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Política

Conferencia internacional de apoyo al ejército libanés: múltiples desafíos (1/3)

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Por Nayla Assaf
Publicado feb 8, 2026 - 22:22

A medida que se acerca la fecha de la conferencia internacional de apoyo al ejército libanés, prevista para marzo de 2026 en París, el Líbano se encuentra en un momento crítico. Esta reunión, destinada a movilizar a la comunidad internacional en favor de las fuerzas regulares, se produce en un contexto político y regional extremadamente complejo. Cada decisión o falta de decisión del Estado libanés con respecto al monopolio de las armas, en particular, tendrá un impacto directo en la eficacia de la ayuda internacional a las tropas y, más ampliamente, en el futuro mismo del ejército y de la soberanía nacional.

La fecha elegida, el 5 de marzo de 2026, sigue siendo condicional. Según el general Maroun Hitti, la conferencia podría aplazarse si el Líbano no da un paso crucial antes de esa fecha. Este paso consiste en una decisión política unánime dentro del gobierno libanés, incluyendo a los ministros de Hezbolá y Nabih Berri, para que el Estado retome el control del asunto de las armas y que Hezbolá se someta a su autoridad, o bien en un evento regional importante. Este podría ser un cataclismo o un conflicto armado que obligara a Irán a cumplir con las exigencias de la comunidad internacional, modificando así el equilibrio de poder en la región.

La conferencia de París no se limita, por tanto, a una simple cita técnica o diplomática. Está íntimamente ligada a los equilibrios geopolíticos regionales y a la agenda estratégica de las potencias exteriores.

El DDR como objetivo central

Para el general Hitti, los objetivos estratégicos de la conferencia son claros: discutir un control de fronteras, que es un tema menos contencioso, y avanzar sobre todo en el DDR (Desarme, Desmovilización y Reintegración de Hezbolá). No se trata simplemente de una iniciativa militar sino de un desafío político y social importante: ¿Cómo reintegrar un partido ideológico como Hezbolá en la sociedad libanesa para que deje de estar alineado con intereses extranjeros y se convierta en un actor plenamente nacional?

El general Hitti subraya que el objetivo no es ayudar al ejército a hacer la guerra a Israel ni transformar el Líbano en un teatro de confrontación, sino reedificar el Estado libanés, afirmar su soberanía e integrar a todos los actores en un marco nacional legítimo.

Derrota previa

Insiste en un punto fundamental: una reintegración solo puede realizarse después de una derrota tangible e incontestable. Como explica, al igual que sucedió con los nazis en Alemania después de 1945, ninguna organización ideológica armada puede ser reintegrada en una sociedad hasta que haya aceptado su derrota.

El general Hitti también precisa que hay que distinguir entre el discurso oficial vanidoso de Hezbolá y la realidad sobre el terreno. Según él, Hezbolá está en apuros aunque esto no aparezca en su comunicación pública. Esta dimensión muestra también que la conferencia de París no es una cita destinada a la distribución de recursos o la planificación de la ayuda al ejército, sino una etapa estratégica destinada a crear las condiciones políticas y sociales necesarias para un realineamiento nacional.

El factor humano: un soldado mal pagado

El ejército libanés desempeña un papel fundamental en este contexto, de ahí la atención prestada a su desarrollo.

En el centro de cualquier discusión sobre las fuerzas regulares, el general Hitti sitúa al hombre sobre el terreno. Los soldados libaneses, a menudo mal remunerados, constituyen sin embargo el verdadero pilar de cualquier operación prevista.

Insiste en la frustración salarial de estos últimos y considera absurdo pedir a un hombre o una mujer mal pagados que realicen tareas que no les permiten permanecer activos y mantener a sus familias.

Para el general Hitti, el factor humano debe preceder a cualquier reflexión sobre el material o las capacidades técnicas y militares, en la medida en que, según él, un soldado desmotivado o ausente debilita el conjunto de la institución. El desafío es, por tanto, doble. Se trata de garantizar un ingreso decente a los militares y un apoyo estructural a las tropas.

