


Aunque Rusia y China se encuentran entre los principales socios estratégicos de Irán, su apoyo a la República Islámica, debilitada por las protestas internas y bajo la amenaza de Donald Trump, seguiría siendo limitado en caso de un ataque estadounidense. Según varios expertos, ni Moscú ni Pekín están dispuestos a enfrentarse a Washington en el ámbito militar.
Sin embargo, Irán ocupa un lugar considerable en los cálculos geopolíticos de ambas potencias. Teherán contribuye al esfuerzo de guerra ruso en Ucrania suministrando los famosos drones tipo «Shahed» que han servido en gran medida a las tropas de Moscú. Irán también acudió al rescate de Putin reexportando misiles balísticos tipo Scud adquiridos en el pasado por la República Islámica, que ha producido una versión modernizada.
Irán es también un actor clave en las exportaciones de petróleo a China y miembro del grupo BRICS. Sometido a un estricto embargo internacional debido a su programa nuclear, Teherán logra sortear las sanciones vendiendo parte de su crudo al mercado chino. De esta manera, el régimen de los mulás asegura una valiosa entrada de divisas para mantener una economía exhausta. Pero esta cooperación no constituye una alianza estratégica vinculante.
«A pesar de los esfuerzos de Teherán durante décadas, no han logrado crear una alianza con Pekín y Moscú», subraya Ellie Geranmayeh, especialista en Irán del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). Recuerda que durante la guerra de los 12 días en junio, «China y Rusia no quisieron oponerse frontalmente a Estados Unidos».
En caso de una intervención estadounidense, «ambos países darán prioridad a su relación bilateral con Washington», estima ella. «China está en un proceso de acercamiento muy delicado con Washington, y los rusos evidentemente quieren tener a Trump de su lado en Ucrania: cada uno tiene prioridades mucho más importantes que Irán».
Por el lado ruso, la asociación con Teherán no prevé un compromiso militar directo. «Rusia e Irán son aliados, pero los acuerdos se refieren a un apoyo político, diplomático y económico, sin un componente de apoyo militar», precisa el analista Sergei Markov. Para él, «la crisis ucraniana es existencial para Moscú y mucho más importante que la crisis iraní».
Alexander Gabuev, investigador del Carnegie Endowment for International Peace, confirma que si bien «Irán es importante» para Moscú, y que Rusia hará «todo lo que pueda para mantener a flote al régimen», sus márgenes de maniobra siguen siendo muy restringidos. «Rusia no puede convertirse en un mercado gigante para Irán (en plena crisis económica) y no puede conceder un préstamo gigante», señala, añadiendo que la ayuda militar seguiría condicionada por las necesidades rusas en Ucrania.
Mismo veredicto de Nikita Smagin, especialista en relaciones ruso-iraníes: en caso de ataques estadounidenses, Moscú «casi no podría hacer nada». «No quieren arriesgar una confrontación militar con una gran potencia», explica a la AFP, mencionando a lo sumo la posibilidad de «enviar armas». Precisa que esta contención no está únicamente ligada a las discusiones sobre Ucrania, aunque «utilizar a Irán como objeto de negociación sería completamente normal para Rusia, ya lo ha hecho en el pasado».
Para Pekín, cuyas relaciones con Washington estructuran el equilibrio mundial, el apoyo a Irán seguiría siendo esencialmente indirecto. Es concebible una asistencia «en los planos económico, tecnológico, militar y político» ante presiones no armadas, como sanciones comerciales o ciberataques, explica Hua Po, analista chino independiente. En cambio, en caso de ataques, «condenaría a Estados Unidos en el plano diplomático» y reforzaría sus lazos económicos y militares con Teherán «con el fin de contribuir a empantanar a Estados Unidos en una guerra en Oriente Medio».
Por ahora, Pekín muestra cautela. «Los chinos se muestran prudentes como siempre y se expresan con contención», observa Théo Nencini, especialista en la relación Irán-China en Sciences Po Grenoble, recordando «dos desafíos para China: el petróleo y la estabilidad de la región».
«China se beneficia de un Irán en situación de debilidad, lo que le permite garantizar petróleo a bajo costo, representando del 10% al 13% de sus suministros, y tener a un socio geopolítico de gran tamaño a un precio no muy alto», analiza. Al igual que Hua Po, no anticipa una reacción escalatoria en caso de ataques estadounidenses: «Lo condenarán diplomáticamente, pero probablemente no tomarán medidas de retorsión. No lo han hecho en muchos puntos en el pasado, me cuesta verlos iniciar un pulso con los estadounidenses por Irán».
Finalmente, «la actual crisis iraní tendrá un impacto muy limitado en las relaciones sino-estadounidenses», concluye Hua Po, estimando que «la cuestión iraní no está en el centro de las relaciones entre los dos países. Ninguno de los dos romperá sus relaciones con el otro a causa de Irán».