Logotipo de Levant Time
Volver al artículo
Strategia

OTAN 3.0: el despertar del gigante otomano, el reequilibrio de las alianzas (1/2)

El Palacio de Beştepe, epicentro del mundo

Imagen destacada de la noticia
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan nunca pierde la oportunidad de exhibir la «Guardia Histórica», compuesta por figurantes que visten los atuendos de guerreros de los distintos estados turcos a lo largo de la historia, desde la Horda de Oro hasta los jenízaros otomanos. Una forma de mostrar su apego a la historia turco-islámica y su rechazo al kemalismo laico y pro-occidental. (AFP)
Retrato del autor
Por Khalil Helou
Publicado jul 8, 2026 - 17:36

El 8 de julio de 2026, Ankara se convirtió en el escenario de un giro estratégico para la defensa colectiva europea y transatlántica. Bajo la presidencia de Recep Tayyip Erdogan, la apertura de la cumbre de 48 horas en el Palacio Presidencial de Beştepe marca el lanzamiento oficial de lo que varios funcionarios y analistas ya califican como la “OTAN 3.0”. El evento va mucho más allá del protocolo: reorienta las prioridades institucionales de la Alianza frente a múltiples desafíos, entre ellos la prolongada guerra en Ucrania, una confrontación latente con Irán, el riesgo potencial del terrorismo y la preocupación por las olas migratorias.

Todo ello converge en un momento en que la política estadounidense da prioridad al continente americano por encima de Europa y Oriente Medio. En este juego de equilibrios, Turquía emerge como un actor central, con capacidad de mediación, proyección regional y de recalibrar las prioridades de seguridad europeas y transatlánticas. Esta cumbre podría redefinir tanto los medios como los objetivos de la Alianza.

OTAN 3.0, una oportunidad para el poder turco

La evolución de la Alianza se interpreta ahora a través de tres grandes etapas. La OTAN 1.0 fue la de la Guerra Fría; la OTAN 2.0, la de las intervenciones posteriores al 11 de septiembre. Hoy, la OTAN 3.0, concepto popularizado por el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, redefine las prioridades. Ya no se trata únicamente de mirar hacia el este, hacia las llanuras ucranianas y Rusia, sino de incorporar el flanco sur. Mark Rutte, secretario general de la organización, ha insistido en ello: la Alianza debe ser capaz de gestionar simultáneamente una amenaza continental en el este (Rusia) y una inestabilidad híbrida en el sur (terrorismo y crisis migratorias), especialmente en el mar Negro, Oriente Medio y el norte de África. Se trata de un triunfo diplomático para Erdogan, que logró convencer a sus aliados de que la seguridad de Europa se juega tanto en el Bósforo como en Varsovia.

La “vitrina” tecnológica exhibida por Ankara

Para Erdogan, esta cumbre representa, ante todo, una demostración del poder de la industria militar turca. Los avances tecnológicos del país han reforzado su peso en el tablero geopolítico regional e internacional. Al incorporar un foro industrial a la cumbre de la OTAN, Erdogan pone en primer plano a las 3500 empresas del sector de defensa de Turquía. Ya no es un país que únicamente solicita equipamiento, como sistemas de defensa antiaérea o cazas de quinta generación. Ahora también exhibe sus drones Bayraktar, que ya demostraron su eficacia en Ucrania, además de vehículos blindados y sistemas de defensa electrónica.

Esta “vitrina” pone de relieve una realidad que se venía gestando desde hace dos décadas: el regreso de Turquía como una potencia relevante tras un siglo de eclipse. Sin embargo, la celebración de la cumbre en Ankara también provocó fuertes críticas de organizaciones no gubernamentales por la represión interna. Más de 200 opositores y activistas fueron detenidos de forma preventiva poco antes del encuentro, recordando que la estabilidad turca tiene un elevado costo político.

La exigencia turca de eliminar las restricciones

Ankara llegó a la cumbre con demandas muy claras. La primera consiste en levantar las restricciones comerciales dentro de la OTAN. Varios países occidentales, entre ellos Estados Unidos, Francia y Alemania, mantienen embargos de facto sobre componentes críticos necesarios para fabricar drones y sistemas de defensa. Estas limitaciones fueron impuestas tras la compra por parte de Turquía de los misiles rusos S-400 y sus operaciones contra las milicias kurdas en Siria, afectando seriamente a la industria de defensa turca.

Erdogan considera estas medidas injustas. Grandes empresas como Baykar, fabricante de drones de ataque como el Bayraktar, o Turkish Aerospace Industries, productora de aviones de combate y helicópteros de ataque, dependen de la importación de motores y componentes occidentales específicos para cumplir con sus voluminosas carteras de pedidos y, sobre todo, para culminar el desarrollo del caza de quinta generación Kaan.