Según el general Hitti, la primera pregunta candente que deberían hacerse los países donantes es si no es prioritario empezar por asegurar al soldado libanés un salario que le permita dejar a su familia, con la tranquilidad de haberles provisto los medios para vivir honorablemente. ¿O es posible que pase más tiempo en casa, en detrimento de su presencia en el trabajo y con el riesgo de una caída en el grado de preparación operativa, y que los jefes sobre el terreno sigan esforzándose por paliar una perpetua y cruel necesidad de hombres que les falta?

Ayuda internacional: ¿estabilización o verdadero fortalecimiento?

Desde hace años, el ejército se beneficia de diversas ayudas internacionales: formaciones, equipos, apoyo logístico, e incluso asistencia salarial indirecta, especialmente de Francia, Estados Unidos, el Reino Unido y otros socios, tras los planes de desarrollo de capacidades elaborados por la Tropa.

Sin embargo, a pesar de estos apoyos, el equilibrio de fuerzas entre el ejército y Hezbolá sigue siendo incierto. El general Hitti explica que el ejército libanés es multiconfesional y refleja la diversidad de una sociedad liberal, mientras que Hezbolá es monoconfesional, ideológicamente adoctrinado y beneficia de una fuerte cohesión interna y de una doctrina extralibanesa.

Sin embargo, lo que puede considerarse una aparente debilidad del ejército puede transformarse en una fuerza potencialmente considerable a condición de que el Estado afirme su autoridad y tome por unanimidad sus decisiones, que se beneficiarán del apoyo del Parlamento. Según el general Hitti, la ayuda internacional seguirá siendo estéril estratégicamente en este contexto mientras no se resuelva la cuestión del monopolio de la fuerza y la autoridad del Estado. Los medios proporcionados siguen siendo útiles y sirven a las misiones operacionales, pero solo serán eficaces si el Estado asume sus responsabilidades otorgando un mandato claro al ejército.

¿Simbolismo o acciones concretas?

El general Hitti subraya que las conferencias internacionales anteriores en favor del ejército, iniciadas por París y Roma y aprobadas por Washington, fueron realmente eficaces táctica y operacionalmente, a la espera de que el Estado libanés retome las decisiones estratégicas y políticas.

La conferencia de marzo de 2026 podría reproducir este mismo esquema si no influye en los bloqueos políticos internos. Los donantes aportan medios y recursos, el Estado libanés sigue dudando y siendo ambiguo en sus directrices, y los ciudadanos y soldados, escépticos, seguirán dudando de la eficacia real de cualquier conferencia.

El general Hitti añade que ninguna ayuda internacional, por generosa que sea, puede reemplazar el coraje político. Sin un mandato claro, dice, y sin una visión nacional (una política nacional de seguridad y defensa), las fuerzas regulares permanecen expuestas y la soberanía del Estado libanés seguirá siendo un eslogan vacío de sustancia.

El general Hitti también insiste en la necesidad de una apropiación política clara de las misiones del ejército. El Estado, señala, debe asumir sus decisiones, incluso frente a las presiones internas y los riesgos que plantea Hezbolá. Esta condición es indispensable para transformar los anuncios de apoyo en resultados concretos y medibles y evitar que la conferencia de marzo de 2026 se convierta en otro ritual diplomático.

Un punto de inflexión

La conferencia de París aparece más que nunca como un verdadero punto de inflexión potencial para un Líbano que se enfrenta a desafíos políticos, sociales y estratégicos.

Su éxito dependerá menos de los medios materiales prometidos por la comunidad internacional que de la capacidad del Estado libanés para afirmar su autoridad, para exigir una rendición de los actores armados sometidos ideológicamente a una potencia externa, para unir sus instancias políticas en torno a un mismo objetivo y para clarificar el papel del ejército en el territorio nacional, dotándolo de los medios para asumirlo.

Sin reformas estructurales y sin reconocimiento del valor de quienes sirven en el terreno, incluso la conferencia mejor organizada corre el riesgo de seguir siendo simbólica.

En definitiva, la conferencia de París será una prueba de madurez política e institucional para el Estado libanés. Medirá la capacidad del gobierno para traducir sus compromisos internacionales en acciones concretas sobre el terreno, para estabilizar sus fuerzas armadas y para consolidar su soberanía.



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