

Figura institucional y pintor importante, César Gemayel se impone como uno de los pilares de la pintura moderna en el Líbano. Su trayectoria está marcada por el paso del academicismo fijo y rígido a una expresión más carnal y oriental.
Permitió pasar de un arte puramente religioso o documental a un arte de expresión personal, transformando el arte tradicional libanés en un lenguaje moderno, nutrido de influencias impresionistas y parisinas.
El hombre
César Gemayel nació el 9 de febrero de 1898 en Aïn el-Touffaha, un pequeño pueblo del Monte Líbano cerca de Bikfaya (entonces bajo dominio del Imperio Otomano), en una familia de notables.
Comenzó sus estudios religiosos en el seminario de Kornet Chehwane, que abandonó a la muerte de su padre para orientarse hacia los estudios de farmacología en la AUB.
Los primeros pasos del artista
Su destino da un vuelco el día en que su camino se cruza con el del pintor Khalil Saleeby, gran maestro de la pintura libanesa. Seducido por sus dibujos, Saleeby lo toma como aprendiz en su taller, donde Gemayel adquiere una rigor técnico excepcional.
Entonces renuncia a la farmacia para dedicarse a la pintura. En 1927, se traslada a París, donde frecuenta la Académie Julian y la École des Beaux-Arts, dos instituciones por las que pasaron pintores célebres como Matisse, Bonnard e incluso Gibran Khalil Gibran.
Pasó allí tres años estudiando de cerca la pintura parisina de los años 1920-1930, como el impresionismo, el postimpresionismo y el fauvismo, con una marcada preferencia por el fauvismo y el impresionismo. Desarrolló una gran admiración por Renoir.
Este período sería crucial en su trayectoria, todas estas influencias contribuyendo a liberar su paleta.
La madurez
En 1930, regresa a Beirut. Al año siguiente, es galardonado con el primer premio de la Exposición Colonial Internacional de París y recibe la Orden Nacional del Cedro. Con estas distinciones, decide dedicarse exclusivamente a su arte.
Durante este período, el arte experimenta un gran auge en el Líbano, gracias a mecenas como Alfred Sursock, Omar Daouk, Henri Pharaon o Camille Eddé.
Hasta su muerte por un ataque cardíaco en Beirut en 1958, César Gemayel pinta, enseña y participa activamente en la vida artística libanesa. En 1943, cofundó el departamento de arte y arquitectura de la Academia Libanesa de Bellas Artes (ALBA), donde enseñó, desempeñando así un papel cultural importante en la independencia intelectual del país y contribuyendo a estructurar la enseñanza artística en el Líbano.
El pintor del cuerpo y de la tierra
Hedonista del color, Gemayel logra, tanto en sus retratos como en sus paisajes, captar la identidad libanesa sin caer en el folclore. Su pintura se caracteriza por un trazo vigoroso, empastado de capas de pintura sucesivas. A través de sus obras, privilegia la emoción visual en detrimento del detalle fotográfico.
Si Omar Onsi fue el maestro de la luz y la transparencia, César Gemayel se impone como el maestro del desnudo. Es sin duda el aspecto más audaz de su obra. En una sociedad todavía muy conservadora, impone el desnudo académico. Sus modelos son pintados con una sensualidad generosa, casi escultórica.
En cuanto a la luz y los paisajes libaneses, a diferencia de los pintores orientalistas que reducían Oriente a un decorado exótico, Gemayel los pinta con sus entrañas, con una sinceridad y una «carne» casi palpables.
Sus luchas
A lo largo de su vida, Gemayel se enfrenta al conflicto entre tradición y modernidad. En algunas exposiciones, sus desnudos provocan acalorados debates. Sin embargo, su dominio técnico era tal que acabó imponiendo respeto, tanto a las élites como al clero, abriendo el camino a una mayor libertad artística para las generaciones siguientes. Introduce así el desnudo y el realismo carnal en Oriente Medio, ejerciendo una influencia importante en artistas libaneses como Shafic Abboud o Paul Guiragossian.
En 1988, con motivo del centenario de su nacimiento, el Líbano le rindió un homenaje nacional, prueba de que sigue siendo la referencia absoluta de la estética libanesa del siglo XX.
Hoy en día, sus obras se pueden admirar en prestigiosos museos como el Museo Sursock, el Mathaf en Doha o la Dalloul Art Foundation.
Una obra icónica: «Desnudo en reposo»
El desnudo es un tema recurrente y emblemático en Gemayel, ya sea en sus óleos sobre lienzo o en sus bocetos al carboncillo. En él, el desnudo está vivo y su paleta es vibrante. Privilegia las carnaciones cálidas y no duda en introducir sombras sutilmente coloreadas. Bajo su toque libre, la piel tiembla y respira.
La tela «Desnudo en reposo» ilustra perfectamente su vanguardismo y su virtuosismo técnico. Al disimular el rostro de su modelo, el pintor concentra toda la atención en el juego de luces sobre la piel. Sus pinceladas, fluidas y liberadas, captan la curvatura de la espalda y la columna vertebral, en la más pura tradición del impresionismo francés y de pintores como Renoir.
En Gemayel, el voyeurismo se vuelve suave y poético, sin ser nunca chocante. La postura lánguida del modelo desprende una gran sensualidad al tiempo que conserva una cierta modestia. La anatomía es sublimada, las líneas estiradas y suavizadas privilegiando la armonía general de la composición.
Más allá de la técnica, en 1930 y 1940, exponer el cuerpo desnudo de una mujer, incluso de espaldas, era una verdadera revolución. Con sus cuadros, Gemayel rompe frontalmente los tabúes de la sociedad de la época e impone la libertad de expresión artística, elevando la escena artística libanesa al nivel de las escenas vanguardistas occidentales.
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