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Análisis

Las disensiones iraníes inhiben el diálogo con los EE. UU.

Las conversaciones de Doha desembocan en el desbloqueo de $3000 millones

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El presidente estadounidense Donald Trump se dirige a la prensa antes de abordar el flamante Air Force One para su primer vuelo a bordo del enorme Boeing 747-8 que Catar donó a los Estados Unidos, el 1 de julio de 2026. (AFP)
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Por Michel Touma
Publicado jul 2, 2026 - 00:29

A medida que van perfilándose, de forma gradual y cautelosa, los contornos —y quizás también los silencios— del acuerdo marco alcanzado entre Washington y la República Islámica de Irán, emergen de manera cada vez más explícita dos parámetros fundamentales que podrían calificarse de «periféricos» al proceso político global en curso: por un lado, las disensiones internas iraníes dentro del poder y las grietas que afloran ahora públicamente en la estructura del régimen; y por otro, la construcción progresiva por parte de Estados Unidos, con paciencia y meticulosidad, de lo que parece ser un nuevo orden político-militar-securitario en la región, destinado a recortar las alas al régimen de los mulás y reducir su influencia extraterritorial a su mínima expresión.

El primero de estos dos parámetros complica, e incluso dificulta, lo que algunos denominan, de manera imprecisa, «el diálogo y las negociaciones» entre Washington y la República Islámica.

Varios medios iraníes, así como fuentes fidedignas que siguen de cerca la evolución de la situación interna en Irán, vienen haciéndose eco desde hace varios días de serias fisuras que sacuden el aparato político del régimen de los mulás en sus más altos niveles.

En este sentido, se confirma que el ala radical del poder no ha perdido su influencia preponderante, y así lo demuestra a través de sus virulentas críticas públicas contra el llamado campo «moderado» o pragmático, que logró conseguir el visto bueno al acuerdo marco con Estados Unidos.

La contestación de los radicales se ha traducido en ataques frontales contra el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, cuya entrevista en la televisión estatal iraní fue interrumpida y cortada abruptamente hace unos días antes de que llegara a su fin.

El otro «símbolo» de las negociaciones con Estados Unidos, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, fue abucheado por peregrinos iraníes durante su reciente visita a Karbala, en Irak.

Estos contratiempos llevaron a principios de semana al presidente iraní, Massoud Pezechkian, a denunciar públicamente la campaña contra los negociadores iraníes.

Sin embargo, las críticas no se limitan a la figura de los negociadores, sino que abarcan de manera más amplia y profunda las orientaciones del presidente iraní y los miembros del Consejo Superior de Seguridad Nacional, quienes dieron luz verde al acuerdo marco firmado con Estados Unidos.

Dato significativo: los ataques contra el presidente Pezechkian y los negociadores provienen de instancias radicales de alto rango que representan la columna vertebral del régimen.

El sitio libanés al-Janoubiya, que refleja el punto de vista de la oposición chií libanesa y que generalmente está muy bien informado sobre la situación en Irán, señala que 63 de los 84 miembros del «Consejo de Expertos del régimen» publicaron recientemente un comunicado en el que exigen a los negociadores de la República Islámica que se atengan a las «líneas rojas» definidas por el «walih el-faqih», el Guía Supremo.

Al-Janoubiya indica además que la «dirección de las escuelas religiosas» (las «hawzat»), dependiente del walih el-faqih, publicó también por su parte un comunicado advirtiendo al presidente iraní, a los negociadores y a los miembros del Consejo Superior de Seguridad Nacional contra cualquier «laxismo» en la aplicación de las «líneas rojas» mencionadas en el documento firmado con Washington.

Estas tensiones internas explicarían el hecho de que la delegación iraní presente en Doha, que debía reunirse con los negociadores estadounidenses para conversaciones de carácter técnico, rechazara cualquier negociación directa.

Los delegados iraníes dialogaban así con los mediadores pakistaníes, mientras que los representantes estadounidenses intercambiaban posiciones con los responsables qataríes.

Estas negociaciones indirectas a través de los mediadores paquistaní y catarí desembocaron en la adopción de una medida simbólica: el desbloqueo de 3.000 millones de dólares en activos iraníes congelados, cuando Teherán reclamaba inicialmente el desbloqueo de 12.000 millones, para luego conformarse con exigir los 6.000 millones congelados en Catar, algo que tampoco logró obtener.

