Logotipo de Levant Time
Volver al artículo
Política

Conferencia de París: el ejército se enfrenta a decisiones difíciles (3/3)

Imagen destacada de la noticia
Retrato del autor
Por Nayla Assaf
Publicado feb 13, 2026 - 21:42

A pocas semanas de la Conferencia Internacional de París, prevista para marzo de 2026, cuyo objetivo es movilizar el apoyo internacional al ejército libanés, el comandante en jefe del ejército se encuentra en un punto de inflexión estratégico crítico. En un Líbano atravesado por incertidumbres políticas y regionales, cada decisión tomada sobre el terreno o dentro del estado mayor puede tener repercusiones mucho más allá de las fronteras e influir no solo en la supervivencia de la institución militar, sino también en la percepción internacional de su papel como estabilizador a nivel nacional.

Según el general Maroun Hitti, el ejército no solo se enfrenta a amenazas externas e internas: está sometido a una presión acumulativa, donde múltiples mandatos, decisiones políticas ambiguas y expectativas populares se combinan para poner a prueba su resistencia, cohesión y credibilidad. El desafío es doble: mantener su credibilidad en un contexto interno volátil y convencer a la comunidad internacional de que el ejército sigue siendo un pilar indispensable de la estabilidad del Líbano.

Estiramiento estratégico y frentes múltiples

El general Maroun Hitti destaca el «estiramiento estratégico y operacional» del ejército. Este está hoy llamado a vigilar los sectores del sur del Líbano, controlar las fronteras, garantizar la seguridad interior, luchar contra el terrorismo y limitar –implícita o explícitamente– las acciones de Hezbolá, todo ello mientras anticipa un posible enfrentamiento con las fuerzas sirias hostiles al partido chií.

Este «estiramiento» traduce una profunda tensión: tener que gestionar actores con estrategias contradictorias sin un mandato político claro y unánime ni medios adaptados. La consecuencia, si este riesgo no se controla, podría ser la dilución de las misiones, el agotamiento de la fuerza y el debilitamiento de la imagen del ejército; un escenario que comprometería la credibilidad de la tropa ante los donantes internacionales convocados en París.

Para el general Hitti, la solución pasa por tres ejes: un mandato claro y unánime del Consejo de Ministros, la determinación de una prioridad estricta en el nivel de las misiones y una alineación del apoyo internacional con las prioridades esenciales.

Cuando el ejército se convierte en sustituto

El ejército también se enfrenta al riesgo de instrumentalización política. Con demasiada frecuencia, fue utilizado como sustituto de decisiones no tomadas en relación con la soberanía nacional, la gestión de armas fuera del control del Estado o la política de defensa. Este papel ambiguo amenaza directamente la neutralidad institucional, fragiliza la cohesión interna y puede erosionar la confianza del público.

En el contexto de la Conferencia de París, este riesgo adquiere una dimensión adicional: la institución debe mostrar a los socios internacionales que su acción es profesional, neutral y eficaz, y no el reflejo de intereses políticos internos. Una comunicación estratégica clara se convierte entonces en un imperativo para evitar cualquier interpretación errónea de su papel.

Elecciones imposibles

Los riesgos externos persisten. Ataques israelíes limitados podrían degenerar en una confrontación abierta, obligando al ejército a reaccionar precipitadamente. El escenario temido es aquel en el que el ejército se convierte en chivo expiatorio si el ejército israelí no logra resultados rápidos contra Hezbolá. El ejemplo de 2006 permanece vivo en las mentes: 43 soldados muertos por una guerra no deseada por el pueblo libanés.

Pero más allá de las amenazas directas, el ejército debe hacer frente a una degradación invisible pero formidable, alimentada por la presión regional e internacional. La escalada que involucra a Hezbolá e Irán constituye un factor potencialmente explosivo. Cualquier conflicto regional podría desbordarse y arrastrar a Hezbolá a una confrontación existencial, desestabilizando el equilibrio político interno y forzando al ejército a tomar decisiones imposibles: permanecer neutral mientras protege el territorio, o intervenir en un escenario donde su legitimidad y seguridad se verían comprometidas. Esta escalada no es solo militar: es política y psicológica, con el riesgo de fragmentar la institución si las decisiones estratégicas carecen de claridad.

