

De las comidas bíblicas a la Eucaristía y, más recientemente, al diálogo de Abu Dabi, la fraternidad cristiana se vive a través de la convivencia y el compartir. Esta es la cuarta y última entrega de nuestra serie.
El cristianismo es, en su esencia, vida en común. Basta observar cuántas de las escenas más significativas del Evangelio se desarrollan en torno a una comida y cuánta enseñanza transmite el Señor a la mesa. Es un espacio de hospitalidad compartida, de fronteras sociales trastocadas, de fraternidad gozosa y de comunión. En la Eucaristía, el acontecimiento central de la vida cristiana, la mesa se convierte en altar.
Fue precisamente durante una comida cuando nació la idea del Documento sobre la Fraternidad Humana de Abu Dabi, firmado en 2019 por el papa Francisco y el jeque Ahmad al-Tayyeb, gran imán de Al Azhar. Según America Today (1 de diciembre de 2020; véase también el sitio egipcio albawaba), el encuentro tuvo lugar en mayo de 2016, tras una sesión de trabajo en la Biblioteca Vaticana. Aquella conversación marcó la reanudación del diálogo entre la Iglesia católica y Al Azhar, la gran institución suní, luego de varios años de tensiones. Las relaciones entre la Santa Sede y Al Azhar se habían interrumpido tras el atentado contra la catedral copta de Alejandría, el 1 de enero de 2011. Benedicto XVI había subrayado entonces la necesidad de proteger a los cristianos en Egipto y en todo Medio Oriente, una declaración que la institución egipcia consideró una injerencia occidental indebida.
En síntesis, al término de la sesión de trabajo, el papa Francisco preguntó espontáneamente al gran imán de Al Azhar, Ahmad al-Tayyeb: “¿Tiene planes? ¿Va a almorzar en algún lugar?”. Al no haber nada previsto, el Papa ofreció: “¿Puedo invitarlo a almorzar?”. Fue durante esa comida cuando se planteó por primera vez la idea de redactar un documento conjunto sobre la fraternidad humana. Según Mohammad Sammak, secretario general del Comité Nacional para el Diálogo Islámico-Cristiano, el almuerzo tuvo lugar en la Domus Sanctae Marthae. Como el propio Papa diría después a la prensa, el significado del encuentro era claro: “El encuentro es el mensaje”.
“El método Francisco”: la fraternidad en acción
Durante la conmemoración del 60 aniversario de Nostra aetate (28 de octubre de 2025), León XIV reflexionó sobre este episodio y rindió homenaje a lo que denominó el “método Francisco” del diálogo interreligioso: la fraternidad hecha vida.
“Uno de los rasgos distintivos del pontificado del papa Francisco ha sido la búsqueda de la fraternidad universal”, afirmó. “En este punto, el Espíritu Santo lo ha ‘impulsado’ verdaderamente a avanzar con gran dinamismo en las aperturas e iniciativas ya emprendidas por sus predecesores, especialmente desde los tiempos de san Juan XXIII. El Papa ha promovido tanto el camino ecuménico como el diálogo interreligioso, sobre todo cultivando relaciones personales, de modo que, sin menoscabar los vínculos eclesiales, siempre se valore la dimensión humana del encuentro. ¡Que Dios nos ayude a aprender de su ejemplo!”.
En la misma sesión, León XIV añadió: “El diálogo no es una táctica ni una herramienta, sino una forma de vida, un camino del corazón que transforma a todos los que participan en él, tanto a quien escucha como a quien habla”.
“Fuera de la Iglesia no hay salvación”
Gracias a este “camino del corazón”, la aproximación a los textos ya no es la misma que en los primeros siglos, cuando la prioridad era defender la unidad de la Iglesia frente a cismas y herejías, y afirmar la centralidad de la fe en Cristo. “¡Fuera de la Iglesia no hay salvación!” era la consigna dominante. En ese contexto, se entendía que la salvación eterna requería el reconocimiento formal de Cristo y que la Iglesia católica era el lugar donde se recibía la gracia, particularmente a través de los sacramentos de iniciación, el bautismo y la confirmación.
Desde el Concilio Vaticano II, el desarrollo de una teología del Espíritu de la verdad que actúa más allá de los límites visibles de la Iglesia ha permitido interpretar este principio de manera menos excluyente. Ciertamente, según las Iglesias del mundo, la salvación proviene de Dios por medio de Cristo, y la Iglesia, como cuerpo místico de Cristo, sigue siendo el sacramento universal de salvación, el signo y medio ordinarios mediante los cuales Dios actúa y salva del pecado y de sus consecuencias. Sin embargo, como afirma el Catecismo de la Iglesia católica, quienes no son miembros formales de estas Iglesias pueden salvarse si, sin culpa propia, no han conocido el Evangelio y buscan sinceramente la verdad de Dios, siguiendo su conciencia y el “rayo de verdad” que su religión les ha manifestado (numerales 846-848).
Apoyándose en una afirmación poco estudiada de la constitución Gaudium et spes del Vaticano II, el teólogo francés Vincent Guibert subraya esta orientación del magisterio: “El Espíritu Santo ofrece a todos, de un modo conocido por Dios, la posibilidad de ser asociados al misterio pascual” (22, 5). Nostra aetate no expresa una visión distinta.