Además, los 3.000 millones desbloqueados el miércoles se destinarán a la compra de productos humanitarios, probablemente en el mercado estadounidense…

El nuevo orden estadounidense

El segundo elemento que marca esta agitada partida de ajedrez en la región es el nuevo orden estadounidense —político, militar y de seguridad— que parece ir tomando forma progresivamente en el Levante y, de manera más amplia, en el conjunto de la región.

Las señales de este dispositivo estadounidense se han hecho claramente visibles en los últimos días y semanas.

La sucesión de hechos en este ámbito es especialmente significativa: en vísperas de la firma por parte del Líbano e Israel del acuerdo marco bajo los auspicios de Washington, el Secretario de Estado Marco Rubio se reunía en Baréin con los miembros de la conferencia ministerial del Consejo de Cooperación del Golfo; al término de dicho encuentro, los estados del Golfo y Rubio publicaron un comunicado conjunto en el que respaldaban sin ambigüedades las orientaciones del gobierno libanés en relación con las negociaciones directas con Israel (la Unión Europea también expresó, de forma independiente a las gestiones estadounidenses, su pleno apoyo a la línea de conducta del gobierno libanés).

Con el respaldo de Estados Unidos, la Unión Europea y los países del Golfo, el Líbano firmó así su acuerdo marco con Israel, uno de cuyos principales efectos es mantener a Irán al margen del proceso de salida de la crisis y del fin del estado de guerra en el Líbano, consolidando de este modo la opción soberanista adoptada por Beirut.

La dinámica impulsada por el presidente Joseph Aoun, el primer ministro Nawaf Salam y su gobierno podría implicar una participación militar estadounidense, a través de expertos y oficiales de alto rango, en la ejecución del proceso gradual de despliegue del ejército libanés y de retirada de las fuerzas del Estado hebreo del sur del Líbano.

Hecho significativo: la Cámara de Representantes de Estados Unidos rechazó a principios de semana, con una amplia mayoría, un proyecto de resolución presentado por el Partido Demócrata que imponía al presidente Donald Trump severas restricciones a una posible participación militar estadounidense en el Líbano.

Este papel estadounidense fue además abordado con los dirigentes libaneses durante la visita que el comandante del Centcom, el almirante Brad Cooper, realizó a Beirut a comienzos de semana.

Otros tres desarrollos significativos ilustraron, por su parte, el proceso estadounidense en marcha:

- La oleada de arrestos en Irak de diputados, altos cargos políticos y empresarios cercanos al régimen iraní, así como la decisión adoptada hace 48 horas por el gobierno iraquí de fijar a las milicias pro-iraníes el plazo límite del 30 de septiembre para entregar sus armas al Estado.

- La celebración esta semana en Baréin, por parte del comandante del Centcom, de una reunión regional ampliada de seguridad y defensa con altos responsables militares del Líbano, Siria, Baréin, Arabia Saudí, Egipto, Jordania, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Omán, Catar y Yemen.

- El anuncio hace veinticuatro horas por parte del Departamento del Tesoro estadounidense de la decisión adoptada por los estados miembros del Centro de Lucha contra el Financiamiento del Terrorismo (TFTC) de imponer medidas contra las fuentes de financiación de Hezbolá (entre ellas Qard el-Hassan).

Frente a esta dinámica estadounidense, el régimen iraní intenta aferrarse a dos cartas de triunfo que busca preservar: el mantenimiento de su papel preponderante en el Líbano (seriamente cuestionado por la posición firme del poder libanés al respecto) y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz, haciendo caso omiso de las normativas y del Derecho internacional en este ámbito.

En este sentido, un alto funcionario estadounidense indicó al sitio Axios que los negociadores de EE. UU. comunicaron a los delegados iraníes presentes en Doha que la obstinación de Irán en imponer un derecho de paso a los buques que transitan por el estrecho de Ormuz corre el riesgo de hacer naufragar el acuerdo marco entre Washington y Teherán. Asunto(s), por tanto, que habrá que seguir de cerca…

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