
Peligrosa escalada en el estrecho de Ormuz; firme respuesta de la Administración estadounidense


La visita que el presidente Emmanuel Macron inició el lunes por la noche en Damasco, acompañado por una importante delegación ministerial y por directivos de las principales empresas francesas, adquirió en el contexto actual una relevancia que va mucho más allá de la dimensión habitual de las visitas oficiales de rutina. Sin embargo, quedó marcada por un grave incidente de seguridad.
En el plano político, las conversaciones entre Macron y el presidente sirio Ahmed al Sharaa consolidaron el regreso de Siria, después del régimen de Assad, a la comunidad internacional.
Un regreso tanto político como económico.
Los dos jefes de Estado anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, interrumpidas tras las masacres perpetradas por el régimen baasista contra la población durante la guerra civil que estalló en 2011.
El alcance económico de esta visita tampoco puede pasarse por alto, especialmente porque refleja una evidente convergencia de intereses entre ambos países.
Francia se posiciona, de hecho, como uno de los principales actores en el gigantesco proceso de reconstrucción y desarrollo que Siria necesita con urgencia tras décadas de un modelo estatista que resultó profundamente destructivo.
El presidente Al Sharaa dejó claro que es plenamente consciente de ello, al defender una “asociación económica con Francia”, que considera un primer paso o un modelo para una futura asociación con la Unión Europea.
En ese marco, ambos mandatarios subrayaron la necesidad de que Siria vuelva a convertirse en un “centro energético”, a la luz de las actuales circunstancias internacionales.
En su cuenta personal de X, el presidente Macron resumió el objetivo de su visita con estas palabras: “Una nueva asociación entre Siria y Francia, para una nueva era”.

Este regreso de Siria al concierto de las naciones, bajo el signo de un indispensable desarrollo socioeconómico y, sobre todo, de la construcción de un Estado central que represente la antítesis del dominio de milicias subordinadas a una potencia hegemónica regional, no parece agradar a quienes buscan mantener a toda la región del Levante en una situación de inestabilidad crónica y de guerra permanente, sin fin y sin horizonte.
Esa voluntad de desestabilización se manifestó mediante un doble atentado con explosivos en las inmediaciones del lugar donde se alojaba el presidente Macron.
El mandatario francés había abandonado la zona para dirigirse al palacio presidencial sirio, donde lo esperaba el presidente Al Sharaa, apenas quince minutos antes de que se produjeran las dos explosiones.
Según el balance más reciente, el ataque dejó un muerto y una treintena de heridos, entre ellos cuatro oficiales de la gendarmería siria y el viceministro de Turismo.
El atentado, condenado por el presidente Joseph Aoun, quien tiene previsto viajar a Washington el 21 de julio, y por Arabia Saudita, no alteró en absoluto el programa de la delegación francesa.
Escalada en Ormuz
¿Pura coincidencia o una sincronización cuidadosamente planificada?
El doble atentado en Damasco coincidió con la reanudación de los ataques lanzados por la Guardia Revolucionaria Islámica contra embarcaciones que atraviesan el estrecho de Ormuz sin someterse a las condiciones impuestas por los Pasdarán.
En un lapso de 24 horas, fuerzas iraníes dispararon contra tres buques que navegaban por esa vía marítima, entre ellos un buque metanero de Catar y un petrolero saudita.
Catar reaccionó con firmeza y condenó en duros términos lo que calificó como una “agresión iraní inaceptable”, al tiempo que instó a la República Islámica a poner fin de inmediato a sus acciones “agresivas que ponen en peligro la seguridad en el Golfo”.
El Ministerio de Relaciones Exteriores catarí convocó al encargado de negocios iraní para protestar por el ataque contra el metanero, que, según algunas informaciones, corre el riesgo de explotar debido a los daños sufridos.
Ya entrada la noche, el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní calificó de “desconcertante” y “contraria al principio de buena vecindad” la reacción de Catar.
Por su parte, un alto funcionario estadounidense afirmó que Irán violó los términos del memorando de entendimiento firmado entre Estados Unidos y la República Islámica, al señalar que la Guardia Revolucionaria atacó un tercer buque mercante el martes al final de la jornada.
El funcionario añadió que, en ese contexto, las fuerzas estadounidenses derribaron varios drones iraníes sobre el estrecho de Ormuz.
La cuestión ahora es si, en respuesta a la violación del memorando de entendimiento, Estados Unidos lanzará o no ataques aéreos contra posiciones e infraestructura militar iraní, y cuál sería el alcance de esas operaciones.
Al cierre de la jornada, la agencia Reuters citó a un funcionario estadounidense que afirmó que “Estados Unidos no aceptará bajo ninguna circunstancia el comportamiento de Irán en el estrecho de Ormuz, y esto tendrá consecuencias”.
Consecuencias que no tardaron en materializarse. El Departamento del Tesoro anunció el restablecimiento de las sanciones económicas contra el petróleo iraní y, cerca de la medianoche, hora del Levante, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) informó que había lanzado “potentes ataques” contra la República Islámica en respuesta a las agresiones contra buques en el estrecho de Ormuz.
En este contexto de tensión creciente, conviene destacar otros dos acontecimientos que en los últimos días ilustran el clima de escalada en el que parecen querer embarcarse los Pasdarán y el ala más radical del régimen iraní: por un lado, la reactivación de la actitud beligerante de la milicia hutí, respaldada por Irán, contra Arabia Saudita; y por otro, la abierta hostilidad, acompañada de insultos, expresada públicamente por manifestantes durante los funerales de Ali Jamenei contra el presidente iraní y el ministro de Relaciones Exteriores, a quienes acusaron de adoptar posturas demasiado complacientes con Estados Unidos.
La corriente denominada radical dentro del régimen exhibe cada vez con mayor claridad posiciones de confrontación en el pulso que mantiene con la Administración Trump. ¿Refleja este comportamiento la intención de sabotear un eventual acuerdo con Washington? Al mismo tiempo, ¿seguirá el ocupante de la Casa Blanca maniobrando y dando prioridad a la vía “diplomática”, pese a la escalada impulsada por los Pasdarán y a la actitud, con frecuencia arrogante y al borde de la insolencia, que estos mantienen hacia Estados Unidos y sus dirigentes?