Paralelamente, el ejército debe lidiar con un posible cansancio de los donantes internacionales, lo que amenazaría directamente sus capacidades operativas. Una reducción o suspensión del apoyo podría afectar el mantenimiento del equipo en condiciones operativas, las infraestructuras y la formación, generando fallas críticas en materia de protección y movilidad, y contribuyendo a una degradación moral dentro de las tropas. En este contexto, la celebración de la conferencia de París constituye un factor clave: no es solo una oportunidad para reforzar el apoyo material, sino que también representa una prueba de confianza política y estratégica.

Un ejército bajo presión interna

Además de estas amenazas externas, el ejército se enfrenta a otras presiones heredadas desde su nacimiento:

  • La centralización excesiva del mando, que ralentiza la toma de decisiones en situaciones de crisis.

  • La sobrecarga de responsabilidades en la seguridad interior, en particular ante tensiones sociales y económicas.

  • Las insuficiencias de inteligencia y equipamiento, que limitan la reactividad y la seguridad de las fuerzas.

  • La pérdida de control sobre el relato público, que expone a la institución a críticas internas e internacionales.

Todas estas presiones acumulativas pueden resultar más peligrosas que una derrota militar clásica, ya que erosionan la cohesión, la disciplina y la credibilidad del ejército incluso antes de que ocurra un conflicto.

Preservar el ejército antes de combatir

Para el general Hitti, la supervivencia del ejército depende hoy menos de una victoria en el campo de batalla que de la capacidad de resistir el desgaste institucional y político. El comandante en jefe debe anticipar las crisis, proteger la cohesión de sus tropas, mantener la moral y la credibilidad de la institución, al mismo tiempo que rechaza mandatos no financiados o políticamente ambiguos. Cada decisión, plan o comunicación se convierte así en una palanca estratégica, crucial para convencer a los socios internacionales de la eficacia y fiabilidad de la institución.

Entre 2026 y 2030, el desafío para el ejército libanés no será solo vencer a un adversario, sino preservar la institución misma. Tres condiciones son esenciales:

1.    Una claridad política total con un mandato decidido por unanimidad, condición sine qua non para actuar.

2.    Una definición de las prioridades a nivel de las misiones para evitar el «estiramiento» estratégico y operacional.

3.    Una comunicación estratégica bien definida para dominar la retórica tanto a nivel interno como externo.

Sin estas condiciones, el ejército corre el riesgo de perder su papel de estabilizador nacional y de ver su unidad y credibilidad erosionarse bajo el peso del desgaste institucional y la ambigüedad política —un riesgo que la conferencia de París 2026 deberá tener en consideración.

Un desafío existencial

De lo anterior se desprende que el análisis de los dilemas del comandante del ejército pone de manifiesto una realidad esencial: la amenaza más grave no es una derrota militar, sino la erosión progresiva de la institución. Cada conflicto, cada incidente o presión política actúan como un pequeño «terremoto», revelando las profundas grietas que amenazan la cohesión y la credibilidad de la institución militar.

Entre misiones extendidas sin un mandato claro, instrumentalización política, riesgos de escalada regional y el cansancio de los donantes internacionales, el ejército está condenado a una gimnasia estratégica permanente: mantener su neutralidad mientras permanece preparado, preservar la unidad anticipando posibles fracturas, convencer al público y a los socios internacionales mientras gestiona presiones internas. Esta complejidad supera con creces el marco clásico de la guerra convencional: es un desafío institucional y existencial.

La conferencia de París 2026 encarna un momento decisivo. Es a la vez una oportunidad y una prueba. La confianza internacional se basa en la percepción de que la institución puede dominar sus misiones sin convertirse en instrumento de fracturas políticas internas o de maniobras regionales. Este es uno de los mayores desafíos a los que deberá enfrentarse su jefe. Para ello, habrá que darle todas las oportunidades de éxito.

Entre 2026 y 2030, el ejército libanés no solo tendrá que defender el territorio nacional: deberá defender su propia razón de ser. Su supervivencia y su papel de estabilizador dependen de elecciones políticas claras, de la disciplina institucional y de una visión estratégica —parámetros que solo una dirección resuelta y un apoyo unánime, tanto interno como internacional, podrán garantizar. En este contexto, la conferencia de París no será una simple reunión diplomática, sino que revelará la capacidad del Líbano para mantener su último pilar de estabilidad frente a la incertidumbre y las crisis multidimensionales.

Artículos relacionados
Ver todo
Vídeos relacionados
Ver todo
Podcasts relacionados
Ver todo