

La apuesta energética frente al colapso económico
Con la firma del acuerdo de delimitación de fronteras marítimas con Chipre en 2025, la explotación de los recursos offshore se presenta como una palanca potencialmente decisiva para la reactivación de la economía libanesa, en profunda crisis.
Aunque este acuerdo ha proporcionado un marco jurídico formal para las fronteras marítimas, no ha disipado todos los desafíos económicos y geopolíticos. Los plazos de explotación, las persistentes disputas regionales y los bloqueos políticos sitúan al Líbano ante una ecuación compleja: aprovechar las oportunidades energéticas sin comprometer sus intereses nacionales.
El petróleo primero: del riesgo jurídico a la elección del acuerdo
Según el general Khalil Gemayel, experto en delimitación de fronteras marítimas, el Líbano estaba convencido de que recurrir a las jurisdicciones marítimas internacionales para resolver la disputa con Chipre habría transformado los bloques petroleros libaneses adyacentes a ese país —los bloques 1, 3, 5 y 8— en zonas disputadas hasta la emisión de una decisión definitiva.
Una situación así habría, de facto, provocado un retraso considerable en las operaciones de exploración, ya que las grandes compañías petroleras internacionales evitan sistemáticamente las zonas litigiosas.
Bajo esta lógica, la firma del acuerdo fue percibida como un medio para sacar a estas zonas de la incertidumbre jurídica y hacerlas inmediatamente explotables, sin obstáculos legales.
Clarificación jurídica, explotación aplazada
Sin embargo, Gemayel matiza fuertemente esta interpretación. Recuerda que la reciente adjudicación del bloque libanés n.º 8 concedió al consorcio liderado por TotalEnergies un plazo de tres años para decidir, a la luz de los resultados de los estudios sísmicos, si procederá o no a la perforación de un pozo.
Según él, este período «abierto» podría, en la práctica, resultar mucho más largo que el tiempo que habría requerido una decisión dictada por una jurisdicción internacional competente, decisión que habría garantizado los derechos del Líbano y fijado sus fronteras marítimas con Chipre de manera definitiva, clara y sin ambigüedades, sin dejar lugar a interpretaciones.
Logros jurídicos limitados en un entorno diplomático complejo
Gemayel no espera que el acuerdo contribuya de manera significativa al fortalecimiento de la estabilidad jurídica o diplomática del Líbano. Estima que el acuerdo se concluyó sin la implicación de un actor clave en la delimitación de las fronteras, a saber, Siria. También subraya que Turquía rechaza cualquier menoscabo a los derechos de los chipriotas turcos en la República Turca del Norte de Chipre.
Turquía y Siria: actores ausentes pero determinantes
Advierte que Turquía impide concretamente, mediante la presencia de sus buques militares, que cualquier compañía petrolera realice actividades de prospección en las zonas que considera que pertenecen a los derechos de los chipriotas turcos.
Esta realidad, combinada con la disputa marítima no resuelta con Siria, podría constituir un riesgo tanto práctico como político para la implementación efectiva del acuerdo.
El punto tripartito en suspenso: una bomba fronteriza de relojería
Gemayel subraya que el acuerdo dejó en suspenso la cuestión del punto tripartito n.º 7 (Siria – Chipre – Líbano), a la espera de la finalización de la delimitación con Siria. Sin embargo, según él, el problema es mucho más profundo.
Damasco considera que la zona marítima en disputa con el Líbano se extiende desde el punto libanés n.º 5 al sur hasta el punto n.º 7 al norte, cubriendo una superficie controvertida estimada en unos mil kilómetros cuadrados. Gemayel advierte que esta situación podría transformarse, a la larga, en un verdadero problema estratégico para el Líbano.
La hoja de ruta necesaria: acelerar la delimitación y compensar las pérdidas
A la luz de estos elementos, Gemayel estima que el Líbano debe, con prioridad, acelerar la resolución de la disputa marítima con Siria para fijar definitivamente sus fronteras septentrionales.
También insta a agilizar la adjudicación y explotación de los bloques petroleros libaneses adyacentes a Chipre, con el fin de compensar una parte de las pérdidas inducidas por un acuerdo que considera, en su esencia, desequilibrado.
Lectura estratégica del acuerdo: tres enseñanzas clave
Si bien las declaraciones de Gemayel ponen de manifiesto claramente los riesgos jurídicos y geopolíticos, una lectura estratégica destaca tres observaciones principales:
Inversiones rápidas, incertidumbre temporal
1. La prioridad económica a corto plazo: el Líbano ha optado por eliminar los obstáculos jurídicos para tranquilizar a los inversores y atraer rápidamente a las compañías petroleras. Sin embargo, este enfoque no ha permitido una explotación inmediata de los recursos, especialmente debido al largo plazo concedido para el bloque 8.
Los conflictos regionales resurgen en el mar
2. La persistencia de las amenazas regionales: las disputas con Siria y la negativa de Turquía a reconocer los derechos de los chipriotas turcos exponen al Líbano a riesgos recurrentes susceptibles de obstaculizar la exploración y la producción. El acuerdo proporciona un marco jurídico, pero no ofrece una protección real contra las tensiones políticas o militares.
Fronteras definidas, soberanía frágil
3. Un equilibrio interno frágil: el acuerdo refleja una decisión política rápida, pero deja al Líbano con fronteras jurídicamente definidas, aunque vulnerables a futuras impugnaciones. Esta situación reduce el margen de maniobra del país en futuras negociaciones y afecta a las repercusiones económicas esperadas.
Conclusión: un acuerdo jurídico sin garantías estratégicas
En definitiva, el acuerdo con Chipre ofrece al Líbano una estabilidad formal y un marco jurídico de referencia, pero lo expone a desafíos estratégicos importantes. El éxito de este acuerdo como herramienta de soberanía económica y seguridad energética dependerá de la capacidad del Líbano para resolver rápidamente la disputa con Siria, acelerar las operaciones de exploración y gestionar con prudencia sus relaciones regionales, con el fin de transformar un simple texto jurídico en una verdadera oportunidad para la economía nacional y el sector energético.
Artículo anterior: ZEE Líbano-Chipre: entre logros jurídicos y pérdidas marítimas