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Ataques en Siria y tensiones con Turquía: Israel amplía el alcance de sus ofensivas

Reunión israelí-siria en Ammán para calmar la tensión entre los dos países

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Por Taline Becharraoui
Publicado ago 23, 2026 - 22:11

El Estado hebreo parece decidido a frenar las ambiciones turcas en Siria, lo que ha generado una respuesta tibia por parte de Estados Unidos. En Irán, Washington apuesta ahora por una estrategia de asfixia económica. En el Líbano, Hezbolá enfrenta una presión estadounidense cada vez mayor.

En Oriente Medio, la gran novedad de la semana del 17 al 23 de agosto fue el pulso entre Israel y Turquía en Siria. El asunto comenzó el martes con un ataque contra el aeropuerto de Abu Duhur, en la provincia de Idlib, en el suroeste de Siria. Dicho aeropuerto lleva fuera de servicio desde el inicio de la guerra siria, pero alberga una presencia del nuevo ejército sirio bajo el mando de Ahmad al-Sharaa.

Los ocho ataques provocaron de inmediato una condena por parte del gobierno sirio, que responsabilizó a Israel. Un comunicado del Observatorio Sirio de Derechos Humanos ofreció una primera pista sobre el motivo de los bombardeos: tropas turcas se habían desplegado allí poco antes de los ataques con el objetivo de rehabilitar las instalaciones destruidas.

Israel no reivindicó la autoría hasta dos días después, por boca del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien aseguró haber enviado un mensaje «claro» tanto a Siria como a Turquía. Acusó a Ankara de querer afianzarse en territorio sirio mediante el establecimiento de una base en Abu Duhur. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, reforzó esa postura visitando a las fuerzas israelíes desplegadas en el sur de Siria y garantizando que su país no toleraría ninguna presencia hostil en sus fronteras.

El sábado se produjo un nuevo ataque israelí en territorio sirio, cerca del Golán ocupado. Ese mismo día, un dron israelí atacó un vehículo en el suroeste de Siria. Damasco denunció las violaciones de su soberanía y exigió una condena por parte de la ONU.

La escalada entre Israel y Turquía fue agravándose a lo largo de toda la semana. Mientras negaba cualquier presencia militar en territorio sirio, Turquía declaró que no iba a «caer en la trampa» del primer ministro Benjamin Netanyahu dejándose arrastrar hacia un conflicto armado, lo que parece marcar un límite a esta escalada.

Sin embargo, la violencia verbal fue subiendo de tono y dejó al descubierto la animadversión entre el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y Netanyahu. Mientras los israelíes lo tildaban de «dictador antisemita», Erdogan terminó emitiendo una «orden de arresto internacional» contra Netanyahu por «crímenes» de guerra cometidos durante la represión de la Flotilla de Gaza, que el ejército israelí había interceptado en mayo para impedir que llegara a la franja.

Reunión israelí-siria en Ammán

Con este ataque frontal en territorio sirio, Israel complica enormemente el panorama en el seno de una situación regional ya de por sí muy compleja. Su rival turco acaba de firmar un protocolo de defensa común con otras dos potencias suníes, Arabia Saudí y Pakistán. Además, Ankara mantiene relaciones de amistad con Estados Unidos: durante la cumbre de la OTAN celebrada en Turquía hace unas semanas, el presidente estadounidense Donald Trump se refirió a Erdogan en términos muy elogiosos.

Esto explicaría la reacción más que tibia del enviado de Trump para Siria, Tom Barrack, ante el ataque israelí, al que calificó de «escalada innecesaria». El propio Barrack había considerado que dicha escalada era «una maniobra electoral» de Netanyahu, a pocas semanas de unas elecciones cruciales en Israel en las que el líder del Likud se juega su supervivencia política. El ministro israelí de Defensa, Israel Katz, salió al paso el sábado asegurando haber trasladado «información de los servicios de inteligencia a Estados Unidos» antes del ataque, y acusó a Barrack de hacer un discurso «lleno de inexactitudes y posiciones que contradicen la línea» del presidente Trump.

En efecto, un enfrentamiento entre dos gigantes tendría consecuencias imprevisibles, así que ¿por qué Israel asumiría ese riesgo? Las ambiciones electorales de Netanyahu pueden ofrecer una explicación parcial, pero no son suficientes. Los funcionarios israelíes han utilizado expresiones como «los intentos de Turquía de desestabilizar la región» o la voluntad de «impedir el arraigo turco», lo que parece sugerir que temen que Turquía llene el vacío que podría dejar un retroceso de la influencia iraní en los países del Levante.

