

Esta segunda parte de una serie de cuatro artículos analiza la gestación y las primeras implicaciones del Pacto de La Meca, una alianza tripartita entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán. Desde el «Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua» (AEDM) saudí-pakistaní hasta la cumbre de Estambul, este análisis repasa la construcción gradual de un mecanismo de seguridad colectiva, enfrentado a las ambiciones iraníes, las reconfiguraciones regionales y los límites del liderazgo estadounidense. El artículo también examina la complementariedad entre los recursos financieros, tecnológicos y militares saudíes y los de los otros dos miembros, así como los desafíos de su institucionalización.
Con la reunión en Estambul de los ministros de Defensa de los tres países firmantes del Pacto de La Meca(1), el pasado 31 de agosto, y ante la perspectiva de una reconfiguración del equilibrio de fuerzas en Oriente Medio, resulta cada vez más claro que las responsabilidades de seguridad y defensa de los países miembros de este Pacto empiezan a repartirse y a tomar forma. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer antes de que pueda compararse con la OTAN u otras alianzas militares, o con alianzas anteriores entre los países de la Liga Árabe, en particular la «Defensa Árabe Común» (الدفاع العربي المشترك), que no sobrevivió más allá de 1973.
Si la alianza militar de los tres países se concreta mediante un mínimo de unificación de sus capacidades militares, sin duda obligará a Irán a revisar sus estrategias asimétricas, a Israel a replantearse su hegemonía militar regional y a actores globales como India y Rusia a ajustar sus alianzas multipolares. Sin embargo, todavía no está claro cómo este inédito eje tripartito lograría compensar las limitaciones estructurales del liderazgo estadounidense en la región ni cómo podría prescindir de él.
Primer hito: cooperación bilateral saudí-pakistaní
El cuestionamiento del liderazgo y las garantías estadounidenses surgió hace un año y medio, cuando los países de Oriente Medio manifestaron su deseo de depender cada vez más de sí mismos y de alianzas multipolares, y ya no de una alianza exclusiva con los estadounidenses, aunque sin renunciar a sus estrechos vínculos con Washington. Esta reconfiguración comenzó con el Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua (AEDM) saudí-pakistaní, firmado el 17 de septiembre de 2025 en el palacio de Al-Yamamah, en Riad. Este acuerdo constituye la base bilateral directa sobre la que se asentó el Pacto de La Meca, firmado el 7 de agosto de 2026.
Rubricado por el príncipe heredero saudí Mohammad Bin Selman y el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif, el AEDM transformó la relación entre ambos países, que pasó de ser un acuerdo transaccional a una alianza de seguridad vinculante. Los dos Estados se comprometieron «de iure» con el principio de que toda agresión armada contra uno de ellos sería tratada como una agresión directa contra ambos. La firma del AEDM se produjo apenas unos días después del ataque israelí del 9 de septiembre de 2025 contra objetivos de Hamás en Catar, un acontecimiento que provocó un terremoto en materia de seguridad en el Golfo.
Para Riad, este pacto bilateral representaba una fuerte señal diplomática dirigida a Estados Unidos. Ante el creciente escepticismo sobre la fiabilidad absoluta del escudo estadounidense frente a las amenazas regionales, Arabia Saudí buscó alternativas estratégicas inmediatas. El acuerdo generó una enorme perplejidad internacional debido a la condición militar de Pakistán, la única potencia nuclear del mundo islámico.
Las declaraciones del ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Mohammad Asif, sugirieron inicialmente que Arabia Saudí pasaría a beneficiarse del paraguas nuclear de Islamabad, pero al mismo tiempo Riad matizó esas afirmaciones para evitar una crisis de no proliferación con las potencias occidentales. Además, el tratado estipuló formalmente el despliegue operativo de fuerzas armadas, aviones de combate y sistemas de defensa pakistaníes en territorio saudí, algo que ya se ha llevado a la práctica. Al convertir la seguridad de Arabia Saudí en una prioridad para Islamabad, este acuerdo sentó la primera piedra de una construcción mucho más amplia: la de una alianza capaz de ofrecer una alternativa al mundo suní.
Después de la ASDM, el Regional Four o Grupo R4
Durante el primer semestre de 2026, Riad e Islamabad llevaron a cabo intensas consultas con Ankara y El Cairo para estructurar lo que los observadores denominan la «seguridad suní». Más tarde, tras el estallido de las hostilidades entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro, el grupo de los cuatro países pasó a denominarse grupo R4 o Regional Four. Una de sus primeras acciones concretas fue la mediación neutral entre Estados Unidos e Irán. Impulsado por el éxito diplomático inicial de Islamabad en este ámbito, el grupo R4 trató de desarrollar sus propios vínculos cuadrilaterales hasta convertirlos en un tratado de seguridad colectiva. Posteriormente, Egipto se negó a sumarse al componente militar, prefiriendo mantener una postura estrictamente diplomática frente a Irán e Israel.
