


Inicio de un fin de semana relativamente tranquilo, tanto en el plano libanés como regional, con la excepción de la persistencia de las operaciones militares en el sur del Líbano y en algunos sectores de la Bekaa.
Este domingo 17 de mayo debería entrar oficialmente en vigor la prolongación del cese de hostilidades por un período de 45 días, decidida el viernes durante la tercera ronda de negociaciones directas libanés-israelíes celebrada jueves y viernes en Washington, bajo el auspicio del Departamento de Estado. Aunque Israel dé oficialmente su aval a este nuevo alto el fuego (difícilmente podría no hacerlo), nada indica que los bombardeos aéreos contra infraestructuras de Hezbolá o la eliminación, mediante ataques selectivos, de cuadros del partido proiraní vayan a suspenderse por ello.
Mientras se espera la hora “H” del inicio de la tregua, la jornada del sábado estuvo marcada por una intensificación de los ataques de la aviación israelí y de los bombardeos de artillería pesada contra posiciones de la formación chiita en varios pueblos de los distritos de Tiro, Sidón y Nabatieh, provocando el desplazamiento de la población hacia la ciudad de Sidón.
Al mismo tiempo, un dron israelí sobrevolaba la capital y los suburbios del sur a muy baja altitud.
A nivel regional, los círculos políticos continúan esperando la decisión que el presidente Donald Trump debería tomar próximamente respecto al conflicto con Irán, a la luz de la posición definitiva del régimen iraní sobre las propuestas estadounidenses de paz.
El sábado, el ministro del Interior de Pakistán viajó a Teherán para discutir con los dirigentes iraníes la posibilidad de relanzar la mediación pakistaní con Estados Unidos antes de que la situación se deteriore en el plano militar.
Maniobra iraní
En esta etapa, fuentes iraníes informaron el sábado sobre conversaciones iniciadas por “países europeos” con la República Islámica para encontrar una salida al explosivo problema del estrecho de Ormuz.
Si esta iniciativa de algunos países europeos se confirma, no dejará de tener como consecuencia una rehabilitación del régimen de los mulás y un fortalecimiento de su posición frente a la administración Trump.
En la práctica, el poder iraní insiste en aprovechar la crisis actual para intentar imponer su soberanía sobre el estrecho de Ormuz con el objetivo de generar ingresos sustanciales que le permitan compensar parte de las pérdidas sufridas durante el conflicto armado con Estados Unidos e Israel.
Según ciertas fuentes de información, Teherán buscaría sortear el rechazo internacional unánime a cualquier política de peaje directo que los Guardianes de la Revolución intentaban imponer a los países que transitan por el estrecho.
Para la República Islámica, la solución alternativa que estaría siendo examinada por el Ministerio de Economía consistiría en cobrar, no un peaje, sino una especie de contribución financiera a cambio de “servicios” prestados a los barcos que circulan por esta vía marítima.
Entre esos “servicios” figuraría un “seguro” que cubriría riesgos muy específicos. Este tipo de “impuesto” encubierto permitiría generar ingresos particularmente elevados, superiores a los que podría garantizar un peaje clásico.
El régimen de los mulás no se conformaría con este tipo de “extorsión” estatal; también tendría la intención de llevar la maniobra aún más lejos tomando la decisión unilateral de ampliar considerablemente la zona marítima del estrecho que intenta someter a su soberanía.
Queda por ver si Estados Unidos, y sobre todo los países europeos, aceptarán bajar los brazos ante el chantaje iraní…