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Opinión

Basta de resoluciones, es hora de actuar

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Por Hadi El-Assaad
Publicado abr 11, 2026 - 17:30

El Líbano ya no tiene el lujo de las ambigüedades.

En un contexto de colapso generalizado — económico, institucional y social por un lado, y de guerra implacable sobre nuestro país — una verdad se impone con urgencia absoluta: no puede haber recuperación ni afirmación del papel del Estado sin el restablecimiento pleno y total de su autoridad.

Ahora bien, en este punto esencial, ya se ha dado un avance mayor: la decisión clara de afirmar la ilegalidad de la formación militar de Hezbolá y la concentración de las armas en manos de las fuerzas armadas legítimas.

Esta decisión es justa. Es necesaria. Es vital.

Pero hoy sigue siendo insuficientemente aplicada.

Entre la decisión y la ejecución: la brecha peligrosa

El Líbano sufre menos de un déficit de textos o de posiciones que de un déficit de ejecución. Con demasiada frecuencia, las decisiones soberanas se toman… para luego quedar en suspenso, vaciadas de su sustancia por la inacción, los compromisos o el miedo al enfrentamiento.

En este contexto, el mantenimiento por parte de Hezbolá de una capacidad militar autónoma, en contradicción directa con esta decisión del Estado, constituye un desafío frontal a la autoridad nacional. No se trata tan solo de una anomalía institucional: es una puesta en cuestión del principio mismo de soberanía.

Ante esto, la ambigüedad ya no es una opción. El attentismo tampoco.

La exigencia de firmeza

Lo que se espera ahora de las autoridades políticas libanesas es claro: traducir la decisión en actos. Con método, con responsabilidad, pero sobre todo con firmeza.

No se trata de una escalada, ni de una postura. Se trata de un imperativo soberano. Toda complacencia prolongada no hará sino agravar las fracturas internas y exponer aún más al país a las turbulencias regionales.

Las Fuerzas Armadas libanesas deben ser colocadas en el centro de esta dinámica. Gozan de legitimidad nacional y de la confianza de una amplia parte de la población. Pero es necesario darles los medios políticos y operativos para asumir plenamente su papel.

Salir del miedo

El verdadero obstáculo hoy no es la ausencia de soluciones. Es el miedo a ponerlas en práctica.

Miedo a las tensiones. Miedo a las reacciones. Miedo al coste político a corto plazo.

Pero la historia reciente del Líbano nos enseña una cosa: el coste de la inacción es siempre más elevado que el del coraje. Cada retroceso del Estado ha sido pagado con un debilitamiento duradero de sus instituciones y un deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos.

Es tiempo de invertir esta lógica.

Un llamamiento a la movilización ciudadana

En esta fase decisiva, la responsabilidad no recae únicamente sobre los dirigentes. Incumbe también al conjunto de la sociedad.

Un movimiento popular, pacífico pero decidido, debe emerger para apoyar la aplicación efectiva de las decisiones del Estado. No contra una parte de los libaneses, sino a favor de un principio fundamental: un solo Estado, una sola autoridad, una sola fuerza armada legítima.

Este apoyo es esencial para dar a los responsables el coraje de actuar y para aislar políticamente toda forma de negativa a conformarse con la legalidad nacional.

La hora de la verdad

El Líbano se encuentra en una encrucijada.

O las decisiones soberanas permanecen como declaraciones sin mañana, y el país prosigue su lenta erosión. O son por fin aplicadas con la determinación que exige la gravedad de la situación, y una perspectiva de recuperación vuelve a ser posible.

La elección está ahí. Es clara.

Decretar ya no basta.

Hay que actuar.

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