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El Nuevo Mundo

¡El embajador de Irán... ante el «dúo chiita» !

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En señal de solidaridad con el embajador iraní, los ministros del binomio chiita eligieron la política de la silla vacía en el Consejo de Ministros. (Foto Nabil Ismail)
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Por Khairallah Khairallah
Publicado mar 28, 2026 - 16:33

Que el embajador iraní designado ante el Líbano, Mohammad Reza Sheibani, permanezca en su cargo o parta, eso queda al margen de lo esencial. Lo que importa es la carga simbólica que encierran dos posiciones bien distintas, la del Ministerio de Asuntos Exteriores libanés, que declaró al embajador persona non grata, y la del "dúo chiita" en respuesta.

Más allá de las consideraciones nacionales que obligan al Líbano a adoptar una postura valiente frente a un Estado que interfiere sin cesar en sus asuntos internos y lo trata como una mera colonia vasalla, la posición oficial libanesa da testimonio de la profundidad del cambio ocurrido en el propio país, en la región y mucho más allá. Una profundidad que todavía escapa al pensamiento iraní y al de la milicia confesional libanesa a su servicio, el Hezbollah. Nunca debería perderse de vista que Hezbollah no constituye otra cosa que una brigada de los Guardianes de la Revolución iraníes, cuyos miembros son en su gran mayoría de nacionalidad libanesa.

Una pregunta de una simplicidad desconcertante se impone a la "República Islámica" tanto como al Hezbollah, que debería intentar responderla. He aquí la pregunta: si el trastorno provocado por la "guerra de apoyo a Gaza" no hubiera tenido lugar, ¿habría aceptado Irán, a través de Hezbollah, que Joseph Aoun se convirtiera en presidente de la República libanesa?

Los hechos dan la respuesta. El cambio propiciado por los resultados de esa guerra, incluido el asesinato de Hassan Nasrallah y de su sucesor designado Hachem Safieddine, permitió a Joseph Aoun llegar al palacio de Baabda. Sin eso, Hezbollah se habría aferrado a su propio candidato, tal como lo hizo tras el fin del mandato del presidente Michel Sleiman en 2014. El país tuvo entonces que esperar largos meses antes de que todos cedieran ante la voluntad de Nasrallah e Irán y eligieran, a finales de octubre de 2016, a Michel Aoun como presidente, con su yerno Gebran Bassil a su estela.

Nada mide mejor la amplitud del cambio vivido por el Líbano que el reposicionamiento del Ministerio de Asuntos Exteriores. Dirigido ahora por Youssef Rajji, el ministerio ha dejado de funcionar como una dependencia de su homólogo iraní, como fue el caso cuando Gebran Bassil y otras figuras del "dúo chiita" ocupaban la cartera. Estos ejercían, en realidad, como representantes de la "República Islámica" dentro de la Liga de los Estados Árabes. Bassil, yerno de Michel Aoun, no ocultaba su negativa a mostrar solidaridad con las posiciones árabes cuando desempeñaba el cargo de canciller. Ministros árabes no dudaron en calificarlo de canciller de la "República Islámica", que ni siquiera era miembro de la Liga Árabe.

Lo que sigue siendo más desconcertante es la posición adoptada por el movimiento Amal, presidido por el presidente del Parlamento Nabih Berry. ¿Revela acaso que Berry se encuentra en la imposibilidad de liberarse de la órbita iraní y de todo lo que representa, pese a todo lo que Irán ha perpetrado contra el Líbano y los libaneses, incluidos los chiitas, los habitantes del Sur y del Bekaa?

En definitiva, lo que la decisión del Estado libanés de exigir la salida del nuevo embajador iraní, quien había ejercido anteriormente sus funciones en el Líbano, ha puesto de manifiesto con mayor claridad es que la "República Islámica" logró transformar radicalmente la naturaleza misma de la comunidad chiita. Lo consiguió mediante un esfuerzo continuo iniciado en 1982, cuando los primeros contingentes de los Guardianes de la Revolución entraron en territorio libanés con el pretexto de defender el país frente a la invasión israelí.

Conviene retroceder a ese período en que los Guardianes trabajaron para atrincherarse en el cuartel Sheikh Abdallah, una instalación del ejército libanés en Baalbek. El primer gesto de Irán en el Líbano fue, pues, atentar contra el ejército, columna vertebral del Estado. Debe señalarse asimismo que la fundación de Hezbollah fue acompañada de la creación de instituciones educativas destinadas a imponer el currículo iraní en los colegios del partido (las escuelas Al-Mahdi y Al-Moustafa). Más aún, toda una formación fue impuesta a la juventud chiita, asentada en valores ajenos al Líbano. Los "Scouts del Mahdi" dan testimonio elocuente de ello, preparando a los adolescentes chiitas para servir en las filas de una milicia confesional sin ningún vínculo con el Estado libanés ni con la sociedad libanesa.

Desde esta perspectiva, la posición del "dúo chiita" ante la expulsión del embajador iraní se vuelve comprensible. Este embajador estaba acreditado ante el "dúo" antes de estarlo ante el Estado libanés, lo que significa que el "dúo" posee un Estado propio, separado del Estado libanés, sobre el cual Irán y sus intereses ejercen un control absoluto.

Sea como fuere, la posición del Ministerio de Asuntos Exteriores libanés, indisociable de la del gobierno de Nawaf Salam, sigue siendo un paso más en un largo camino que debería conducir al día en que el Estado libanés recupere su plena soberanía de decisión... siempre que el Líbano salga indemne de la "guerra de apoyo a Irán" que se libra en este momento.

El viaje hacia la reconquista de una decisión soberana, libre de la tutela iraní, comenzó con la elección de Joseph Aoun a la presidencia y la formación del gobierno de Nawaf Salam. La expulsión del embajador iraní no representa sino un paso más en ese camino.

Los comportamientos iraníes que traduce el "dúo chiita" delatan una negativa a reconocer que el antes y el después de la "guerra de apoyo a Gaza" constituyen dos realidades sin parangón, y que la influencia de Irán ha retrocedido considerablemente. Beirut ha dejado de ser esa ciudad iraní en el Mediterráneo, esa capital árabe bajo la tutela de Teherán. Se ha liberado de la hegemonía iraní, máxime cuando Irán ha abandonado Siria sin posibilidad de retorno y Siria vuelve a ser un Estado árabe que ya no gobiernan los Guardianes de la Revolución.

En suelo libanés, el "dúo chiita" libra hoy una guerra perdida de antemano. Su suerte en ella no será mejor que en la "guerra de apoyo a Gaza". Tarde o temprano, a la "República Islámica" no le quedará otra salida que la capitulación. El control sobre las decisiones de guerra y paz en el Líbano no la salvará de ese destino. Tampoco la huida hacia adelante mediante agresiones contra los países del Golfo árabe, ni el mantenimiento de su embajador en el Líbano en calidad de enviado acreditado ante el "dúo chiita" en lugar de ante la República libanesa...

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