otro aún más complejo. Siria enfrenta hoy una oportunidad histórica poco frecuente: superar la lógica del viejo régimen sin caer en la trampa del desmembramiento. El peligro de la partición ya no es inminente, pero tampoco ha sido eliminado por completo. Reside en el fracaso político, no en la geografía.

En definitiva, la pregunta ya no es si Siria se dividirá, sino si logrará convertirse en un Estado unificado tras la caída del régimen que durante años afirmó gobernarla en nombre de la unidad.

Artículos relacionados
Ver todo
Vídeos relacionados
Ver todo
Podcasts relacionados
Ver todo