Cabe señalar en este sentido que este explosivo expediente estuvo en el centro de una reunión celebrada el domingo en Ammán entre el ministro sirio de Asuntos Exteriores, Assaad al-Chaibani, y el nuevo director del Mossad, Roman Gofman. El encuentro tenía como objetivo rebajar la tensión entre Siria e Israel tras el ataque al aeropuerto de Abu Duhur.

Esta reunión israelí-siria se produjo después de la reciente declaración del ministro Chaibani, quien anunció la próxima reanudación de las negociaciones entre Damasco y Tel Aviv con vistas a la firma de un acuerdo de seguridad entre ambos países. Las líneas generales de dicho acuerdo ya habían sido acordadas a principios de este año.

La guerra económica de Trump

En el frente iraní, parece que la decisión estadounidense de sustituir la escalada militar por presiones económicas —o incluso una guerra económica— sigue vigente. Se están contemplando nuevas sanciones estadounidenses contra Irán, y se espera que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ofrezca una rueda de prensa al respecto el lunes.

Las presiones económicas contra Irán centraron las declaraciones de ambas partes durante esta semana. El presidente Trump anunció explícitamente una «guerra económica total» contra Irán, advirtiendo a «todo país, aeropuerto, empresa, institución financiera y entidad gubernamental» que ofreciera un «salvavidas» al régimen iraní.

La respuesta iraní fue calificar las presiones económicas y las amenazas de sanciones de «terrorismo económico». Irán también recurrió a las amenazas contra cualquier país que participara en las restricciones económicas contra él, por boca del secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohsen Rezaí.

Lo que intensificó el aislamiento económico iraní esta semana fue la decisión de los Emiratos Árabes Unidos de romper todos los puentes con Teherán, tras un ataque de misiles no reivindicado. Los EAU son un socio fundamental para Irán, pero este país del Golfo ha acentuado notablemente su acercamiento a Israel y a Estados Unidos durante esta guerra.

Esta semana también marcó el fin del plazo de 60 días previsto en el acuerdo de Islamabad, firmado por Washington y Teherán en junio para alcanzar un acuerdo definitivo. El propio presidente Trump anunció que ya no hay ninguna negociación en curso, instando a Irán a la «rendición» y afirmando, una vez más con una enigmática sonrisa burlona, que el estrecho de Ormuz es «territorio americano». El presidente estadounidense también consideró que ya no quedan interlocutores en Irán.

Del lado iraní, pese a la virulencia de los ataques verbales, se multiplican los informes que dan cuenta de un verdadero asfixiamiento económico y social, así como de la represión ejercida por el poder a través de ejecuciones sumarias de opositores, adolescentes y jóvenes universitarios, entre otros. ¿Sería esto lo que motivó una declaración del presidente iraní Massoud Pezeshkian al final de la semana, en la que estimó que es hora de poner fin a la guerra con Estados Unidos? Esta voz moderada iraní tuvo buen cuidado de no irritar a los sectores más radicales, añadiendo que Teherán debería considerar esa posibilidad «mientras se encuentre en una posición de fuerza».

Por su parte, el presidente del Parlamento, Mohammad Ghalibaf, desafió a Estados Unidos al anunciar el sábado «nuevos mecanismos de seguridad y cooperación económica» con países vecinos, que tuvo buen cuidado de no nombrar. Este exguardián de la revolución visitó Irak esta semana, mientras ese país anuncia con claridad su determinación de desarmar a todas las facciones ilegales, principalmente las pro-iraníes, antes del 30 de septiembre. ¿Un ejemplo más del debilitamiento de la influencia iraní en la región?

Sanciones contra Hezbolá

Las informaciones sobre próximas sanciones estadounidenses contra Irán estuvieron precedidas esta semana por sanciones contra individuos sospechosos de financiar a Hezbolá en el Líbano, dejando claro Estados Unidos que estas se deben a los vínculos del partido chií con los Guardianes de la Revolución iraní. Llegaron tras las declaraciones de Edward Gabriel, presidente del American Task Force for Lebanon (ATFL), de visita en Beirut: este había indicado, en respuesta a la pregunta de un periodista, que el presidente Trump estaría dispuesto a dialogar con Hezbolá, pero que este último no parece estar «listo» para ello.

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