El pulso industrial: SAFE y el SAMP/T

La segunda exigencia turca se refiere al programa europeo SAFE (Security Action for Europe). Dotado de 150,000 millones de euros, este mecanismo financiero de la Unión Europea, creado en mayo de 2025, busca financiar compras conjuntas de armamento y fortalecer la industria militar europea de aquí a 2030. Hasta ahora, Turquía permanece excluida porque no se alinea plenamente con la política exterior europea. Erdogan considera esta exclusión discriminatoria: “Europa no puede repartir la carga de la defensa si excluye del presupuesto tecnológico al segundo ejército más grande de la OTAN”.

El tercer asunto es el más complejo: el sistema de misiles franco-italiano SAMP/T (Sistema Tierra Aire de Alcance Medio). Este sistema constituye el equivalente europeo del Patriot estadounidense, cuya venta a Turquía fue restringida por Washington tras la adquisición de los S-400. El SAMP/T es un sistema móvil de defensa antimisiles y antiaérea de medio y largo alcance, altamente automatizado y de última generación.

Turquía quiere acceder a esta tecnología para construir su propio escudo antimisiles, denominado “Steel Dome” o “Cúpula de Acero”. Aunque París y Roma han dado un giro estratégico al abrir la puerta a negociaciones para su suministro, el principal obstáculo sigue siendo tecnológico e industrial. Ankara exige transferencia de tecnología y coproducción en territorio turco, no simplemente autorización para comprar el sistema. Francia e Italia mantienen una postura cautelosa y reclaman garantías estrictas sobre la protección de la propiedad intelectual y la ausencia de interferencias con los sistemas rusos S-400.

La afinidad entre Trump y Erdoğan frente al bloqueo del Congreso

La cumbre también sirve de escenario para la “diplomacia de la amistad” entre Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan. El presidente estadounidense no oculta su admiración por el “gran líder” turco. Esta relación personal ha permitido destrabar el expediente de los F-35. El inminente anuncio de Donald Trump sobre la reincorporación de Turquía al programa F-35 representa un importante giro geopolítico. Excluida del programa en 2019 tras adquirir los misiles rusos S-400, Ankara vive actualmente un claro acercamiento diplomático, reflejado también en un proyecto estadounidense para vender motores destinados al caza Kaan, mediante un contrato valorado en 700 millones de dólares.

Sin embargo, el Congreso de Estados Unidos mantiene el veto legal que impide la entrega de los F-35, ya pagados y almacenados en territorio estadounidense, mientras Turquía conserve la tecnología rusa de los S-400, considerada una amenaza para las capacidades furtivas del avión. Para superar el estancamiento, Washington estudia revender esos sistemas S-400 a un tercer país neutral, como Corea del Sur. Este acercamiento altera el equilibrio de fuerzas tanto en Oriente Medio como en Europa y ha provocado una fuerte oposición de Israel y Grecia, que presionan a Washington para impedir la operación.

El control del mar Negro

Ankara, guardiana de los estrechos. Desde 2022, el mar Negro se ha convertido en un escenario de confrontación militar directa, alterando los corredores mundiales de exportación de cereales y energía. Como anfitriona de la cumbre de la OTAN, Turquía reafirma su papel de guardiana soberana de los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos, en virtud de la Convención de Montreux de 1936, aplicando sus disposiciones para restringir el acceso de buques de guerra pertenecientes a países no ribereños. Esta postura obliga a la Alianza a replantear su presencia naval y convierte a Ankara en un actor indispensable para la seguridad de una cuenca estratégica, altamente sensible y de acceso limitado.

El MCM y la defensa colectiva en el mar Negro

Frente a la creciente militarización de Crimea y al despliegue de sistemas rusos de misiles costeros, la OTAN creó una fuerza trilateral integrada por Turquía, Rumanía y Bulgaria, operativa desde julio de 2024: el MCM (Mine Countermeasures Black Sea Task Group). Su misión principal consiste en asegurar el mar Negro frente a minas a la deriva y posibles actos de sabotaje contra infraestructuras marítimas críticas. Turquía desempeña un papel central mediante rotaciones periódicas destinadas a proteger el flanco oriental de la Alianza, respetando al mismo tiempo la Convención de Montreux, un mecanismo clave para preservar el equilibrio regional y evitar una escalada abierta con Moscú.

Artículos relacionados
Ver todo
Vídeos relacionados
Ver todo
Podcasts relacionados
Ver todo