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Análisis

León XIV… Líbano y la Tercera Independencia!

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Por Ziad Al-Sayegh
Publicado mar 8, 2026 - 04:36

La visita del Papa León XIV al Líbano no es una visita común, es un momento histórico que impone su carácter excepcional. En esta patria-mensaje, y en toda la región y el mundo, convergen grandes confrontaciones: la paz frente a la guerra, el diálogo frente a la violencia, la moderación frente al fanatismo, la diversidad frente a la uniformidad, la humanización frente al populismo, la Constitución frente a las leyes de excepción, el derecho frente al caos, la ciudadanía frente al Minoritismo y al Mayoritismo, el Estado frente a la no-estatalidad, la gobernanza frente a la corrupción. El Líbano y el mundo libre viven estas tensiones en un momento en que el país tiene una oportunidad única para demostrar su capacidad de levantarse nuevamente.

Durante cinco décadas, la Santa Sede nunca renunció a la idea del Líbano como un “Estado modelo”, a pesar de los colapsos políticos, económicos y soberanos. Un cardenal dijo alguna vez: “Creen que el Líbano histórico está muriendo, pero su resurrección vendrá de su élite, residente y de la diáspora.” Era una señal clara de que la apuesta sigue siendo por los propios libaneses.

El Papa Francisco, hoy fallecido, enfrentó esta realidad con claridad espiritual y política. Besó la bandera libanesa y movió la diplomacia vaticana para proteger la identidad civilizacional del país, pero se negó a visitar Beirut en aquel momento, enviando un mensaje inequívoco: no a la alianza de minorías, no a la no-estatalidad, no a la corrupción, no a la confusión entre la Iglesia y el poder político, no a convertir al Líbano en una plataforma de conflictos. Era el diagnóstico de un Estado en erosión y de una fórmula civilizacional amenazada.

Hoy, León XIV llega bajo un título unificador: paz. Una paz que no es solo el opuesto de la guerra, sino el opuesto del colapso moral, de la renuncia nacional y de la complicidad en la destrucción del Estado. Es resistencia frente a las armas ilegales, frente a las alianzas que fabrican minorías imaginarias, frente a los fanatismos que socavan la Constitución, paralizan las instituciones y amenazan la convivencia.

Viene a afirmar que el Líbano merece la vida, merece la resurrección y merece un Estado a la altura de su mensaje. Viene a reavivar la voluntad de un pueblo agotado y a recordar a una élite vacilante que el mundo todavía ve en el Líbano un espacio de libertad y responsabilidad. La elección del Líbano como primera parada después de Turquía no es casualidad, es un mensaje de que su colapso golpea el corazón del pluralismo en todo Oriente y más allá.

Su mensaje a los libaneses es claro: “O salvan su Estado, o pierden su misión.” No hay espacio para medio Estado o media soberanía, ni para mezclar buena gobernanza con manipulación política, ni para ceder al chantaje de las armas bajo el pretexto de la paz civil. La verdadera paz se basa en la ciudadanía, en la Constitución y en la legitimidad internacional.

Su mensaje al mundo también es claro: “Salvar al Líbano es defender al ser humano”, defender un pluralismo amenazado, preservar un puente entre Oriente y Occidente. La paz se convierte en un proyecto de liberación: liberar al ser humano del miedo, al Estado de la dependencia, a la política de la corrupción, y a la identidad libanesa de la distorsión.

La visita se convierte en una oportunidad para escribir un nuevo capítulo, la tercera independencia: la independencia del Estado frente al caos, de la verdad frente a la falsificación, del ser humano frente a sistemas que destruyen el bien común.

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