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Cultura

El impresionismo libanés: de la grisalla parisina a la luz del Monte Líbano (1/4)

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Por Micha Moussallem
Publicado abr 5, 2026 - 20:37

El año 2026 marca el centenario de la muerte de Claude Monet, uno de los pioneros del impresionismo. De hecho, fue una de sus obras, Impresión, sol naciente, la que dio nombre al movimiento impresionista.

El movimiento surge en Francia en la década de 1870, impulsado por artistas como Claude Monet, Auguste Renoir o Camille Pissarro. Rompiendo con las rígidas normas de la Academia, los impresionistas dejan de buscar la representación perfecta del “tema”. En su lugar, intentan capturar la luz, el instante fugaz, la impresión que transmite el modelo. Defienden una visión espontánea y natural del mundo, sin filtros ni jerarquías, con pinceladas fragmentadas, rápidas y visibles, y un uso intensivo del color, donde incluso las sombras son coloreadas, en tonos azulados o violáceos, nunca negras.

Pintan al aire libre y ya no en el estudio. Una revolución posible gracias a la invención de la pintura en tubos, que permitió a los artistas trabajar directamente en contacto con la naturaleza.

El auge cultural del Líbano

A comienzos del siglo XX, el Líbano vivía un auge cultural sin precedentes. Es el momento de la Al Nahda, el renacimiento cultural impactaba casi todos los ámbitos, especialmente la pintura. Artistas pioneros viajan a estudiar en París y Roma, y regresan con técnicas modernas, entre ellas el impresionismo.

Ya no se trata de reproducir la luz gris del cielo parisino, sino la luz desbordante de los paisajes del Monte Líbano. Los impresionistas del Levante deben aprender a dominar una luz intensa y muy blanca, propia de la región, lo que da lugar a un impresionismo más contrastado y vibrante.

El impresionismo libanés no copia el occidental. Lo adapta a una sensibilidad oriental para expresar la nostalgia, la vida rural y la belleza del patrimonio.

El cuarteto de la luz

A inicios del siglo pasado, cuatro pioneros marcaron el desarrollo del impresionismo y de la pintura moderna libanesa: Khalil Saleeby, Omar Onsi, César Gemayel y Mustafa Farroukh.

Khalil Saleeby, figura clave de la pintura libanesa

Es el verdadero precursor de la pintura moderna en el Líbano. Introdujo una aproximación más libre al retrato y al paisaje, y logró captar y transmitir la psicología de sus personajes. Al estilo de los grandes maestros, utilizó la luz y el claroscuro para definir volúmenes, profundidad y dar relieve a sus retratos.

Su trayectoria

Khalil Saleeby nació en Btalloun en 1870. Tras estudiar en el Syrian Protestant College, hoy American University of Beirut, continuó su formación artística en Edimburgo, en Estados Unidos y luego en París. Allí conoció a grandes figuras, entre ellas el pintor estadounidense John Singer Sargent, quien influyó profundamente en su enfoque del retrato.

A su regreso al Líbano en 1900, abrió su propio taller en Beirut, frente a la AUB. Se convirtió en mentor de futuros referentes de la pintura moderna libanesa, como César Gemayel y Omar Onsi.

Su vida tuvo un final trágico en 1928, cuando fue asesinado junto a su esposa estadounidense, Carrie, en su pueblo natal, tras un conflicto vecinal relacionado con los derechos de agua.

Su obra

Saleeby transformó el arte en el Líbano, llevándolo de una práctica artesanal o religiosa a una disciplina intelectual y moderna. Su estilo evolucionó del realismo académico a un impresionismo vibrante, con una paleta rica, dominada por juegos de luz, tonos rosados y azules opalescentes.

Aunque pintó paisajes y escenas rurales, es especialmente reconocido por sus retratos y desnudos. Fue uno de los primeros artistas del mundo árabe en abordar el desnudo desde una perspectiva académica, rompiendo los numerosos tabúes sociales de su época.

Su colección personal, preservada por su familia, se conserva hoy en la AUB Art Gallery de Beirut y constituye un verdadero tesoro nacional.

Una obra emblemática: el autorretrato inacabado

Saleeby realizó varios autorretratos a lo largo de su carrera, en los que se representó con una mirada intensa y orgullosa, utilizando la luz y pinceladas amplias. Estas obras reflejan su capacidad para captar no solo el parecido físico, sino también la dimensión psicológica del sujeto.

Entre sus piezas más conmovedoras destaca su autorretrato inacabado de 1928. La obra quedó en el caballete en el momento de su asesinato. Resume el estilo de sus últimos años: pincelada libre y enérgica, una mirada profunda que captura su propia psicología y un dominio de la luz que sigue siendo impactante, pese al carácter inconcluso del cuadro.

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