

En nuestro artículo anterior exploramos los distintos recursos económicos de Siria. Gracias a sus tierras fértiles y su ubicación geográfica estratégica, el país posee un potencial económico considerable, aunque en gran medida aún sin explotar. Además, desde la caída del régimen de Bashar al-Assad y la llegada al poder de Ahmad al-Shareh, junto con el levantamiento de las sanciones estadounidenses y europeas y la cumbre sirio-saudí de julio de 2025, se han puesto en marcha nuevas dinámicas de reconstrucción y de reintegración de Siria en el ámbito árabe y en el comercio global. Sin embargo, no todo es alentador en la Siria posterior a Assad, y aún persisten numerosos desafíos.
Seguridad
El primer desafío para el nuevo gobierno sigue siendo, una vez más, la seguridad. Tras más de 13 años de guerra civil, durante los cuales facciones comunitarias y étnicas se enfrentaron sin piedad, el país continúa afectado por disturbios de carácter sectario, especialmente en la región costera y en Sweida. A esto se suman los numerosos enfrentamientos en la frontera con el Líbano con grupos vinculados a Hezbolá, así como los bombardeos israelíes.
El gobierno consolida, paso a paso, su poder y se esfuerza por restablecer el orden y la seguridad en todo el territorio. El camino todavía es largo y deberá mantener sus esfuerzos para garantizar la estabilidad del país; de lo contrario, muchos inversionistas verán enfriado su interés.
Todo debe ser reconstruido
El Fondo Monetario Internacional estima que cerca del 50% de las viviendas sirias han sido destruidas o necesitan una renovación urgente. Además, casi la mitad de la población se encuentra fuera del país. Con el regreso de los desplazados, la demanda de vivienda no hará más que aumentar.
Paralelamente, una parte importante de la infraestructura del país fue destruida, incluidas fábricas, hospitales, estaciones de bombeo de agua, plantas eléctricas, pozos y refinerías de hidrocarburos, instalaciones todas ellas esenciales para el esfuerzo de reconstrucción.
Las inversiones de los países del Golfo buscan suplir esta falta de infraestructura y ayudar a poner nuevamente en pie al país. Sin embargo, pasarán varios años antes de que estas nuevas capacidades productivas estén operativas. Mientras tanto, el esfuerzo de reconstrucción debería generar cerca de 200 000 empleos, según el Banco Mundial, y permitir la llegada de varios miles de millones de dólares al país, reforzando así las reservas en divisas del Banco Central de Siria.
Grandes desafíos económicos estructurales
Tras más de 13 años de guerra civil, la economía siria está devastada.
El PIB cayó de casi 60 000 millones de dólares en 2010 a poco más de 20 000 millones en 2022. En 2018, la ONU degradó la clasificación de Siria de país en desarrollo (como India, México o Indonesia) a país de bajos ingresos (como Afganistán, Burkina Faso o Angola). Según la organización, cerca del 90% de la población vive hoy por debajo del umbral de pobreza, con menos de dos dólares diarios.
Además, la libra siria ha perdido alrededor del 99% de su valor. En 2010, un dólar equivalía a 47 libras, y hacia finales de 2024, alrededor de unas 22 000. Tras la caída de Assad, el tipo de cambio se ha estabilizado en torno a 11 000 libras por dólar. Sin embargo, el banco central dispone apenas de 200 millones de dólares en reservas extranjeras, lo que lo hace altamente vulnerable a otro choque monetario.
Por otro lado, se estima que el Banco Central posee unas 26 toneladas de oro, valoradas en unos 3 000 millones de dólares (a 3 700 por onza). Este oro podría servir como garantía para acceder a líneas de crédito vitales para el país.
El gobierno sirio debe alrededor de 23 000 millones de dólares a diversos acreedores, lo que equivale al 115% de su PIB. La mayor parte se debe a Irán (17 000 millones) y a Rusia (1 200 millones). El pago de esta deuda absorbe cerca del 30% del presupuesto estatal, recursos que podrían destinarse a la reconstrucción o a los servicios públicos.
El gobierno actual considera no pagar su deuda con Irán y Rusia, calificándola de “deuda odiosa”, es decir, contraída sin el consentimiento ni beneficio del pueblo. Aunque gran parte de esos fondos se usaron para adquirir armas y combustible con los que el régimen de Assad combatió a su propia población, el derecho internacional no ofrece precedentes claros sobre este tipo de deudas. Negarse a pagar total o parcialmente socavaría el principio de “sucesión de Estado”, según el cual los nuevos gobiernos heredan tanto los activos como las obligaciones de sus predecesores.
La necesidad de instituciones sólidas
La reforma de las instituciones públicas, la lucha contra la corrupción y la mejora de la gobernanza y la transparencia son esenciales para restablecer la confianza de los ciudadanos y los inversionistas. Sin un Estado de derecho fiable, cualquier iniciativa económica corre el riesgo de fracasar.
Fortalecer las instituciones judiciales, administrativas y económicas es una condición sine qua non para colocar a Siria en la senda del crecimiento sostenible.
Las reformas orientadas a la privatización de la economía son igualmente esenciales. Bajo Bashar al-Assad, el Estado controlaba gran parte de los medios de producción y mantenía un férreo dominio sobre la economía. Ahora resulta esencial privatizar sectores clave y abrir espacio a una mayor competencia, lo que a su vez fomentaría la innovación.
Reintegración social y gestión migratoria
Millones de sirios fueron desplazados dentro del país o buscaron refugio en el extranjero. Su regreso representa tanto un desafío social como económico que debe ser acompañado por programas de integración. Sin estas medidas, Siria corre el riesgo de fragmentarse socialmente, de sufrir tensiones comunitarias y prolongar la precariedad, factores que pondrían en peligro la reconstrucción y el desarrollo del país.
Como conclusión, los desafíos que enfrenta Siria son numerosos y complejos, pero no insuperables. Los problemas de seguridad, reconstrucción de la infraestructura, estabilidad económica, reintegración social y reforma institucional deben abordarse de manera coordinada para construir un entorno estable y atractivo. Si logra superar estos obstáculos, Siria podría sentar las bases de una paz duradera y aprovechar finalmente su enorme potencial económico, en beneficio de su población y de toda la región.