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En Siria, el Estado se reconstruye; en Líbano, se hunde en el pantano

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Tomada desde la ciudad de Tiro, en el sur del Líbano, esta foto muestra el humo que se eleva desde el lugar donde una serie de ataques aéreos israelíes impactaron la región de Al-Mansouri, el 25 de agosto de 2026. (AFP)
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Por LevantTime .
Publicado ago 26, 2026 - 23:50

En Damasco, la disolución de las Fuerzas Democráticas Sirias, anunciada el martes por la noche por el líder de este grupo de mayoría kurda, y la integración de sus combatientes en el ejército sirio sigue siendo un acontecimiento de primer orden por su enorme carga simbólica.

Refleja la determinación del presidente Ahmad al-Sharaa de reconstruir un Estado capaz de acoger bajo su ala a todas las comunidades y etnias sirias, algunas de las cuales, como los kurdos, habían llegado a desarrollar sus propias instituciones.

Así lo destacó también la presidencia turca el miércoles, al afirmar que «en esta etapa, la disolución de las FDS representa un paso importante para la estabilidad de Siria».

El vecino libanés, por su parte, sigue debatiéndose entre sus propias contradicciones. Por un lado, el discurso oficial refleja, guardadas las proporciones, lo que Ahmad al-Sharaa está haciendo en su país.

Por otro, la realidad sobre el terreno sigue imponiéndose con fuerza y erigirse en obstáculo para cualquier avance del Líbano hacia un Estado en el verdadero sentido de la palabra.

A fuerza de querer tener en cuenta esa realidad —que puede resumirse en la influencia del tándem Amal-Hezbolá, hostil a cualquier modificación de un statu quo destructivo que se prolonga desde hace décadas— y de apostar por el factor tiempo, el Líbano oficial pierde una oportunidad tras otra.

La cuestión del desarme de Hezbolá sigue siendo uno de los principales obstáculos para la reconstrucción del Estado. El presidente Joseph Aoun continúa defendiendo las negociaciones directas con Israel como el único medio, dijo el miércoles, para evitar una nueva guerra con Israel, permitir que el ejército recupere el control del territorio, liberar a los prisioneros libaneses en manos de Israel y reconstruir el Líbano Sur.

El miércoles reconoció que estas conversaciones tropiezan con obstáculos, aunque sin profundizar en la cuestión.

Fue el embajador de Estados Unidos en Beirut, Michel Issa, quien se mostró más explícito. Al término de un encuentro con el mufti de la República, Abdel Latif Deriane, el diplomático afirmó sin rodeos que ningún acuerdo capaz de poner fin a los enfrentamientos podía alcanzarse mientras Hezbolá no entregara sus armas.

Michel Issa se preguntó entonces «por qué hay que pedirle a Israel que lo haga todo cuando Hezbolá no hace nada», sorprendiéndose de que el Estado libanés multiplique sus exigencias frente a Israel pero se abstenga de pedir a Hezbolá que entregue sus armas.

Este es el principal obstáculo para la reanudación de las negociaciones bilaterales, cuya octava ronda está prevista para principios de septiembre. Una fecha que debía confirmarse y que aún no lo ha sido. El embajador estadounidense se mostró vago al respecto, limitándose a precisar que las discusiones técnicas tienen lugar en cuanto surge algún problema. Señaló además retrasos en la aplicación de lo acordado durante las sesiones anteriores de negociaciones diplomático-militares.

Mientras tanto, el ejército libanés continúa incautando armas, probablemente destinadas a Hezbolá, en la frontera libano-siria, y el ejército israelí prosigue sus operaciones de destrucción en el Líbano Sur. El miércoles anunció en su cuenta de X haber destruido más de 400 infraestructuras «terroristas» en las últimas semanas y requisado un importante arsenal de armas y equipamiento militar.

Amenazas militares y presiones económicas

En el frente entre Estados Unidos e Irán, el pulso continúa a base de intercambios de amenazas y presiones económicas. Estas últimas comienzan a surtir efecto, como lo evidencian la caída sostenida del rial iraní y las largas colas que se forman en todas las ciudades iraníes frente a las gasolineras.

Las autoridades iraníes insisten, no obstante, en que están perfectamente preparadas para hacerles frente, a pesar de las dificultades económicas reconocidas por el presidente Massoud Pezeshkian.

Teherán afirma haber reconstruido sus capacidades militares tras el conflicto, «gracias a la llegada de nuevos sistemas procedentes de la industria de defensa, del ejército, y algunos también fueron importados del extranjero», según el portavoz de sus fuerzas armadas, Mohammad Akraminia. Asimismo, se habrían reconstruido cuatro centrales eléctricas.

En el plano económico, el presidente Pezeshkian sigue abogando por «el diálogo y la negociación», al tiempo que asegura que Washington no obtendrá «nada» a través de las nuevas e inéditas presiones económicas.

Estados Unidos, por su parte, parece querer mantener el inédito día D económico hasta después de las elecciones de mitad de mandato, previstas para principios de noviembre, según altos funcionarios estadounidenses citados por la AFP, que recoge el canal israelí 12.

Según ese mismo canal, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, habría expuesto dos objetivos en los que Estados Unidos tiene previsto concentrarse en los próximos meses: aumentar la presión económica sobre Irán y normalizar la situación en el estrecho de Ormuz, con el fin de restablecer el tráfico petrolero por esta estratégica vía marítima.

Al respecto, el presidente Donald Trump, quien reafirmó el miércoles que el líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, no ha muerto sino que está «gravemente herido», aseguró que «todas las minas habían sido retiradas y/o destruidas en las aguas internacionales de Ormuz».

En su red social Truth Social, también señaló que ese estrecho «estaba bajo control estadounidense» —algo que Teherán ha desmentido— y amenazó a Omán con bombardeos si el sultanato se ponía «en medio» del camino de Estados Unidos en Ormuz, el único instrumento de presión de Teherán por el momento.

El miércoles, los Guardianes de la Revolución Islámica anunciaron «ciertos acuerdos» con Omán sobre la gestión del estrecho, «relativos a la parte que corresponde a cada país en las aguas del estrecho y a la participación de Irán y Omán en sus ingresos», según su portavoz, Hossein Mohebi.

El director de la CIA en Moscú

También en el centro de la actualidad de este miércoles, una inusual visita del jefe de la CIA el martes a Moscú. Donald Trump, sin embargo, le restó importancia y la calificó de «semirrutinaria».

Aseguró, durante una entrevista, que el desplazamiento no guardaba relación ni con Irán ni con las amenazas rusas contra la OTAN. Según el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, se enmarca en el contexto de «intercambios entre servicios de inteligencia».

No obstante, el presidente ruso, Vladímir Putin, tiene previsto reunirse la próxima semana con su homólogo iraní, al margen de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Biskek, Kirguistán.

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