Nacimiento del Pacto de La Meca
El camino hacia el Pacto de La Meca se aceleró rápidamente durante el verano de 2026, tras los repetidos ataques iraníes con misiles y drones contra las infraestructuras de exportación de petróleo del Golfo, que demostraron de forma contundente la insuficiencia de los sistemas tradicionales de defensa antimisiles frente a las sofisticadas amenazas asimétricas de Teherán. Estos ataques, que amenazaban tanto la economía de los países del Golfo como la economía mundial, obligaron a ultimar las cláusulas militares del acuerdo. Ya no se trataba de debatir los contornos teóricos de una alianza, sino de poner en común capacidades de defensa, información e inteligencia capaces de cubrir el cielo del Golfo frente a incursiones hostiles. Así tomó forma una alianza militar operativa. Esta dinámica dio origen al Pacto de La Meca el 7 de agosto de 2026.

La convergencia de las complementariedades dentro de este bloque podría resultar sumamente eficaz si los recursos de cada uno de sus miembros se aprovechan de manera eficiente, pues cada uno aporta un valor añadido específico e indispensable para el equilibrio del conjunto. Asimismo, durante la firma, los altos responsables de los tres países afirmaron formalmente que este acuerdo no estaba vinculado a ninguna ambición nuclear, transferencia de tecnología ni despliegue de un paraguas atómico. El viceministro saudí Rayed Krimly precisó, en particular, que el pacto tenía como único objetivo el desarrollo de capacidades convencionales sostenibles.
El papel saudí
Riad aporta la solidez financiera y la centralidad diplomática de la alianza. El Reino aspira a ser no solo su financiador, sino también el eje político y el centro logístico del Pacto. Con este fin, los saudíes invierten masivamente en infraestructuras locales de defensa. Esto responde a la estrategia de soberanía militar de Arabia Saudí establecida por la Visión 2030. Riad está nacionalizando gradualmente su defensa para depender cada vez menos de la importación de armas y equipos militares.
El presupuesto de defensa saudí para 2025-2026 asciende a 72.500 millones de dólares, es decir, aproximadamente el 21,2 % del presupuesto total del Estado. Esta es la base que financiará la interoperabilidad dentro del Pacto. Al margen del Pacto, la mitad del gasto militar deberá financiar las industrias locales de defensa de aquí a 2030, frente a apenas el 2 % en 2016 y cerca del 19,35 % en 2026. En este contexto, y en asociación con empresas armamentísticas turcas y occidentales, la Autoridad General de Industrias Militares Saudíes (GAMI)(2) y la empresa pública de defensa (SAMI)(3) producen ahora sistemas de drones diseñados localmente. Por último, el Reino ha firmado contratos de defensa con compañías occidentales y rusas que exigen la transferencia de tecnología y la creación de centros de Mantenimiento, Reparación y Operaciones (MRO) en territorio saudí.
Esto permite al país reconfigurar y reparar por sí mismo las flotas aéreas, navales o terrestres utilizadas por sus fuerzas y las de sus aliados en caso de conflicto. Así, Arabia Saudí utiliza el Pacto para consolidarse como proveedor parcial de material y equipos militares, además de su papel central en la seguridad regional. No pretende limitarse a comprar protección a sus aliados del Pacto: aspira a ser coorganizadora y a convertirse en el eje que dirija una complementariedad asimétrica, combinando sus flamantes centros logísticos con la tecnología militar turca y la capacidad pakistaní de despliegue de fuerzas. Si Riad lo logra, asumirá de facto el liderazgo político de este pacto.
(continuará)
(1) Pacto de Defensa Mutua firmado entre el Reino de Arabia Saudí, Pakistán y Turquía el 7 de agosto de 2026.
(2) La GAMI (General Authority of Military Industries) fue creada en agosto de 2017 por el Gobierno saudí. Es el organismo estatal encargado de regular, estructurar y desarrollar el sector de defensa en Arabia Saudí, así como de distribuir sus presupuestos. Está presidida por el príncipe heredero Mohammad bin Salman.
(3) La SAMI (Saudi Arabian Military Industries) es la compañía nacional de defensa de Arabia Saudí. Creada en mayo de 2017, pertenece en un 100 % al Fondo de Inversión Pública saudí (PIF). Posee las fábricas, contrata a los ingenieros, fabrica material militar y podría convertirse en un pilar esencial del apoyo logístico e industrial al Pacto de La Meca.